28 de septiembre de 2006

El biombo de Geovanny


Hace año y medio se filtraron las actas de entrevista de Sócrates Tiniacos, Julio Farías y Lourdes Suárez Anderson. Tiniacos fue uno de los mejores amigos de Danilo Anderson en la Universidad Central de Venezuela, donde ambos estudiaron derecho en los años noventa. Farías es el hermano de quien fuera compañera del fiscal, Elianitxa, y Suárez Anderson la única hermana de Danilo por parte de padre y madre.
Estos testigos fueron interrogados por una comisión de la policía científica. Al leer las respuestas de las interrogantes quedaba claro que en torno al fiscal asesinado operaba un grupo de personas que extorsionaba a los firmantes del decreto, leído por Pedro Carmona Estanga, que suprimió los poderes el 12 de abril de 2002. Pero los fiscales que investigaron el caso desecharon una evidencia que podría haberles conducido hasta la puerta de la casa de los autores intelectuales.
Tiniacos declaró dos veces durante la primera quincena de diciembre de 2004. Aunque el grueso del relato se repetía en una y otra acta también se agregaban u omitían datos que permitían comprender las circunstancias del atentado. La memoria de los testigos suele ser arbitraria, pero es la segunda vez que algo similar ocurre en este caso. La diferencia es que todas las versiones que apuntalaban la existencia de una red de extorsión no se incluyeron en el expediente que condenó a Juan Bautista, Otoniel y Rolando Guevara.
Seis versiones de un acta ponen de manifiesto las omisiones del testigo estrella, aunque la fiscalía parece no haber reparado en ese detalle. Pero también dan cuenta del comportamiento de los investigadores del caso. Los fiscales desecharon pruebas que abogados y policías consideran vitales para esclarecer el homicidio, pero tallaron con paciencia de ebanista todos los detalles de la versión de Vásquez de Armas.
Ahora que se conocen los ensayos que hizo la fiscalía con el testigo vale la pena hacerse varias preguntas. ¿Por qué entrevistaron tantas veces a la misma persona? ¿Cuál es el criterio jurídico que soporta la retahíla de interrogatorios? ¿Será que Vásquez de Armas sacó de un biombo el nombre de las personas que debía mencionar en su comparecencia? ¿Dónde finaliza la verdad y comienza la mentira de la investigación?

