30 de marzo de 2014

"Este movimiento ciudadano es irreversible"


                                                      Foto Ricardo Gómez Pérez /Cortesía de Complot Magazine

El diario El País, donde habitualmente escribo, publicó en su edición impresa del domingo 30 de marzo de 2014 una entrevista que hicimos Ewald Scharfenberg y yo a la diputada María Corina Machado. La tiranía del espacio en los medios impresos nos obligó a reducir la extensión. La líder de la oposición venezolana desarrolla aquí varias ideas que en la versión original apenas quedaron enunciadas. Aquí vamos:

P: La oleada de disturbios ha dejado 36 muertos y más de 1.000 detenidos desde febrero. A la detención de Leopoldo López se podría sumar su posible encarcelamiento ¿Se arrepiente de algo?
R: Esto es mucho más que una oleada de protestas. Aquí se ha producido un movimiento cívico sin precedentes en nuestra historia.  En primer lugar, no se concentra en una sola región, sino en todo el país. En segundo lugar, es un movimiento que integra todos los sectores de la sociedad. Muchos no lo creen, pero veamos de donde vienen las personas detenidas y los torturados. En tercer lugar, este movimiento ha adquirido un nivel existencial. Se trata de una lucha por recuperar la dignidad humana.
P: A partir de la visita de la misión de la Unión Sudamericana de Naciones pareciera que se están abriendo espacios para el diálogo entre el gobierno y un sector de la oposición. ¿Que se posibilite esa vía es algo que podría desactivar la protesta en la calle? ¿O es algo que usted incluso saluda?
R: El diálogo es esencial en un sistema democrático. Ahora bien, si este es un régimen que en 15 años ha destruido los elementos de la democracia –no hay separación de poderes, no hay libertad de expresión, no hay respeto al estado de derecho o al pluralismo- hay una clara conclusión: En Venezuela hay una dictadura que, escondida en formas democráticas, cada vez que sentía que la sociedad elevaba la voz de sus demandas llamaba a la paz y al diálogo. Una vez que se lograban acuerdos firmados que desmontaban la tensión desconocía lo acordado y avanzaba en su proyecto. Con estos precedentes nuestra posición es muy firme. No permitiremos que el llamado al diálogo sea un engaño, una nueva traición que desmovilice la protesta para que el régimen gane tiempo y recupere su legitimidad internacional. Por eso, el diálogo debe conducir a una transición democrática que incluya profundas reformas políticas que conlleven a la restitución de la Constitución y de los derechos humanos en Venezuela. Por eso hemos exigido una serie de acciones antes de instalar el diálogo: el cese inmediato de la represión por parte de las bandas criminales y la Guardia Nacional; justicia; la liberación de todos los presos políticas, la restitución en sus cargos de los alcaldes, y una ley de amnistía que permita el regreso de todos los exiliados y perseguidos. Es lo mínimo que el régimen tiene que producir para que podamos plantear entonces un diálogo.
P: Ayer Maduro pareció abonar el camino de la reinstitucionalización del país anunciando que se elegirían a los nuevos miembros del Consejo Nacional Electoral, al Contralor General de la República y se llenarán las vacantes del Supremo. Todo proceso de negociación implica ceder y aceptar los ofrecimientos del adversario. ¿Este anuncio sería suficiente para pedir que se suavice la protesta?
R: Eso no depende de nosotros. La protesta es una expresión ciudadana. La gente lo está haciendo porque aspira a obtener su libertad.
P: ¡La oposición tiene la fuerza para poder obligar al gobierno a aceptar sus condiciones para dialogar?
R: Eso mismo se preguntaban al principio de la protesta. La respuesta está en la calle. Las madres y los compañeros de los jóvenes asesinados no desfallecen. Uno va a darles el pésame y te animan para que sigas luchando. Ya lo dijo Vargas Llosa: en Venezuela se juega ahora, como hace 200 años, el destino de América Latina. Y con respecto al diálogo y el papel de Unasur. Esta instancia tiene una deuda desde que los presidentes de Suramérica se reunieron en Lima, a propósito de las cuestionadas elecciones del abril de 2013. Ellos se comprometieron a una auditoría integral de los resultados electorales y el envío de una misión para investigar los hechos de violencia. Sí estos acuerdos no se cumplieron, si ellos traicionaron la palabra empeñada con los venezolanos, ¿pueden venir a plantear un acuerdo entre las partes sin dar respuesta a lo anterior? ¿Creen que el pueblo de Venezuela va a confiar en una tercera parte objetiva cuando varios de esos cancilleres expresaron su incondicional apoyo al régimen de Maduro?
P: Ahora enfrenta el trance de su pérdida de curul. ¿No planeó esta consecuencia cuando decidió aceptar el cargo de embajadora alterna de Panamá ante la OEA? ¿Qué va a hacer para restituir su posición dentro de la Asamblea Nacional?
R: La Constitución es muy clara con respecto a los causales que determinarían el cese del fuero parlamentario. Ninguna de esas condiciones aplica en mi caso. El señor Diosdado Cabello (presidente de la Asamblea Nacional) no tiene potestad alguna para destituirme.
P: Cabello ha dicho que no la va dejar entrar
R: Cabello ha cometido toda clase de desafueros. Yo reitero. Soy diputada. Ejerceré mi función dentro y fuera de Venezuela.  A la OEA fui como diputada para que en ese seno se escuchara la voz del pueblo reprimido, pero la decisión de hacer una audiencia privada, más la eliminación del punto de Venezuela en la agenda, determinó que yo asumiera accidentalmente la representación alterna de Panamá para poder hablar. Así consta en una carta firmada por el propio secretario general del organismo José Miguel Insulza. Lo cierto es que impedirme hablar fue un enorme error político. El propio Insulza lo dijo: si la hubieran dejado hablar a esta señora seguro habría tenido algún impacto, pero no hubiera tenido tanta resonancia como la que tuvo.
P: ¿La respuesta del gobierno de levantarle el fuero parlamentario era un costo que habías tomado en cuenta?
R: Yo utilicé un mecanismo previsto por la OEA que, vaya cinismo, este régimen también utilizó para que la canciller de Manuel Zelaya pudiera hablar.
P: El Gobierno ha dicho que la diferencia allí fue darle la voz a un gobierno derrocado. El gobierno dice que usted es una ciudadana de un país que pertenece a la OEA
R: Pudieran buscar miles de argumentos. Todos los embajadores de la OEA saben que no he cometido delito alguno y que estaba cumpliendo mi deber como diputada.
Usted siempre ha dicho que es imposible derrotar al régimen mediante elecciones. ¿Hacía falta todo esto que ha ocurrido para revelarle a la comunidad internacional el cariz represivo del Gobierno? ¿Por qué no esperar a que se cumplan los lapsos previstos por la Constitución para convocar a elecciones?
R: Las elecciones presidenciales de abril nos dejaron una gran enseñanza: no basta ser mayoría y ganar elecciones cuando se enfrenta a un régimen perverso que controla todos los poderes públicos. Desde luego, que creemos en las elecciones para definir el futuro. Pero esto tiene que ir acompañado por una gran movilización ciudadana que haga retroceder a un régimen que tiene todas las instituciones cooptadas. Pensemos lo que se ha logrado en estas semanas de lucha. Pensemos en la Venezuela de finales de enero  y la de finales de marzo. Un país que desde afuera se veía aterrorizado y resignado y sin fuerza en contraposición a una Venezuela que despertó y que le ha arrebatado la máscara democrática al Gobierno.
P: Es la parte épica, pero van 36 muertos y más de 1.000 detenidos…
R: En Venezuela el hampa está desbordada. El año pasado asesinaron a 25 mil personas. ¿Cómo estamos hablando de 36 muertos si en Venezuela todos los días asesinan a 60 personas?
P: La pregunta es: ¿es necesario pasar por todo esto para conquistar el poder?
R: Este régimen tenía como objetivo, por vía del apaciguamiento y la asfixia, la clausura de todo espacio de resistencia. Comparemos el deterioro de la libertad de expresión y de las libertades sindicales en este último año.
P: Pero si alguien le dijera que para salir de un régimen que usted caracteriza como pervertido hacen falta varios muertos, ¿usted compraría ese argumento?
R: Es moral y éticamente inaceptable que ustedes planteen que la pérdida de una vida es justificable para cualquier cosa. La muerte es culpa de la represión. La protesta pacífica es un derecho ciudadano. Cuando una sociedad se la asfixia tiene dos opciones: o claudica o lucha. El pueblo de Venezuela optó por la segunda. Eso es lo que tiene admirado al mundo entero. Este movimiento ciudadano es irreversible.
P: ¿Qué impide que mañana se apague un poco la protesta? ¿Y si se apaga el saldo sería positivo para usted?
R: La protesta puede tomar distintas formas. Puede parecer que la intensidad decae, pero en realidad se reinventa con creatividad.



12 de octubre de 2013

Adiós, Farías, Adiós





Venezuela llegó a su último partido de las eliminatorias a Brasil 2014 con una vela prendida a los santos y con todo en contra. Debía golear a Paraguay por dos o más goles y dejar la valla en cero. Por más que la albirroja sea el mustio recuerdo del equipo que disputó los cuartos de final en el Mundial de Sudáfrica, aún es el maestro que dicta cátedra de cómo defenderse y salir al contragolpe. No sólo eso. Ecuador también debía golear a Uruguay en Quito. Sólo entonces la Vinotinto podía aspirar a que Argentina en la última jornada también goleara a los charrúas para que la diferencia de goles le permitiera disputar la repesca ante Jordania. Pasó lo que tenía que pasar. La ansiedad jugó en contra y el equipo no pudo ejecutar a la perfección el plan de anotar temprano y manejar la pelota. El cotejo terminó en un empate a un gol que cancela en definitiva la matemática oportunidad que tenía el seleccionado local.

Es un hecho: Venezuela es un equipo con un talento limitado cuando las lesiones llegan en tropel. Quitarle tres piezas clave –Tomás Rincón, Salomón Rondón y César González- convierte a la Vinotinto en un equipo voluntarista y que traslada en demasía la pelota. Lo hizo una y otra vez Alexánder González cumpliendo quizá con la estrategia del técnico Farías de plantear duelos individuales para sacar provecho de su rapidez y juventud. Pero la última línea de Paraguay, comandado por ese viejo zorro llamado Paulo Da Silva, siempre supo ubicarse para contrarrestar con maña el desparpajo del joven lateral derecho venezolano. También lo intentó Yohandry Orozco, otro de los jugones locales, con mucho más tino, eso sí, para soltar la pelota a tiempo y probar desde fuera del área.  
No hubo manera de compensar con una victoria la entrega de los jugadores. Quizá hubiese sido el justo premio para homenajear al mejor jugador venezolano de todos los tiempos, Juan Arango, que ha disputado su última eliminatoria. Con 33 años Arango es el jugador que nunca tuvo este país. Inteligente para distribuir el juego, con una educada pierna zurda, Venezuela lo echará mucho de menos de aquí en adelante. Le ha regalado a la afición goles de Play Station. Paraguay, que llegaba como la víctima adecuada por una insólita falla de planificación, tampoco lo sufrirá más.
Eliminados desde hace varias jornadas, sin otro estímulo que cumplir con decoro ante un rival al que siempre han dominado, la albirroja decidió salir un día antes del partido desde Asunción. A poco de despegar tuvieron que volver al aeropuerto por problemas en el tren de aterrizaje. Tras corregir el desperfecto volvieron a alzar vuelo hacia San Cristóbal con una escala previa en Manaos, Brasil. Los recibió uno de los clásicos cortes del fluido eléctrico que acogotan a los venezolanos. Llegaron en la madrugada de este viernes con apenas tiempo para dormir y presentarse este viernes en el estadio.
Ese cansancio se notó en el segundo tiempo, cuando Venezuela, espoleada por el público, adelantó sus líneas y jugó en la parcela rival ganando todas las pelotas divididas con un inmenso Fernando Amorebieta. El gol llegó a diez minutos del final con un zurdazo de Seijas desde fuera del área al palo más lejano de Villar. Farías ya había quemado las naves sumando a otro delantero y a un volante ofensivo. Ese cambio de actitud en un técnico que arma sus equipos a partir de la solidez del bloque defensivo se echó de menos en los partidos previos, cuando era imperativo sumar puntos de local para no depender en las últimas fechas de los milagros del Altísimo. La Venezuela de Farías sólo buscó los juegos obligada por las circunstancias. Tan conservador planteamiento provocó la antipatía de buena parte de la afición a medida que pasaban los minutos y la eliminación ya era un hecho. Sus detractores jamás le perdonaron la renuncia al desparpajo con el que jugaba la versión de Richard Páez, su antecesor en el cargo.
Existe la sensación, no compartida por Farías en la rueda de prensa posterior al cotejo, de que Venezuela dejó pasar una oportunidad única para ir al Mundial. Todos los factores jugaban a favor. Brasil estaba clasificado por ser sede y se disputaban cuatro cupos y medio en la Conmebol con la mejor generación de jugadores que ha tenido este país. No se ha podido. Ahora toca esperar otros cuatro años para ver si es posible romper la marquesina que indica que Venezuela es la única selección de Sudamérica que aún no ha disputado la fase final de una copa del mundo.