26 de septiembre de 2006

El otro testigo clave del caso Anderson

He seguido con interés el desarrollo de las investigaciones del homicidio de Danilo Anderson. El pasado domingo, el periodista Gerardo Reyes publicó una larga entrevista con Rafael García, ex jefe de Informática del DAS de Colombia, que reproduce parte de la rogatoria solicitada por los fiscales venezolanos que investigan la identidad de los autores intelectuales.
De ese testimonio queda una cosa clara: la Disip participó en la operación que acabó con la vida del fiscal. La Fiscalía General de la República no ha querido investigar por qué los funcionarios ordenaron el cierre de los locales adyacentes al lugar donde explotó la camioneta. Nadie sabe qué tan comprometida está la policía política en este asunto. Les invito a que lean la entrevista de Reyes porque no tiene desperdicio.
Inédita clave en conexión colombiana
GERARDO REYES
El Nuevo Herald
Un senador colombiano y una alta funcionaria de Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) de Colombia, podrían ser piezas claves en el esclarecimiento de un plan para desestabilizar el gobierno de Venezuela desde ese país, según lo declaró a El Nuevo Herald Rafael García, ex funcionario del DAS.
García, quien desató en abril pasado un escándalo en Colombia al denunciar la infiltración del paramilitarismo en el gobierno, entregó los nombres del senador, la funcionaria y otras informaciones a las autoridades venezolanas en octubre del año pasado.
El jueves, el fiscal general de Venezuela, Isaías Rodríguez, anunció que el testimonio de García será ''determinante'' para el fallo sobre el asesinato del fiscal venezolano Danilo Anderson.
En varias entrevistas realizadas en los dos últimos meses, García compartió con El Nuevo Herald parte del testimonio, hasta ahora inédito, que entregó a las autoridades venezolanas acerca de la supuesta participación de funcionarios del DAS, en complicidad con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), en una operación de desestabilización del gobierno del presidente Hugo Chávez.
La más sorprendente novedad de su declaración es que en la supuesta operación habrían jugado un papel muy importante un senador de Colombia, a quien se negó a identificar, y Luz Marina Rodríguez, actual directora general operativa del DAS, la segunda posición más importante de ese organismo adscrito a la Presidencia de la República.
La operación abarcaba, según García, el envío de armas y explosivos y atentados contra Chávez, el fiscal Rodríguez y el entonces ministro del Interior Jessi Chacón.
''Definitivamente, a ese señor lo van a tener que llevar al siquiatra'', afirmó Luz Marina a El Nuevo Herald, al enterarse del señalamiento de García. ''Es calumnioso. Es infame. Miren mi hoja de vida y, como le digo, yo no acepto de nadie una sugerencia. Soy la más respetuosa de las relaciones internacionales y además soy una admiradora de Chávez'', agregó la funcionaria, quien trabaja desde hace más de 30 años en la institución.
Luz Marina no ha sido acusada ni investigada por este tema. Fue directora de la seccional del DAS en la Guajira, un departamento al norte de Colombia, de octubre del 2002 a junio del 2003. Según García, desde la frontera de ese departamento se despacharon armas y explosivos para la operación en Venezuela.
Los hechos denunciados habrían ocurrido durante la administración del DAS de Jorge Noguera, de agosto del 2002 a octubre del 2005.
García, quien era jefe de sistemas del DAS, afronta cargos de corrupción en los que se le acusa de borrar antecedentes criminales de narcotraficantes. El ex funcionario se encuentra privado de libertad en la cárcel La Picota de Bogotá desde el 27 de enero del 2005.
La contundencia de García como testigo tiene luces y sombras. Por un lado, al ex funcionario lo favorece que los indicios de las graves denuncias que hizo en abril en relación con la alianza entre el DAS y Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, uno de los jefes de las AUC, para eliminar líderes de izquierda, salieron de nuevo a flote hace dos semanas en el marco de investigaciones de la Fiscalía General de Colombia.
Es el caso de un computador portátil que perteneció a Tovar y en el que la Fiscalía halló las descripciones macabras, según la revista Semana, de los asesinatos de líderes sindicales, activistas y profesores de izquierda, algunos de los cuales García había mencionado en sus declaraciones iniciales.
También fueron corroboradas con fuentes independientes sus denuncias sobre un masivo fraude electoral para las elecciones del Congreso en marzo del 2002, en una región al norte de Colombia.
En contra de la solidez del testimonio de García obra el hecho de que el ex funcionario reconoce que el asesinato de Anderson no estaba en los planes originales de conspiración que él conocía. El homicidio, ocurrido en noviembre del 2004, cuando el automóvil de Anderson explotó en Caracas, fue ''una sorpresa'' para él, según lo explicó a El Nuevo Herald.
Cuando se le pregunta qué validez tiene un testigo clave de un hecho del cual se enteró por sorpresa, García responde que, a raíz del atentando, el senador le explicó cómo se llevó a cabo y quiénes participaron.
En caso de declarar en el juicio, como lo plantea el fiscal venezolano, ya sea personalmente o a través de teleconferencia, García tendrá además que explicar a los abogados de la defensa las ofertas que le hizo la fiscalía de Venezuela a cambio de su testimonio.
La esposa de García le comentó a El Nuevo Herald en Bogotá que las autoridades venezolanas le ofrecieron a la pareja asilo político y la posibilidad de vivir en una ciudad de Europa con el soporte económico del gobierno venezolano.
García aseguró que brindó su testimonio sólo a cambio de protección de las autoridades venezolanas por los continuos riesgos que corre su vida en la cárcel.