12 de julio de 2013

Las horas bajas de Henrique Capriles






Hace poco los reconocidos analistas políticos Fausto Masó y Luis García Mora criticaron en dos artículos la estrategia de la oposición para manejar la crisis política venezolana. El título del escrito de Maso era casi una provocación para quienes sintieron en abril que tenían al alcance de la mano el fin de 14 años de chavismo. “¿Y si Nicolás Maduro durase los seis años?”. Razonaba el articulista que Venezuela se estaba acostumbrando al nuevo Presidente al igual que al tráfico, a la delincuencia y al desabastecimiento. “Maduro se está convirtiendo en una mala costumbre, pero las malas costumbres son eternas, mientras el espacio en los medios de la oposición le ocurre como a la piel de zapa de Balzac, se achica”, escribió. Mucho más directo, García Mora se preguntaba: “¿Para dónde va Henrique Capriles Radonski?” y argumentaba que la oposición no tenía objetivo estratégico definido y que lucía entrampada.
Estas ideas son parte de una opinión generalizada entre buena parte de los adversarios del gobierno, quienes han empezado a preguntarse, después de ver lo sucedido en Brasil -donde protestas masivas y extendidas en el tiempo han obligado a la presidenta Dilma Rousseff a promover reformas-, si su líder ha dilapidado la posibilidad de provocar cambios en el modelo chavista con el capital político obtenido en las elecciones del pasado 14 de abril. Más allá de esto: si la oposición está segura de que fue despojada del triunfo, ¿por qué desistió de presionar en la calle hasta que se reconociera el resultado?
El miércoles 17 de abril Capriles Radonski convocó a sus seguidores a marchar hacia el Consejo Nacional Electoral para solicitar un recuento de votos, la única manera, dijo entonces, de resolver la crisis política desatada después del anuncio del estrecho resultado. En las calles había numerosos focos de protesta que a la postre terminarían con nueve personas fallecidas, 78 lesionadas, y con la amenaza del gobierno de enjuiciarle como el instigador de esas muertes. El candidato decidió entonces suspender la caminata para evitar una masacre similar a la ocurrida el 11 de abril de 2002 -el día que comenzó el breve golpe de Estado contra Hugo Chávez- y reorientar su estrategia. Sus seguidores debían cesar las protestas callejeras, volver a casa y dejar que él llevara el reclamo ante el árbitro comicial e impugnara las elecciones ante el Supremo en caso de que la mayoría oficialista del CNE no aceptara abrir las urnas. El tiempo se encargaría de terminar de erosionar las precarias bases que sostenían a Maduro, que debía iniciar su gobierno con un presupuesto comprometido y una escasez galopante con congénitas debilidades de liderazgo. La estrategia de Capriles apostaba –apuesta- al desgaste de Maduro, que no tiene una conexión emocional con su electorado, para luego, entonces sí, construir una mayoría sólida y amplia que permita burlar las inequidades de los procesos electorales venezolanos.
Hoy Capriles luce apagado. Maduro se ha fortalecido y dirige un gobierno en el cual es posible identificar rasgos de un estilo propio. El reclamo ante el Supremo ha caído en el olvido después de que la Sala Constitucional, de mayoría chavista, se avocara a conocer la causa. Así, el entusiasmo de la oposición se ha diluido en la rutina e incluso en la indiferencia frente a los graves problemas del país y al colapso del modelo económico chavista. Aunque el gobierno se ha mostrado dispuesto a trabajar con la empresa privada, no ha renunciado a perfeccionar la política de controles a través de una nueva ley en la Asamblea Nacional -que regula los precios de los vehículos nuevos y usados- y la vuelta de Eduardo Samán, un comunista recalcitrante, a la dirección del Indepabis, el organismo encargado de vigilar que se cumplan los topes establecidos por el Estado en el valor de los bienes y servicios. El gobierno cree que con más controles podrá reducir la inflación, que en junio llegó a 4,7% para sumar 25% en el primer semestre del año.
Maduro pudo recuperarse con golpes precisos para confinar a la oposición a sus bastiones como en los tiempos de Hugo Chávez, donde no hace daño. Cuando Capriles visitó Colombia, adonde fue recibido por el presidente Juan Manuel Santos, la airada reacción de Maduro puso en alerta a los demás países. Desde entonces el reconocimiento de la comunidad internacional al joven gobierno venezolano fue más decidido. Es posible que esa sea la prueba del éxito de la diplomacia bolivariana o de la lenta e inexorable muerte del reclamo opositor. Dos episodios así lo demuestran: el presidente de México, Enrique Peña Nieto, dijo que no recibiría al gobernador de Miranda en caso de que éste visitara ese país. Y el nuncio apostólico en Caracas, Pietro Parolin, exhortó al líder estudiantil Vilca Fernández a suspender la huelga de hambre que mantenía en la sede diplomática a propósito del conflicto entre las universidades y el gobierno. Era, dijo el representante del papa Francisco en el país, un lugar no propicio para esas manifestaciones. “Aunque estamos preocupados por el conflicto, la Nunciatura no está involucrada directamente en él”, aclaró.
Quizá el conflicto que mantiene cerradas las principales universidades públicas de Venezuela sea el mejor rasero para medir cómo se ha enfriado la protesta opositora. Los problemas de la educación superior –un presupuesto justo, el respeto a la autonomía y un aumento sustancial de los magros salarios que devengan los docentes, demandas parcialmente complacidas por el Gobierno- no han movilizado a su electorado en la misma proporción que hace tres meses. Tal vez en esa actitud tenga que ver la tibieza de Capriles frente a la aventura de la huelga. Primero recomendó a los profesores no suspender las clases. Cuando arreció el conflicto sí decidió solidarizarse con su estrategia. “El gobierno tiene la posibilidad de resolver el conflicto universitario. Ellos regalan 4 mil millones de dólares al año al gobierno cubano”, escribió en su cuenta de Twitter el 18 de junio.
Todas esas contradicciones han sido aprovechadas por el gobierno, que sí tiene conciencia de su debilidad si asoma alguna fisura. Por ello se han mostrado como un bloque alrededor de Maduro. Bien lo dice Maso: “Diosdado Cabello no conspira para sacar a Maduro de Miraflores. Los dos están hermanados porque la salida de uno, o del otro, significaría el fin de ambos”.
Pero además ocurrió un hecho que nadie esperaba. La anunciada venta del canal Globovisión derivó en un giro brusco de su política editorial que afectó a Capriles y a toda la oposición. Concebida como una trinchera del antichavismo, en ocasiones el pequeño canal de noticias transmitía largas y antinoticiosas ruedas de prensa y arengas de los dirigentes políticos opuestos al gobierno. Eran compromisos políticos que el canal jamás rehuyó en el entendido de que así socavaría la base de apoyo popular del chavismo. “En 2012 tomé la decisión de hacer todo lo que estuviera en nuestro poder para lograr que la oposición ganara las elecciones de octubre. Era la oportunidad, como venezolanos, para recuperar nuestro país. En Globovisión lo hicimos extraordinariamente bien y casi lo logramos, pero la oposición perdió”, afirmó el dueño saliente del canal, Guillermo Zuloaga, en su misiva de despedida a los trabajadores.
Los nuevos dueños, sospechados de vínculos con el gobierno, decidieron cortar con el compromiso de transmitir en directo las informaciones emanadas por voceros de la oposición. Se pide a los medios privados un equilibrio informativo que los canales oficiales no están dispuestos a observar. “Hay mucha autocensura. Ernesto Villegas (ministro de Comunicación e Información) ha dado órdenes de que no se transmitan mis actos. Está encima de esto”, dijo Capriles en una conversación con este diario.
Al mismo tiempo el presidente Nicolás Maduro viajaba por el mundo en busca de apoyo internacional para su endeble mandato y copaba los espacios en la televisión, tal como lo hizo su predecesor. Un trabajo de la ONG Monitoreo Ciudadano determinó que entre el 3 de junio y el 3 julio Maduro apareció en las pantallas de Venezolana de Televisión, el canal del Estado, durante 48 horas y cuatro minutos, a un promedio de dos horas diarias. Desde el 14 de abril y el 3 de julio el gobierno ha obligado a los demás medios a retransmitir su señal 65 horas y 26 minutos, 32 minutos diarios.
No hay estadísticas que midan las escasas apariciones de Capriles tras el cambio de rumbo de Globovisión, pero sus colaboradores sostienen que hay una merma significativa desde mayo. El pasado martes este diario fue invitado a presenciar el programa de televisión semanal que el ex candidato presidencial decidió transmitir a través de su página web (www.capriles.tv) para enfrentar lo que considera como un cerco a su liderazgo y superar lo que sin remilgos define como la autocensura de las plantas de televisión privadas de Venezuela. Capriles visualiza a ese espacio, que ha llamado “Venezuela somos todos”, como el momento para opinar sobre temas de política nacional y mantener a su base unida y movilizada.
Lo primero que sorprende son los equipos con los que cuenta para poder hacer una transmisión. La terraza del piso 1 de su antiguo comando de campaña es un set de televisión. Hay cuatro cámaras, una consola que mezcla las imágenes tomadas por cada una de ellas y una antena parabólica. El programa es transmitido por satélite y los canales de televisión reciben los parámetros para poder sintonizarlo y retransmitirlo en directo si así les parece. Su jefe de prensa, Ana María Fernández, dice que muy pocas veces ha pasado.
Ese martes, Capriles, que viste una camisa azul celeste, y un pantalón verde de drill, llegó al set estrechando manos y saludando con energía. Cuatro periodistas le esperaban sentados a una mesa. Eran los invitados del programa. Después de saludar a la audiencia, de criticar a Maduro por desear que Edward Snowden, el ex analista de la NSA que filtró los documentos que revelan el espionaje electrónico de Estados Unidos, aterrizara en Venezuela; después incluso de ironizar sobre la costumbre de un miembro del Partido Socialista Unido de Venezuela de cuidar del brillo de sus uñas antes que los indicadores de su gestión, el gobernador Capriles criticó, a lo largo de la hora y media que duró el programa, a quienes cuestionan a través de las redes sociales su desacuerdo con la forma como ha conducido la crisis política.
“Hay mucha gente que se dice de oposición que se pasa el 70% de su tiempo atacándonos. El esfuerzo debe ser más propositivo”, dijo. Cinco minutos después dejó a medio camino un tema para retomar su argumento. “Los que quieren tomar la calle no son capaces de dejar de ir a la playa el fin de semana para organizarse. No tiene que venir un líder a decirle qué tienen que hacer. Organícense. ¿Qué hacen ellos para fortalecer la alternativa democrática? Nada. Yo sigo proponiendo, pero esto es una lucha de todos. Hay que salir del Twitter y recorrer el país”.
Al finalizar el programa Capriles atendió a este diario y defendió su estrategia: “Creo que tengo la responsabilidad, a sabiendas de que Venezuela es un país desinstitucionalizado, de no dejarme llevar por las emociones, sino a apelar a la razón. La emocionalidad es propia de un proceso electoral y no un acto racional. Hay personas que establecen una comparación con lo que se produjo en Brasil. O lo que pasó en Siria. Yo no puedo pedirle a la gente que salga a la calle, que sea asesinada y luego pasar la página. Esa no es mi visión.
-¿Han sido sus horas más bajas?
-Yo trato de buscar el lado positivo de las cosas. Creo que hemos logrado desenmascarar al gobierno. Había que desenmascarar el desigual proceso electoral para darle más valor a la lucha. Creo en la construcción de una fuerza popular lo suficientemente amplia para imponer democráticamente los cambios. Puedo equivocarme. Yo me la estoy jugando.



14 de mayo de 2013

La improbable Primera Dama





Recién el pasado 2 de mayo el presidente Nicolás Maduro mencionó que Cilia Flores era la primera dama de la República Bolivariana de Venezuela. Hasta entonces se había negado calificar así en público a su compañera, acaso para darle la espalda al protocolo, algo tan consustancial al chavismo, pero también porque lo consideraba como una trivialidad burguesa. “Ese es un concepto de alta alcurnia”, explicó el hoy jefe de Estado el día que inscribió su candidatura. Prefirió entonces endilgarle un mote más ridículo  –La Primera Combatiente de la República- como para seguir impostando la falsa epopeya de la revolución bolivariana.
Cilia Flores no parece haber nacido para encargarse sólo de la Fundación del Niño, o para llevar una vida discreta y estrechar la mano de los jefes de Estado que visitan Venezuela. Nacida hace 60 años en un hogar pobre en Tinaquillo, estado Cojedes, en el centro de Venezuela, Flores es una mujer hecha a sí misma, con una vida sin relumbrones de éxito –un matrimonio, tres hijos, licenciada en Derecho con concentración en el área laboral y penal- y sin perspectiva alguna de incorporarse a la lucha política hasta que le deslumbró la gesta golpista de Hugo Chávez el 4 de febrero de 1992. 
De inmediato se sumó a la lista de groupies que hizo largas filas en la prisión donde estaba el comandante para conocerlo y ofrecerle su ayuda profesional. La historiografía oficial ha querido usar ese hecho para posicionarla como una de las abogadas que gestionó el indulto de Chávez y sus compañeros de armas en 1994. Javier Elechiguerra, ex fiscal general de la República (1999-2000) y líder de los abogados que entonces defendían a los líderes golpistas, no la recuerda dentro del equipo de juristas. Aunque tal vez, concede, sí haya formado parte de la representación de los oficiales de menor jerarquía que estaban detenidos en otras prisiones de Venezuela.
Esa mentira blanca, en todo caso, no demerita lo hecho por Flores en los años posteriores a la asonada golpista. Nicolás Maduro ha contado que la policía política de la época la persiguió hasta espantarle los clientes. Su matrimonio se hizo trizas. En 1993 fundó el Círculo Bolivariano de Derechos Humanos y se sumó al génesis del chavismo, el partido MBR-200. En esos afanes se enamoraron y se sumaron a un equipo que empezó recorriendo el país por carretera, hablando ante escasas concurrencias mediante micrófonos desde tarimas improvisadas en camionetas, y terminó en 1998 convertido en una riada.
Cilia Flores fue electa como diputada ese mismo año, poco antes de la primera victoria de Hugo Chávez, el 6 de diciembre de 1998, y formó parte del grupo que recibió de la gestión saliente los informes de la situación del Ministerio del Interior y la Policía Científica. Fue reelecta en su curul en 2000, poco después fue jefa de la fracción y en 2006 sucedió a su marido en la presidencia de la Asamblea Nacional hasta 2011, cuando fue nombrada Procuradora General de la República.
Su gestión dejó varias heridas de guerra para la libertad de información. Prohibió el libre desplazamiento de la prensa independiente por los pasillos del hemiciclo de sesiones, y la confinó a un salón donde los periodistas pueden ver la sesión a través de la transmisión oficial de la televisión; diseñó un canal –ANTV- que responde a los intereses del partido de gobierno, que ataca a los parlamentarios disidentes y censura todo aquello que no conviene transmitir, como la brutal paliza que recibieron dirigentes de oposición el martes 30 de abril en la sesión ordinaria.
Flores también influyó en la contratación de 37 personas cercanas a su entorno en el Parlamento, de acuerdo con las denuncias hechas en la prensa por la Unión de Trabajadores y Empleados de la Asamblea Nacional, incluyendo cuatro hermanos, dos sobrinos, dos primos y su ex esposo, padre de sus dos hijos. De esa y otras salió bien librada y con el espaldarazo del comandante presidente, que siempre reconoció en público su lealtad. La suya fue una contribución fundamental para la profundización del socialismo chavista. Tras el fracaso de la reforma constitucional intentada por Chávez en 2007, la hoy primera dama maniobró para complacer los caprichos del comandante presidente, que quería relegirse por siempre en el cargo e instaurar su modelo a través de leyes aprobadas por el Poder Ejecutivo. Sin duda ha sido la dirigente más importante del Partido Socialista Unido de Venezuela.
“Tiene un carácter candela pura (muy fuerte). Es tan fuerte en la casa como lo que mostraba en el Parlamento. Pero yo me impongo con fuerza. La última palabra siempre la tengo yo, cuando le digo 'así es, mi amor”, ironizó Maduro al presentarla durante la campaña presidencial.
Ismael García, quien se separó de la coalición chavista junto al partido Podemos tras manifestarse en desacuerdo con la reforma, y hoy es diputado opositor afirma: “Yo la conocí como una mujer muy humilde. Esa no es la persona que yo conocí. Dicen que la verdadera personalidad de la gente emerge cuando se arriman al poder o lo ejercen”.
Por el momento Flores acompaña a Maduro en sus giras como parte de un equipo político cercano al mandatario. Ha sido nombrada por su marido para iniciar diálogos con el sector de la oposición que reconozca la legitimidad del Presidente. Tal vez su bajo perfil sea apenas un retiro táctico. Cuando Maduro asumió como Presidente hizo suyas las palabras que alguna vez dijo Hugo Chávez en alguna de sus torrenciales discursos. “Quiero entregarle la banda presidencial a una mujer”.