El testimonio fue enviado a través de un intermediario al gobierno de Venezuela en cuatro páginas escritas por ambas caras, explicó García.
Como supuestos cómplices de la operación en Venezuela, García ya ha hecho públicos los nombres del general venezolano retirado Eugenio Añez Núñez, de un militar de apellido Colmenares y de la periodista Patricia Poleo. Sin embargo, tales nombres los conoció García, según la entrevista que a continuación publica El Nuevo Herald, a raíz de que otros involucrados se los mencionaron, entre ellos el senador.
Los señalados por García han calificado de ''falsas'' y ''absurdas'' sus afirmaciones.
En ningún momento, según lo admite, García fue testigo directo de los supuestos contactos y acciones de quienes señala como sospechosos.
Durante la primera entrevista concedida en abril a El Nuevo Herald y la revista Semana, García, de 42 años, aseguró que Noguera, entonces director del DAS, puso ese organismo a órdenes del paramilitarismo.
En entrevistas posteriores García admitió haber sido el enlace entre Noguera, su jefe y amigo, y Tovar, el comandante del Bloque Norte de las AUC.
Noguera se vio forzado a dejar la dirección del DAS a raíz de la investigación que comprometió a García como jefe de sistemas del organismo.
El presidente Alvaro Uribe nombró a Noguera como cónsul en Milán, cargo al cual debió renunciar por la arremetida de las denuncias de García.
¿Cuándo es la primera vez que escucha de los planes para enviar armas o participar en un plan conspirativo con el respaldo del DAS?
Eso fue a comienzos del 2003, cuando el senador, que era uno de los contactos míos con el Bloque Norte, envió el mensaje que Jorge 40 quería enviar a Jorge Noguera [director del DAS].
¿Qué decía el mensaje inicial?
Que había un plan para realizar unas actividades en Venezuela y que se necesitaba la colaboración de Jorge Noguera en el sentido de que utilizara los recursos de
los que disponía para suministrar información de inteligencia para el ingreso de armas y explosivos a través de la frontera.
¿Desde dónde se enviaban las armas?
Desde Paraguachón, [una población del departamento de La Guajira, al norte de Colombia, situada en la frontera con Venezuela] donde además se contaba con una cooperativa de comercialización de combustible de Venezuela. En ese lugar se almacenaban las armas y creo que los explosivos. Es una cooperativa controlada por el Bloque Norte de la AUC y por un personaje cuyo nombre también entregué.
¿Y también fueron enviados explosivos?
Sí.
¿Qué tipo de explosivos y de dónde salían?
Hablaron de C-4. Alguna vez el mismo senador me dijo que esos explosivos los estaban consiguiendo por Panamá. Yo no sé la forma cómo ingresaron a La Guajira. Yo vi en algunas ocasiones ingresar armas, no sé si explosivos porque no conozco mucho del tema.
¿Para qué necesitaban armas ilegales si en Venezuela sobran?
Yo me imagino que el Bloque Norte tenía muchas más facilidades de conseguirlas en Colombia y dado que esa era una de las partes en las que se utilizaba al DAS.
¿Conoció los detalles de los planes del atentado a Anderson?
En los planes que yo conocí nunca oí hablar de Danilo Anderson. A mí me sorprendió cuando el atentado en noviembre del 2004, porque el primer objetivo de los atentados era el fiscal general Isaías Rodríguez. En los planes iniciales no figuraba el fiscal Danilo Anderson.
¿Cómo puede ser testigo de un hecho del cual se entera por sorpresa?
Anderson muere en noviembre del 2004 y para esa época mi relación con Jorge Noguera empieza a deteriorarse, porque es cuando inician la investigación preliminar a mis espaldas y, obviamente, él trata de evitarme y por ello no le pregunté [sobre la muerte de Anderson]. Posteriormente, yo averiguo el tema sobre qué fue lo que ocurrió y es que me informa el mismo senador qué fue lo que exactamente ocurrió.
Pero entonces es de oídas, no directamente.
Todo lo que yo conocí fue por el senador que le digo, porque él fue el que me informó a mí de todas las cuestiones y por lo que me contaba Jorge Noguera. La pregunta mía fue por qué no había mencionado lo de Anderson y entonces él me explicó que había habido intriga de algunas personas de la oposición venezolana por un problema que él tenía con ellos.
¿Qué sector de la oposición?
Yo me abstengo de dar nombres pero la fiscalía venezolana tiene algunos nombres de esos.
¿Pero usted le ofreció información en ese sentido al gobierno de Venezuela?
Yo mandé un papel con mi puño y letra a través de una persona que tiene conocidos en la embajada de Venezuela en Bogotá. Dije que le podía suministrar información sobre cuatro puntos. El primer punto: el ingreso de tropas de las Autodefensas a través de Arauca a Venezuela. El segundo punto: el asesinato del fiscal Danilo Anderson. Dije que puedo suministrar información sobre la participación del DAS y del Bloque Norte. El tercer punto: información sobre el caso de Rodrigo Granda [guerrillero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias arrestado en Caracas]. Y el cuarto: las masacres de La Gabarra [ejecuciones de las AUC de campesinos y supuestos colaboradores de las FARC en la frontera con Venezuela]. Posteriormente, le hago llegar un documento de mi puño y letra donde cuento esta historia que le he contado a usted. Vale la pena aclarar que gran parte de esto ha sido corroborado por las autoridades venezolanas.
El sistema judicial de Venezuela está muy desprestigiado porque está controlado directamente por el gobierno. ¿No hay un riesgo aquí de que estos señores estén manipulando esto a su antojo?
Yo me limito a lo que yo conocí y que yo puse en conocimiento de ellos. No sé si la investigación está siendo manipulada. Me imagino que ellos, ante cualquier solicitud que le vayan a hacer al gobierno colombiano, tendrán que presentar cualquier tipo de soporte. O sea, no va a hacer algo caprichoso.
Usted dice que vio varios agentes del DAS pasar con armas hacia un pueblo cercano en la frontera con Venezuela. ¿Recuerda los nombres de algunos de ellos?
No, la verdad es que eran detectives adscritos a la seccional de La Guajira. Normalmente yo no me relacionaba con detectives, porque en el cargo que yo desempeñaba tenía contactos con los directores seccionales y en algunas ocasiones con los operativos o financieros. Había un detective del DAS, conductor de la seccional de La Guajira, que tenía un parentesco con uno de los guardias venezolanos en la frontera y ese era el contacto que se utilizaba para que ellos pudieran atravesar.
¿Qué otras personas podrían ser testigo de ese paso de armas y explosivos?
Mire, yo no sé qué tan dispuesta está a aceptarlo Luz Marina Rodríguez, que estuvo muy al tanto de ese asunto. Sé que ella fue protagonista principal de todo esto. Inclusive yo mismo la vi varias veces reunirse con unos personajes que venían del lado venezolano, que más adelante un funcionario de la seccional me dijo que eran agentes de la DISIP.
Me dice que presenció tres viajes de armas. ¿Fue en una misma oportunidad?
A ver, yo, en tres ocasiones diferentes, entre el 2003 y el 2004, vi a los señores ingresar armas, no eran cantidades tampoco, por la frontera con Venezuela. En el 2004, no recuerdo el mes exacto, cuando están en el proceso de construcción del puesto del DAS en la frontera con Paraguachón, yo me voy con ellos y yo entro con ellos a Venezuela. No recuerdo el nombre del pueblo. Llegamos a un sitio que es moderno, muy nuevo, de las autoridades venezolanas, y ahí funcionan oficinas de la Aduana y todo eso y yo vi a los detectives del DAS y de la DISIP. Ellos me dejaron a mí y me dediqué a conocer el edificio. Estuve con ellos más de medio día. Recuerdo que en las casetas que quedan en la vía hay una estructura de hierro color azul, muy grande, que me pareció sobredimensionada.
¿Entonces había agentes de la DISIP involucrados en el plan conspirativo?
Sí, claro, claro.
¿Cuántas veces se reunió usted con el senador para hablar de la operación?
Yo me reunía periódicamente con este senador durante los años 2003 y 2004, por lo menos lo hacíamos dos veces al mes aquí en Bogotá. Algunas veces me tocó ir al Magdalena a reunirme con él y con otro personaje. Entonces, ese era uno de los temas que se manejaban entre nosotros, de los muchos que yo manejaba con él en cuanto a intercambio de información
¿Y después usted le llevaba los mensajes de Jorge 40, que le daba el senador, a Jorge Noguera?
Así era. Yo me encontraba con este senador, eso era normalmente a primera hora de la mañana, los días miércoles o jueves, aquí en residencias Tequendama [Centro de Bogotá]. Apenas yo me desocupaba llamaba a Jorge [Noguera] y le decía que tenía algo que comentarle y subía [a la oficina de la dirección del DAS] apenas llegaba.
¿Y por qué no revela el nombre del senador?
Porque es una persona que tiene unos vínculos muy fuertes y puede representar mucho peligro para mí y para mi familia, cosa que no representa Luz Marina [funcionaria del DAS].
Pero después de la publicación de esta entrevista él se va a sentir aludido.
Yo me imagino que sí, pero mientras yo no lo mencione, me imagino que no manifestará molestia. La embajada de Venezuela conoce el nombre del personaje porque yo se los di a ellos.
¿El transporte de los explosivos usted lo vio o se lo contaron?
Yo vi transporte de armas. No conozco como está embalado un explosivo ni nada de eso. No sé si en lo que vi se transportaba explosivos. Lo que sí me dijo el mismo senador es que iban a ingresar explosivos por esa zona de Paraguachón.
¿Esos explosivos fueron utilizados en el atentado de Anderson?
Sí.
¿Hubo dinero de por medio para este plan?
El financiamiento de ese plan no lo conocí.
¿Por qué decide en octubre del año pasado hablar con las autoridades venezolanas?
Más que todo porque me di cuenta que por el escándalo que se genera de las filtraciones de paramilitares en el DAS y que se divulga por la denuncia del entonces subdirector Juan Manuel Narévez., yo veo al presidente Chávez que aparece en televisión refiriéndose al tema. Entonces, a raíz de eso es que yo busco, a través de una persona amiga el contacto con la embajada venezolana.
¿Qué ofertas le hicieron los de la embajada? Su esposa me comentó que le ofrecieron que después de declarar en Venezuela iban a ir a Europa y podrían financiar su estadía en Europa.
A mí, la verdad es que mire, Liliana, a mediados de octubre, le dictaron la detención domiciliaria y a raíz de eso no pudo volver a visitarme. Entonces, como son cosas que no hablo con ella por teléfono, ella nunca me ha contado a mí esa parte. No sé que haya podido hablar ella con ellos.
¿Usted conoció a Giovanni Vásquez, otro de los testigos de la fiscalía de Venezuela en el asesinato de Anderson?
Yo conocí a Giovanni Vásquez pero hace muchísimos años allá en El Difícil, Magdalena. Lo que yo sé es que Giovanni Vásquez no tenía la importancia en el Bloque Norte que él manifiesta tener.
¿Qué función tenía él?
En aquel momento casi todos los muchachos en esa zona se vincularon al Bloque Norte, entre otras cosas porque por allá no había mucho empleo. Entonces, era el muchacho que está con los demás, en función de colaborarle con el Bloque Norte y ese tipo de cosas, él no tenía un puesto de mando.
Entonces esas historias de reuniones, la conspiración, ¿de dónde la sacó?
Hay muchas cosas que él dice que yo sé que son ciertas, porque yo mismo las conozco. ¿Cómo las conoció? Yo no lo sé. Yo no recuerdo haberlo visto en el DAS nunca. Como le digo, yo lo conocí en el año 2000 en El Difícil. Sé que mantenía relación con el Bloque Norte.