1 de abril de 2013

Una pócima para Hugo Chávez


Los feligreses de esa religión que es el chavismo ya tienen su primera Iglesia. Construida por iniciativa de  María Gabriela, la hija del presidente de Venezuela Hugo Chávez, al lado del Hospital Militar, la llamada Capilla de la Esperanza recibe a quienes se han acercado a respaldar al comandante-presidente en esta dura hora que le ha tocado vivir, la peor desde que regresó a Caracas el 18 de febrero proveniente de La Habana.
Este martes al mediodía los fieles seguidores de Chávez ocupaban los 30 asientos de la pequeña capilla, una construcción a base de vigas y columnas de acero rematada con ladrillos cortados en forma de cruz. En las paredes hay un afiche de la última campaña electoral presidencial. Se trata de una imagen del jefe del Estado pegada sobre un pedazo de cartulina en la que se lee: “Hay que visualizarlo sano”.
En la antesala está Abril Pérez acompañando el rosario en silencio, con un leve movimiento de labios. Lleva en sus manos varias fotocopias de un artículo del veterano periodista deportivo Juan Vene, que reseña una receta de un sacerdote franciscano, Fray Romano, que supuestamente funciona como una pócima mágica que disminuye el tamaño de los tumores malignos o los erradica en definitiva.
Abril es enfermera y todos sus colegas del hospital donde trabaja en Los Valles del Tuy, una lengua de tierra caliente rodeado de una frondosa vegetación a treinta minutos de Caracas, siguen la lógica implacable de la ciencia médica; pero ella, que en esta capilla no es enfermera sino una devota seguidora del presidente Hugo Chávez, le tiene mucha fe a Fray Romano, porque asegura que la receta ha curado de cáncer de seno a su hermana y un linfoma no hodgkin en el abdomen de un vecino.
De pronto otras dos mujeres la rodean para escuchar la explicación: mezclar medio kilo de miel pura, otro medio kilo de sábila y 50 mililitros de ron y tomarlo veinte minutos antes de las comidas en sesiones de diez días. Eso cura. Su hermana se bebió ese brebaje antes del segundo ciclo de quimioterapias y cuando los médicos le hicieron los estudios encontraron que el tumor había disminuido de tamaño dos centímetros. “En el siguiente chequeo había desaparecido por completo”, afirma. Abril quiere contarle a los fieles chavistas que el milagro es posible, y que si alguien le acerca la receta a Hugo Chávez podrá salvar la vida.
El rosario continúa y Nelly Arias camina entre el público con una imagen del Nazareno de San Pablo al lado de una de las tantas fotos que se ha tomado el líder bolivariano con la banda presidencial. Ella también lleva entre manos una vieja imagen de los días cuando el comandante estaba preso en la cárcel de Yare por la intentona golpista contra Carlos Andrés Pérez en 1992. Nelly toma la foto, besa justo la parte donde sonríe el comandante-presidente. Viene del este de la ciudad, de Petare, a pedirle a los santos que obren el milagro que la ciencia no ha podido cumplir.
Su devoción podría sugerir que no resistiría la ausencia definitiva del Presidente, pero ella también parece consciente de la gravedad del primer mandatario. “Si nos falta Chávez, nos queda Nicolás Maduro”, afirma. “Fui seguidora de Carlos Andrés Pérez, pero ya he despertado. Ellos (refiriéndose a la oposición) nunca más volverán”.
Cuando el rosario culmina la mujer que dirige los rezos anuncia a Abril. Y ella empieza a contar la misma historia que poco antes me había contado. La burocracia gubernamental también aprovecha la hora del almuerzo para elevar una plegaria por la salud del comandante-presidente, a quien no han visto desde el pasado 10 de diciembre. “No podemos permitir que perdamos a esta hombre amado como perdimos a Jesucristo”. La gente escucha con atención a Abril acaso porque ya entiende que ya todo está en manos de Dios.


21 de marzo de 2013

Seremos como Chávez


En el 23 de Enero, sobre una loma que da directamente a la que fue su oficina, descansará por ahora el presidente Hugo Chávez. El Museo de la Revolución es una estructura enclavada a menos de dos kilómetros del Palacio de Miraflores, donde se levantan edificios residenciales y viviendas de dos y tres pisos en las inestables laderas de la montaña. Parte del sector es controlado por los llamados colectivos, que tienen una doble función: una fachada de trabajo social con la comunidad y otra, ilegal, mediante la cual imponen la ley. Esos grupos tienen como referentes a Simón Bolívar, Augusto César Sandino, Manuel Marulanda Velez, el guerrillero Tirofijo, y por supuesto el Ché Guevara. Aquí todos los miembros de los colectivos quieren ser como el médico argentino.
El viernes 15 no había mariachis, ni piezas del folklore venezolano sonando a todo dar como tributo al mandatario, fallecido el pasado 5 de marzo víctima de cáncer. La salsa de pronto ha tocado en tango y el cielo azul del Caribe se ha encapotado. En el parque infantil 4 de febrero, detrás del Museo Histórico Militar, un niño disfrazado de Hugo Chávez –traje de campaña, boina roja ladeada- se lanza por el tobogán. Lugareños y extraños tratan de acercarse para ganar una vista privilegiada del lugar. Aquellos eran rostros melancólicos, al igual que los de la grey chavista concentrada frente a la pantalla ubicada al comienzo del Paseo Los Símbolos.  Casi no hablaban entre ellos, algunos usaban lentes oscuros, otros llevaban cascos de motorizado guindados en los antebrazos. Apenas se escuchaban las voces de quienes ofrecen café o refrescos a la multitud.
El silencio más triste lo encarna la familia de José Lamas, un motorizado que ha llegado hasta las exequias junto a su esposa y a su hija. Mientras la familia del líder bolivariano transportaba el féretro en hombros para introducirlo en el vehículo que lo trasladaría hasta su morada final, José consuela a la niña, que llora con tal sentimiento que todos alrededor tienen que ver con su dolor. Él cierra los ojos y mira hacia el cielo como si se preguntara por qué ha muerto el comandante presidente. Durante el velatorio de diez días, dice José, Chávez parecía seguir entre todos. Ahora que han cerrado la cajuela y se desconoce si su cuerpo será preservado para exhibirlo por siempre, José tiene la certeza de que ha caído el telón de la obra de Hugo Chávez. Nunca su recuerdo.
Era la misma duda que tenía Daniel Lugo, uno de los tantos vendedores de las fotos alusivas a Hugo Chávez, una gigantesca operación de mercadeo político con pocos precedentes en el país. Al pie de las escalinatas de El Calvario, cerca del Museo de la Revolución, Lugo decía que algunos de sus amigos temían que los programas sociales desaparecieran con la muerte del líder. Casi de inmediato recordó la última alocución del comandante Chávez en la que ungió al vicepresidente Nicolás Maduro como su sucesor. Eso es lo que llamó Diosdado Cabello, el presidente de la Asamblea Nacional, “el sello de Chávez” durante la misa que precedió el traslado del cuerpo hacia su morada. “No será su partida lo que lo borre de la memoria de los venezolanos y los pueblos del mundo”, agregó el dirigente.
Nicolás Maduro manejaba un Tiuna descapotable delante del féretro y saludaba con el puño en alto a la triste multitud apostada a lo largo del recorrido. Algunos hacían el esfuerzo de correr en paralelo al cortejo, que avanzaba más rápido que el miércoles pasado, cuando la gente casi no dejaba avanzar a la carroza. Las motos rugían o se levantaban en las ruedas traseras. El gesto se convirtió en un acto más de campaña. Bien lo dijo el presidente de la encuestadora Datanalisis, Luis Vicente León, en días pasados. Maduro no es el candidato, sino el vehículo para volver a votar por Chávez.
La campaña electoral comenzará recién el 2 de abril según el Consejo Nacional Electoral, pero en los hechos tanto Maduro como Henrique Capriles Radonski, el abanderado de la opositora Mesa de la Unidad, ya están en la calle llevando su mensaje. Ha sido un intercambio duro y hostil. El chavismo acusa al gobernador del Estado de Miranda de ofender a los familiares del fallecido líder bolivariano. Capriles dudó de la fecha de muerte del caudillo bolivariano. La oposición, que sabe que la impronta de Chávez decidirá el ganador de los comicios del 14 de septiembre, ha tomado su nombre para reforzar una idea que el jefe del Estado sugería en sus discursos y que los suyos siempre creyeron: que la culpa de los errores cometidos en los 14 años de la era Chávez era de los ministros y no del comandante.
Chávez está en la mente de todos los venezolanos. Nadie es indiferente a su legado, para odiarlo o para amarlo. Es hostia sagrada o veneno. Era evidente que para los hombres y mujeres que se apostaron alrededor del Museo de la Revolución, el comandante ya merece un lugar en el panteón de los revolucionarios del siglo XX. Una camioneta modelo Ford llevaba inscrito en el vidrio trasero la frase “Seremos como Chávez”, que aludía, quizás sin saberlo a aquella que repitió Fidel Castro después de la muerte del Che Guevara. Hay algunas similitudes en esas existencias. Las dos fueron vidas intensas, se acabaron relativamente pronto y colocaron en un altar el desprendimiento y la preocupación por el otro. Bien lo sabe Ofelia Pérez. Mientras esperaba el paso del cortejo en la avenida Sucre de Caracas dijo que en lo sucesivo le enseñaría a sus hijos a ser como el Presidente. “Lo juro por esta cruz”, dijo, después de besar la unión de sus dedos índices colocados en cruz. Y de pronto comenzó a llorar.