25 de septiembre de 2006

Juan Gelman

Hoy me levanté pensando en el bueno de Juan Gelman. Debe ser porque el libro que me estoy leyendo ahora -Operación Condor: una década de terrorismo internacional en el Cono Sur, del periodista John Dinges- me recordó la injusta celada que le tendió el destino. Para quien no lo sepa, Gelman es uno de esos abuelos que conoció a su nieta después de ventitantos años de búsqueda. La chica fue entregada a una pareja que seguramente no podía concebir hijos por los criminales que tomaron el poder hace 30 años en la Argentina.
Pero estaba pensado en Gelman, les decía, porque otro azar me lo trajo a la mente. Una maravillosa pieza de Gotan Project le pone música a Confianzas, un poema de los suyos que es de mis favoritos. Descubrí la canción, que también se llama Confianzas, hace poco más de dos años en una discotienda de Madrid. Desde entonces, cada vez que estoy perdido, coloco el CD y la escucho. Ese mecánico ejercicio me ha ayudado a saber cuán duro es este oficio que ejercemos. Me ha ayudado quizá a darme cuenta en momentos de euforia que escribir no cambia el mundo ni las voluntades. Gelman lo dice mejor que yo:
Confianzas
se sienta a la mesa y escribe
«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice
y más:
esos versos no han de servirle
para que peones maestros hacheros vivan mejor coman mejor
o él mismo coma viva mejor
ni para enamorar a una le servirán
no ganará plata con ellos
no entrará al cine gratis con ellos
no le darán ropa por ellos
no conseguirá tabaco o vino por ellos
ni papagayos ni bufandas ni barcos ni toros ni paraguas conseguirá por ellos
si por ellos fuera la lluvia lo mojará
no alcanzará perdón o gracia por ellos
«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice
se sienta a la mesa y escribe

22 de septiembre de 2006

Latin American Idol

Ya lo había pensado al leer las primeras entrevistas, pero luego de leer un reportaje del periodista Carlos Sanzol, de La Nación, entendí que el ganador de Latin American Idol será una estrella más.
Todos los que llegaron a las sesiones finales, que se graban en Buenos Aires, son tipos con un trecho recorrido en este tipo de reality shows. Isa Mosquera, recientemente eliminada, había ganado un concurso similar, llamado Popstar, en su natal Colombia. Grabo dos discos y fue toda una celebridad mientras el recall del concurso no fue molido por el trapiche del show bussiness. Hoy puede salir de su casa sin ser acosada.
La nota de Sanzol no tiene desperdicio. Es una de esos ejemplos de un medios de comunicación que establece una agenda propia por encima de los intereses de los canales. Cada día son más frecuentes los viajes de los periodistas a los estrenos de los seriados estadounidenses y las películas de Hollywood. La consecuencia de esta mala costumbre es una nota previsible y aburrida y la imposibilidad de salirse del programa de la visita ¿Cómo se puede escribir un reportaje como el de Sanzol si el canal paga el viaje del reportero? No siempre ocurre, pero a veces una nota como esta nos recuerda cuál es el verdadero papel de los editores y reporteros

14 de septiembre de 2006

Libros: La loca de la casa

Quien se acerque a los artículos que Rosa Montero habitualmente publica en el diario El País celebrará, no tanto el desarrollo de originales puntos de vista, sino la simbiosis entre el periodismo y literatura. Entrevistadora aguda, tal vez Montero decidió escribir columnas y entrevistas desde los 19 años para demostrarle a los cultores de la pirámide invertida que el periodismo es también un género literario.
Nacida en Madrid el 3 de enero de 1951, Rosa Montero contrajo tuberculosis a los 4 años y estuvo postrada en cama hasta los 9. No asistió al colegio en casi un lustro, pero aprovechó su convalecencia para devorar todos los libros posibles. Hoy es una de las autoras españolas más leídas. Después de ganar el Premio Primavera de Novela en 1997, con La hija del caníbal, de la cual se hizo una adaptación cinematográfica protagonizada por Cecilia Roth, su obra literaria alcanzó la cima a la que ya había trepado con su trabajo periodístico.
Hace algunos años leí Te trataré como a una reina y Amantes y enemigos, un volumen de relatos cuya elaboración, según la propia autora, le permitió salir del pantano que impide a los escritores desarrollar nuevas historias. Al margen de la calidad de ambos textos, me sorprendió la correspondencia entre su obra periodística y sus trabajos literarios. En un volumen de entrevistas editado por Aguilar, que todo estudiante de comunicación social debería tener como referencia del género, Rosa Montero describe a sus entrevistados como si fueran personajes de ficción, y convierte a los materiales destinados a vivir la gloria efímera de un día en textos que poseen el atractivo intemporal de los cuentos y las novelas. Hay, en fin, un afán de demostrar que, tan importante como respetar la fidelidad y el contexto de las opiniones del interrogado, es la percepción que de él tiene el entrevistador.
En La loca de la casa, que es el diamante más brillante de su carrera literaria, la escritora española reivindica el efecto analgésico de la imaginación. El lector podrá entender que más que un rapto de inspiración, la escritura es la diaria batalla que se entabla contra el recurrente silencio de la página en blanco. En ese sentido el libro es un testimonio de la creación literaria. Pero quienes se acerquen a sus páginas también presenciarán un duelo de la imaginación a partir de tres relatos sobre una misma historia de amor que la propia Rosa Montero, o el personaje que ella encarna, protagonizó. M. conoció a Rosa en los años finales del franquismo. Era un actor de Hollywood lo suficientemente apuesto como para provocar el aumento de la líbido. Después de tomar y bailar, dirigen sus pasos hacia la alcoba del actor donde hacen el amor. O tal vez no lo hicieron, quién sabe.
Más que el desenlace de esa historia, lo verdaderamente interesante es entender que las recapitulaciones están sometidas a las manipulaciones de la memoria y no pocas veces la imaginación desvirtúa los hechos. La loca de la casa, que es la metáfora con la que Santa Teresa de Jesús bautizó a la imaginación, refuerza la advertencia que Gabriel García Márquez hace al comienzo del primer tomo de Vivir para contarla: "La vida no es lo que uno recuerda, sino cómo lo recuerda".
En un artículo publicado en El Nacional en mayo de 2003, Mario Vargas Llosa se formuló varias preguntas derivadas de los afluentes que siguió la historia de marras: "¿quién era ese anónimo actor de Hollywood con quien Rosa se extravió aquella noche de trementina y largos besos en los laberínticos pasillos de la Torre de Madrid? ¿Hicieron o no el amor como dos anacondas? ¿Y qué demonios pasó después? ¿Se encontraron años más tarde en un festival de cine? ¿Fue cierto que su hermana gemela le arrebató la conquista? ¿Y aquel encuentro crepuscular, de ex combatientes, bajo unas sábanas chilenas, tuvo realmente lugar?" Esas preguntas sólo tienen respuestas parciales. "Todo lo que cuento en este libro sobre otros libros u otras personas es cierto, es decir, responde a una verdad oficialmente documentable. Pero me temo que no puedo asegurar lo mismo sobre aquello que roza mi propia vida. Y es que toda biografía es ficcional y toda ficción autobiográfica, como decía Barthes", afirma la autora en el post scriptum. La loca de la casa evidencia que los escritores son unos mentirosos indómitos. Pero también deja una enseñanza acaso más reconfortante. Nada como la ficción para ponerse a salvo de la rutina.