8 de octubre de 2012

Razones para el amigo deprimido



Anoche, cuando Tibisay Lucena terminó de anunciar los resultados parciales de las elecciones presidenciales, una mujer gritaba enloquecida. Las luces de su apartamento estaban apagadas. "¿Seis años más viviendo con este karma y tú me pides que me calme?", preguntaba. Me imagino al marido en el tierno e inútil lance de alisarle el cabello con la palma de la mano. 
He repasado esa escena varias veces a lo largo del día. En Caracas es casi como un día feriado. Vivo en una calle donde a menudo se escuchan el rugido de los carros y las conversaciones al vuelo de los obreros que vienen o van hacia un apartamento en obras. A lo largo de este día triste algunos amigos me han llamado pidiéndome explicaciones, perplejos, sin entender por qué Hugo Chávez regirá los destinos de Venezuela por otros seis años. Yo tampoco me lo explico, pero he intentado listar las razones por las cuales perdimos las elecciones y padecemos a Chávez desde 1998. También, creo yo, es una forma de calmar el llanto quedo de mi vecina, que desde anoche simboliza esta depresión colectiva de mis familiares y afectos cercanos. Así que aquí voy:
1) Todas las encuestas, salvo Consultores 21, daban al presidente Chávez la primera opción de triunfo y también la segunda. La intención de voto demostraba que el resultado más creíble sería una diferencia de entre 5 y 10 puntos a su favor. Todos aquellos que pronosticaban un empate técnico o una ventaja de Henrique Capriles Radonski, distribuían la alta cantidad de indecisos que arrojaban los estudios entre los dos candidatos, de acuerdo con un análisis que provenía del cruce de varias variables y la interpretación que  un experto hacía de éstas. Y siempre decían que Capriles podría ganar por dos puntos a lo sumo. Las encuestas, hay que recordarlo, tienen un margen de error de tres puntos. 
2) Un informe de Bank of America que pude revisar el viernes 5 de octubre reconocía que Capriles había recortado la ventaja que le había sacado Chávez al inicio de la campaña, pero que ese remate no le alcanzaría para llegar a Miraflores. En el mejor de los casos, decía su autor, Capriles perdería por diferencia de entre cinco y ocho por ciento. Cuando comenté ese estudio en Twitter de inmediato me llevaron a la hoguera. Palabras más, palabras menos, algunos me decían que hacer pública esa información "desmovilizaba" a los electores y que le hacía el juego al gobierno. Todos preferían fijarse en los emotivos actos de cierre de campaña que protagonizaba el candidato en una gira casi suicida.
3) La oposición enfrenta a un gobierno que no tiene escrúpulos a la hora de usar en propio beneficio los recursos del Estado, que intimida y chantajea a sus electores. Fue una campaña desigual, con un Consejo Nacional Electoral plegado a los designios del autócrata y que contó con la colaboración de la propia oposición al aceptar cambios en la mecánica del proceso de votación. Cualquiera que criticara al CNE era inmediatamente condenado con la inaceptable excusa de que así se desmovilizaba al electorado. Que la máquina captahuellas activara la máquina de votación convirtió al electorado más vulnerable, ese que tiene una relación de dependencia con el Estado, pero que acusaba el cansancio de 14 años de mala gestión, en la víctima de la campaña del miedo orquestada por el gobierno. ¿Y qué significaba poner tu huella antes de votar en el imaginario del pueblo más vulnerable? Que el gobierno podía saber por quien votabas. Es cierto que todos nos afanamos en explicar que el voto era secreto, pero esa insistencia, como afirmaba Jorge Lanata en un artículo de Clarín (http://www.clarin.com/mundo/division-trascendera-gobiernos_0_788321236.html) indicaba que algo andaba mal. En Venezuela ninguna institución es digna de nuestra confianza. Esa cosa tan republicana es para nosotros solo una abstracción de los abogados. Lo nuestro es el rumor de pasillo o las certezas de nuestros más allegados.
4) Hemos perdido el olfato político para entender a esa parte del país que hoy es mayoría. La gente no solo vota por Chávez porque tiene miedo, o llenan las avenidas en sus mitines obligados por un jefe fanático. Chávez es también quien mejor ha interpretado a los pobres y además es un fanfarrón con dinero. Es obvio que sin dinero sería un cualquiera y ese supuesto magnetismo que irradia no le serviría, pero no es el caso. El Presidente sigue siendo la única opción válida para quienes se sintieron fuera del reparto de la renta petrolera en la época del bipartidismo cleptómano. ¿No es necesario entonces competir en otro terreno distinto al de las promesas para que la oposición pueda tener real opción de ganar? Esta campaña demostró que es falso que al mantener las misiones se podía conquistar al electorado protochavista. 
5) Derivada de la anterior. No tenemos un instrumento de medición confiable que nos permita traducir la pobreza para capitalizar su descontento. Tampoco contamos con una metodología, tal vez porque ningún método es capaz de traducir una experiencia que nos es ajena. Como no sabemos cómo relacionarnos con el otro entonces ensayamos y siempre erramos. Hace 14 años estamos fallando.
6) Y por favor, dejemos de pensar en el voto oculto. Tenemos ocho años aferrados a esta estampita y nunca se concreta ese castigo al momento de la elección. Dejemos de pensar en la experiencia de Violeta Chamorro cada vez que se acerca una elección y vamos abajo en las encuestas. La vida sigue y esto acabará más pronto que tarde, sin necesidad de tomar un fusil y subir a la Sierra Maestra.