Riquelme

"El Romántico" - así le dice, con absoluta pertinencia, un narrador argentino- se ha retirado de la selección argentina. Ha largado todo por la causa más noble del mundo: la tranquilidad de su madre. Anoche lo entrevistaron en un late show de Buenos Aires y superó su parquedad genética para hablar largo y tendido: "He tomado la decisión de no formar parte de la selección a partir de ahora y que nada. Fue una decisión..., no me llevó mucho pensarlo... Tengo que pensar en la salud de mi mamá y eso hizo que la decisión fuera bastante fácil. Desde que finalizó el Mundial mi mamá ha terminado internada dos veces. Siempre tuve las cosas bastante claras: antes que el fútbol está mi familia, más mi vieja, que es lo más grande que tengo en la vida y mi responsabilidad es cuidarla y tenerla todo el tiempo que más pueda. No tengo ningún derecho en hacerla sufrir a ella porque yo quiera jugar con la camiseta de mi país".
El Coco Basile, que le había dado la cinta de capitán, entendió sus razones y ya le busca sustituto. No será fácil, porque no hay un tipo con una pierna tan obediente como su derecha. Cuando cobra un tiro libre, o un saque de esquina, los arqueros no saben si salir a cortar el centro o quedarse bajo el larguero. Alguna vez escuché a Rafael Dudamel, el portero de la selección de Venezuela, decir que la pelota pateada por Riquelme parece perder velocidad cuando se acerca, aunque en realidad viene con más impulso.
De acuerdo con las encuestas en línea, los fanáticos creen que Pablo Aimar podrá generar tantas ocasiones de gol como Román. Yo no lo creo. Riquelme es tal vez uno de los últimos representantes de la cofradía de los números 10. El fútbol de hoy desprecia la pausa y admira a los descerebrados que corren sin parar. Lo que preocupa es que los argentinos, que en vez de pronunciar el número 10 luego del 9 dicen "Diego", hayan perdido la paciencia con la madre de su heredero.

13 de septiembre de 2006

El reverso de Hugo Chávez

Para Mario Seijas
Una infeliz declaración de George W. Bush: ahora resulta que Estados Unidos reconoce con absoluta desfachatez que no se apega a las leyes del derecho internacional. Ya lo habían dicho The Washington Post y El Diario de Mallorca, entre otros, cuando revelaron la existencia de centros clandestinos de detención en Europa y Asia. "Sin aportar detalles sobre la ubicación, las condiciones de detención ni del interrogatorio", escribe el periodista Hugo Alconada Mon en La Nación, de Buenos Aires, "Bush afirmó que los detenidos aportaron datos vitales. 'Este programa nos ha ayudado a detener a potenciales asesinos masivos antes de que tuvieran una chance de matar. Es invaluable para Estados Unidos y nuestros aliados'", afirmó. La CIA llegó a tener 100 "terroristas" detenidos por fuera de los tratados internacionales y ha asegurado que el programa secreto seguirá funcionando.
Sigue Alconada Mon: "la Casa Blanca también presiona al Congreso para que apruebe un paquete de normas que le permita al Pentágono armar tribunales militares para juzgar a un número impreciso de detenidos en Guantánamo, aun cuando la Corte Suprema de Justicia declaró ya la inconstitucionalidad de ese tipo de procesos. El máximo tribunal concluyó que estos tribunales militares violan las garantías establecidas por la Convención de Ginebra y otras normas ratificadas por Estados Unidos sobre los prisioneros de guerra, pero la Casa Blanca los define como 'combatientes enemigos', una categoría sui generis.
"La administración Bush retomó, además, la iniciativa en el Congreso. Busca ahora que las acusaciones ante estos tribunales puedan basarse en información confidencial, pruebas que no serían mostradas a los acusados, por lo que no podrían rebatirlas. 'Una de las tareas más importantes para el Congreso es reconocer que necesitamos herramientas para ganar la guerra contra el terrorismo', reclamó el mandatario ante las cámaras de televisión".
En una reciente entrevista concedida a The New York Times, el gran John Le Carré se preguntaba cómo era posible que Estados Unidos tuviera una política exterior si se niega a hablar con los pueblos con los que mantiene un conflicto. Esta opinión es apenas un aspecto de un mal mayor: la negativa de Washington a limitar su margen de maniobra. No reconocen la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional, pero suelen advertirle a los demás países que los delitos de lesa humanidad no prescriben y que actúan apegados a las leyes. Llaman la atención a aquellas naciones que socavan la democracia y violan los derechos humanos, pero para ellos no existe advertencia posible porque ellos tienen el salvoconducto de la guerra contra el terrorismo.
Ese doble discurso es el pasto que alimenta el creciente antiamericanismo que se ha desatado en Latinoamérica. Incluso aquellas personas que justificaron la reacción norteamericana tras los atentados del 11-s han comenzado a cuestionar los métodos usados por la administración Bush para intervenir en Irak. ¿Y cómo no hacerlo si cada día es más evidente que la campaña antiterrorista se ha propagado sin justificación alguna? A la falta de pruebas que determinen si Irak construía armas de destrucción masiva antes de la guerra, se suma la duda sobre los vínculos de Saddam Hussein con Al Qaeda. (Pueden buscar los detalles de esta noticia en www.intelligence.senate.gov o en la edición del sábado 9 de septiembre de The New York Times. La nota se titula C.I.A. Said to Find No Hussein Link to Terror Chief).
George W. Bush es el reverso del presidente Hugo Chávez. Tal vez por eso se odian tanto. En Estados Unidos, sin embargo, pronto pueden cambiar las cosas. Las encuestas indican que el Partido Demócrata tomará el control de la Cámara de Representantes en los comicios del próximo mes de noviembre. Alguien tiene que ponerle freno a las arbitrariedades.

4 de septiembre de 2006

El espíritu heroico del 11-S

La otra noche vi Vuelo 93 y salí del cine con una certeza: las películas sobre la tragedia del 11 de septiembre de 2001 reforzarán el espíritu heroico del pueblo estadounidense. Al menos las dos primeras no se apartan de lo previsible. Una de ellas, World Trade Center, de Oliver Stone, prefiere centrarse en el drama de un policía portuario (Nicolas Cage) atrapado entre los escombros de las Torres Gemelas. La otra, Vuelo 93, de Paul Greengrass, reconstruye el trágico destino del único avión que hace cinco años no se estrelló contra los símbolos del Imperio.
El reparto de Vuelo 93, compuesto por actores desconocidos, parece contratado para realzar el anonimato de las víctimas. Greengrass logro evadir la tentación de trabajar con primeras figuras, tal vez porque la reconstrucción del accidente tampoco se presta para contar a través de los ojos de una persona lo que fue un drama coral.
Vuelo 93 no pretende contradecir la historia oficial. Si bien las investigaciones de la Comisión del 11 de Septiembre y varios reportajes periodísticos concluyeron –a partir del reporte de la grabadora de voz de la cabina y de las llamadas de dos de los pasajeros a sus familiares– que captores y rehenes lucharon hasta que el avión cayó en un descampado de Shanksville, Pensilvania, todavía quedan demasiados cabos sueltos como para dar por válida esa versión. La falta de respuestas derivó en la formulación de las clásicas teorías conspirativas, tan caras a los estadounidenses escépticos.
Entre los escritos que le dan alas a la duda está el de John Carlin, quien publicó en agosto de 2002 un reportaje que ilumina las zonas oscuras de esa tragedia. “Todo el mundo conoce la inspiradora historia del Vuelo 93, de los heroicos pasajeros que forzaron el aterrizaje del avión secuestrado. El único problema es que no puede ser verdad”, escribió el reportero inglés en el sumario de su nota.
Vuelo 93 está estructurada en torno a lo que Carlin ha calificado, en el mejor de los casos, como una media verdad. Las autoridades norteamericanas califican de héroes a los viajeros y han boicoteado cualquier intento que desvirtúe esa apreciación. Se desconoce si es cierto que el avión fue derribado por la Fuerza Aérea. Un breve reporte de la cadena CBS indica que dos F-16 seguían al avión de United. El vicepresidente Dick Chenney reconoció, cinco días después de los atentados, que el presidente Bush había autorizado que los pilotos tumbaran los aviones comerciales.
Al periodismo norteamericano, tan dado al escepticismo y a la prudente distancia del objeto de estudio, le ha sido imposible verificar lo que dijo Lee Purbaugh, uno de los testigos del accidente. Purbaugh y seis personas más se refirieron a un avión que sobrevoló la zona minutos después del impacto. Tampoco saben qué fue de Glen Cramer, el operador del servicio 911 que atendió la llamada de uno de los pasajeros. En la escena representada en la película se ve a un hombre que se encierra en el baño antes de que los secuestradores lo adviertan. Un despacho difundido por AP el 11 de septiembre recoge las declaraciones de Cramer. “El hombre exclamaba ‘¡nos están secuestrando, nos están secuestrando!’. Confirmamos eso varias veces y le pedimos que repitiera lo que dijo. Estaba muy angustiado. Dijo que creía que el avión iba a estrellarse. Él escuchó una explosión y vio salir humo blanco, aunque no sabía de dónde. Luego se cortó la comunicación”.
Según Carlin, el FBI confiscó la cinta de la conversación y prohibió a Cramer hablar con los medios. Los controladores aéreos del aeropuerto de Cleveland –cuya angustia frente a la pantalla es de las mejores escenas logradas por Greengrass– tienen prohibido mencionar lo que vieron esa mañana en el radar. EL FBI ha ensayado respuestas para cada interrogante, pero no ha podido impedir que florezcan toda clase de especulaciones. Algunas están recogidas en la página http://www.flight93crash.com/. Una visita confirma que, como el asesinato de Kennedy o el 11 de abril de 2002, la caída del vuelo 93 de United Airlines se convertirá en un misterio de nunca acabar.