6 de enero de 2011

La Caracas de un optimista irredento


El 25 de julio de 1993, William Niño Araque publicó un artículo en El diario de Caracas en el cual proponía cien ideas para convertir a Caracas en una urbe cosmopolita. En esa nota, posteriormente incluida en un imprescindible compendio literario y emotivo del sociólogo Tulio Hernández llamado Caracas en veinte afectos, Niño desarrolló varias ideas que lo singularizaron entre sus colegas.
Su muerte, ocurrida el pasado 18 de diciembre, puso de relieve el hecho de que había alguien pensando en la humanización de la ciudad en medio del caos que supone vivirla y del evidente deterioro de su infraestructura, profundizado aún más por las recientes lluvias de noviembre y diciembre.
Quien lo escuchaba en sus tertulias radiales con Marianela Salazar, Federico Vegas o María Isabel Peña asistía a una ceremonia única: la de un hombre que escarbaba entre el caos y el absurdo para postular a Caracas como el mejor sitio para vivir. La de Niño era una disertación culta que rescataba el enorme potencial de una ciudad que creció a la vera de una montaña, pero que en su desordenado y caótico crecimiento hoy incluye un vasto frente marítimo, -el de La Guaira- las colinas de los altos mirandinos y las desangeladas Guarenas y Guatire. Así pensaba él. Y hablaba con tal pasión de los desaprovechados potenciales de la capital, que el oyente sólo podía entusiasmarse con el futuro que se proyectaba en sus palabras. Una frase de Tomás Eloy Martínez define muy bien la relación que Niño tenía con la ciudad: “Caracas es como es, desordenada y absurda, pero si fuera de otro modo los caraqueños no podrían amarla tanto”.
En aquel artículo, Niño enumeró cien propuestas. Algunas de ellas no podrían ser concretadas debido a esa pulsión tan venezolana de demoler la memoria arquitectónica. Otras podrían cumplirse sin comprometer el presupuesto del Estado. “Sus ideas requerían más de planes políticos”, afirma María Isabel Peña, directora del Instituto de Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela.
Entre esas propuestas estaban: abrir la puerta de Caracas a La Guaira, definir la ley de protección a la autopista como un preludio paisajístico; ordenar los edificios-puerta que puntualizan el acceso de Catia a la ciudad; incluir en la normativa una estrategia arquitectónica que rija el crecimiento de la ciudad y que permita la inclusión de tipologías: edificio-corredor, edificio-esquina, edificio-puente, edificio-patio; eliminar la fea escultura de Bolívar que remata al Parque Vargas; respaldar una campaña pública para tumbar el terminal de La Bandera y asumir la Autopista del Este con su potencial paisajístico como símbolo de la ciudad.
Otras ideas: utilizar la experiencia de El Silencio como el aporte más significativo de la condición caraqueña -el bloque horizontal y la manzana cerrada alrededor de un patio- que puede reproducirse en otros sectores de la ciudad (San Agustín del Norte, la avenida Casanova, Bello Monte,
La California o la Pastora); construir un edificio-torre o bastión con un pórtico de tres alturas a la entrada de la avenida Casanova cruce con Las Acacias y otro en Las Mercedes, donde está el CVA o el cierre temporal del Parque del Este para recuperar sus espacios y demoler la construcción del museo de Miranda.
Niño estaba triste porque veía el deterioro galopante de la ciudad, pero en esos momentos emergía el optimista que era: se maravillaba con su luz, la Universidad Central o la remodelación de El Calvario, con la que estaba satisfecho. “Él decía que Caracas era un caballo de buen porte pero desnutrido”, recuerda Peña. Las ideas de Niño pretendían recuperar el peso perdido de la ciudad.

30 de diciembre de 2010

Los fieles de CAP

Algo faltó en la misa que organizó Acción Democrática para recordar al ex presidente Carlos Andrés Pérez, fallecido a los 88 años, en Miami, el día de Navidad. No eran los familiares. Allí estaban, en el primer banco de la nave central de la iglesia La Chiquinquirá de La Florida, su esposa ante la ley, Blanca Rodríguez de Pérez, y sus hijas Marta y Carolina. No eran tampoco los políticos adecos y copeyanos que alguna vez fueron poderosos. A los lados y también en las primeras filas destacaban Oswaldo Álvarez Paz, Paulina Gamus, Hilarión Cardozo y Evangelina García Prince. Era esa una postal del país de la concordia, ese que hoy parece sepultado en las tinieblas.
Tampoco se ausentaron los colaboradores cercanos del ex mandatario. Un hombre alto y barba entrecana, vestido con guayabera, llamado Coromoto Rodríguez, repasaba toda su carrera como integrante de la seguridad presidencial. Había en sus palabras entrecortadas el tono agradecido de quien ha pasado toda una vida a la vera de una figura tan avasallante. Con su pajarita de pepitas coloreadas también estaba su médico de cabecera, Nelson Téllez, quien recordaba la célebre vitalidad de Pérez en sus campañas presidenciales, y cómo en 1988, antes de asumir su segunda presidencia, le había diagnosticado a su prominente paciente un problema coronario.
Todos ellos escuchaban compungidos el sermón de monseñor Francisco Javier Monterrey, quien pedía a Dios el perdón de los pecados que haya cometido Carlos Andrés Pérez “por su fragilidad humana”. No era el momento, decía el sacerdote, de proponer un juicio sobre el desempeño del dos veces presidente de Venezuela, porque sólo a Dios le correspondía esa tarea. El cura pasaba por alto el hecho cierto de que a Pérez ya lo han juzgado los hombres.
A falta de las figuras de la actual oposición -muchas de ellas viajaron a Miami para darle el pésame a la compañera de siempre de Pérez, Cecilia Matos, y a sus dos hijas –la misa, que empezó a las 10:00 am y terminó poco antes de las 11:00am- fue el tablado sobre el que se escenificaron las postales más clásicas del sentimiento adeco. Era la reunión de los compañeritos de la base.
Mientras los familiares abandonaban la Iglesia entre los saludos de los asistentes, María Nieves, enfermera jubilada del hospital Domingo Luciani, de 78 años, recorría los asientos vacíos con un vaso de plástico de la campaña presidencial de 1988, insólitamente preservado sobre una caja de cartón gris y dentro de un envase de plástico. La celebérrima calva de Pérez, el cabello negrísimo y una amplia sonrisa recordaban el magnetismo del entonces candidato y las promesas de reeditar las vacas gordas de su primer gobierno.
María Nieves trataba de convencer a dos compañeras para que marcharan el próximo 23 de enero. Sería, aseguraba, una caminata épica que evocaría los tiempos idos del partido blanco. Buscaba ese ánimo tan de bulto en las romerías blancas y que ayer, tal vez por la tristeza o la ausencia de los despojos del líder, escaseaba entre las figuras históricas del bipartidismo. “Yo empecé a cantar el himno, pero nadie me siguió”, le decía una dama a otra a las afueras de la iglesia. “¿Lo intentamos otra vez?”, preguntó una tercera que se sumó a la conversación.
Las tres comenzaron a cantar muy quedo la primera frase del emblemático himno. “Adelante a luchar milicianos...”. Nadie más se sumó al coro. Apenas la compañera Noemí Marcano se acercó al grupo. Llevaba sobre su blusa negra un carnet del Comité Nacional de Trabajadores con CAP firmado por Juan José Delpino y Antonio Ríos. Sus ojos parecían dos bolsas de agua a punto de romperse.

28 de diciembre de 2010

Una entrevista con Teodoro Petkoff

El lunes 27 de diciembre publiqué en El Mundo Economía y Negocios una entrevista con el editor de Tal Cual, Teodoro Petkoff. El espacio, siempre tirano, obligó a dejar algunas reflexiones en meros enunciados. Aquí va, pues, en su totalidad la nota.

El obligado receso que tomó Tal Cual por las vacaciones decembrinas no ha sumergido a Teodoro Petkoff enel relajado espíritu de la época. Al contrario, el director del diario no está de vacaciones y ha seguido de cerca las maratónicas sesiones de la Asamblea Nacional, cuya mayoría chavista aprobó un paquete de leyes que enuncian un cambio en el modo de concebir la propiedad, los poderes públicos y la libertad de expresión. Este es su análisis.
-¿Es este el momento más complicado que hemos vivido con Hugo Chávez?
- No sé si éste sea el momento más complicado que hemos vivido en los complicados 12 años de Hugo Chávez en la presidencia. Sin duda hay un giro táctico en su estrategia que ha acentuado todos los elementos que configuran un régimen dictatorial y peor aún, algunos de los elementos que configuran un régimen totalitario. Debo alertar que en estos 12 años he utilizado ambos términos –totalitario y dictatorial- con mucho cuidado y nunca se los he aplicado al Presidente. He preferido distinguir entre una dictadura y un régimen autoritario, autocrático y personalista como el actual. Ahora he decidido utilizar esos términos porque en las leyes que ha aprobado la Asamblea Nacional hay una acentuación de aquellos elementos que van del mero autoritarismo al ejercicio dictatorial del gobierno. No estamos viviendo una dictadura, sino que las leyes aprobadas ensanchan el control no sólo de los poderes públicos, que ya Chávez los tiene, sino de la sociedad como tal (deportes, cultura, medios, Fuerza Armada, ONG). Pero aún no estamos viviendo en esas condiciones. Pero también, como ocurre con Hugo Chávez, sus acciones son ambivalentes. Por un lado proyecta la imagen de un régimen todopoderoso, pero de otro lado profundiza el rechazo y la resistencia del país. Si miro hacia delante alcanzo a ver un grado mucho mayor de conflictividad y confrontación. El país va a reaccionar en contra de esa pretensión.
-¿Qué elementos de ese giro táctico descrito por usted pretenden controlar a la sociedad?
- En primer lugar, las leyes del Poder Popular, todo lo que tiene que ver con las juntas comunales, porque obviamente si estas leyes fueren viables -no son fáciles de implementar- y se desarrollara ese Poder Popular, se ampliaría el control del Gobierno y del Presidente sobre los sectores populares, a los cuales encuadra y regimenta. En segundo término, las leyes que constriñen la libertad de expresión, llegando a los extremos de controlar Internet, nos hablan de un objetivo indispensable para todo régimen totalitario. Alguna vez Fidel Castro le dijo a Chávez que con libertad de expresión no podría hacer lo que quisiera. Chávez ha llegado al punto en el cual necesita reducir a espacios insignificantes el ejercicio de la libertad de expresión. No creo que sea fácil, pero en cualquier caso ese es el espíritu de las leyes. En tercer lugar, la ley de Cooperación Internacional pretende liquidar a las organizaciones no gubernamentales, que han sido sumamente importantes en la denuncia de violaciones a los derechos humanos y a la Constitución. Son elementos que enuncian el control social. De la hegemonía comunicacional, que suponía la presencia de medios independientes, se pretende pasar ahora a la literal liquidación de medios independientes, especialmente los radioeléctricos.
-¿En qué momento Chávez cae en cuenta de que tiene que dar ese giro táctico? ¿Desde que Fidel Castro le dijo que no obtendría nada garantizando la total libertad de expresión?
- No lo sé, pero lo importante es en qué momento decidió aplicar ese consejo que le dio Fidel Castro, que se lo dio hace bastantes años, por cierto. Lo decidió cuando se dio cuenta de que había perdido el control absoluto de la Asamblea Nacional. El40% del Poder Legislativo va a estar en manos de la oposición, que es una presencia incómoda así el Gobierno tenga la mayoría en el Parlamento. Por mucho que se cambie el reglamento de Interior y de Debates, por más que logren otros cambios mediante triquiñuelas, la gente que está allí va a hablar y a expresarse. Por eso hablo de un punto de inflexión. En el futuro podremos hablar del mes de diciembre de 2010 como un antes y un después en el gobierno de Chávez.
-¿Por qué le cuesta tanto a la comunidad internacional ver en este giro táctico la búsqueda del control total de la sociedad?
- Hace algunos meses era posible formular la pregunta en esos términos, pero la verdad es que el prestigio internacional del Presidente está extremadamente erosionado. Chávez en América Latina está bailando en el ladrillito del Alba, especialmente de Bolivia y Nicaragua. No nos engañemos. Independientemente de lo que haga Rafael Correa dentro de Ecuador, el mandatario de ese país marca una distancia con Chávez. Él no actúa como un miembro pleno del ALBA; al contrario, a veces actúa a contrapelo de la voluntad de Chávez, especialmente por la reconciliación con Colombia. Luego está Cuba, con la peculiaridad de que mientras Chávez avanza en ese camino, Cuba se está devolviendo. En América Latina el prestigio que alguna vez tuvo Chávez, y que le hizo forjarsela idea de un liderazgo continental contra el imperio, se volvió agua de borrajas. Antes había una suerte de entusiasmo en el continente, donde iba era recibido por multitudes, y los gobiernos tenían una inclinación a ser más que corteses con él. Eso se acabó, salvo con las excepciones antes anotadas. Sólo le queda Brasil como relativo entorno indulgente. Lula le “mama gallo” a Chávez por un lado, pero por otro le pasa la mano, para de algún modo servirle de cierto aval internacional, entre otras cosas porque Lula fue el presidente de la gran burguesía brasileña de vocación imperial. Estoy seguro de que la próxima presidenta, Dilma Rousseff, tendrá la intención de aumentar esos $ 7.000 millones que están vendiendo a Venezuela. Aparte de eso no hay un solo gobierno de la región que lo respalde, ni siquiera el de Cristina Fernández de Kirchner, que sin su marido luce muy desprestigiada, o los países del Caribe angloparlante.
-Pero Argentina también lo ha apoyado
- Ese es un caso muy particular. Argentina sólo la entienden los argentinos. Pero por otro lado el proyecto del matrimonio Kirchner está prácticamente muerto. Cristina Fernández está a las puertas de una campaña electoral. Yo no veo claro que las pueda ganar con su marido fuera de la escena. Los países del Caribe angloparlante también están marcando unos matices, dos de cuyos países son miembros del ALBA.
-Hacía la pregunta en el siguiente sentido: el ex presidente Álvaro Uribe comentó en Twitter que mientras la democracia en Venezuela se erosionaba, la comunidad internacional guardaba silencio. Es la eterna tensión entre la legitimidad de origen y la legitimidad derivada del ejercicio de la presidencia. ¿No le cuesta a la comunidad internacional reconocer en ese giro táctico una reducción de los espacios democráticos?
- En eso sí tienes razón. Ningún gobierno de América Latina, con alguna excepción como la de Sebastián Piñera (Chile) o Alan García (Perú), va a asumir posturas críticas activas contra Hugo Chávez. Se limitarán a no tener actitudes favorables hacia él. Eso marca un cambio de humor respecto al Presidente de Venezuela. Ya ni la ultraizquierda europea, especialmente la francesa y la italiana, defienden a Chávez, lo han borrado de los periódicos. No están en contra, sino que decidieron ignorar ese fenómeno. El único gran partido de izquierdas en Europa que todavía mantiene una actitud ambigua con Chávez es el Psoe, que va rumbo a una derrota catastrófica en las próximas elecciones, debido, en parte, a esa alcahuetería.
-¿En ese cuadro crítico que pinta usted, cuánta incidencia tiene el modelo económico que Chávez ha intentado imponer?
- Tiene alguna influencia. Una de esas razones, y no la menos importante, tiene que ver con ese tema. Es un modelo estatizante, que no socialista, un modelo de absorción por parte delEstado de empresas industriales y comerciales. Eso, desde luego, ha generado una enorme aprensión en los emblemas de la pequeña propiedad familiar: eltaxista, elbusetero, la costurera, el que vive del alquiler de habitaciones... Es en los sectores populares donde se ha generado el descontento popular. Cuando Chávez declara en la entrega de apartamentos que la vivienda no es propiedad de quien la recibe, sino del Estado, le está diciendo a ese beneficiario que la vivienda no es un bien que se pueda legar ni vender. Esa persona siente que no es propietario de nada. Igual sucede con la ínfima parte de los campesinos que han recibido tierra para trabajar. En esos sectores, esta concepción estatista de la economía influye en la opinión que se tiene de él.
-¿Las políticas económicas chavistas acaso no han logrado disminuir la creencia de que no hay mayor beneficio para el crecimiento que acumular bienes?
- No sólo los venezolanos. Todos los seres humanos tienen en sus genes lo que pudiéramos llamar
la propensión a la propiedad, a ser propietarios de grandes empresas o de objetos domésticos.
-¿Le ha costadomucho a la izquierda borbónica –encarnada por Castro y Chávez- entender eso?
- Nunca lo entendió. El que no tenía nada se movía según la última línea del Manifiesto Comunista: “Trabajadores del mundo uníos. No tenéis nada que perder, excepto vuestras cadenas”. Resultó que el que no tenía nada que perder excepto sus cadenas, quería tener algo, y tropieza con un régimen que le dice que no puede tener nada más allá del cepillo de dientes. Esta propensión estatizante choca con la naturaleza humana. No en vano se esfondó el Comunismo y Cuba se ha transformado en una ruina política, económica, social y moral. Eso en cuanto a esa parte de la política económica de Chávez. Porque no sé si el resto se puede llamar como tal. Es la antipolítica económica que ha producido una inflación crónica que no ha logrado disminuir. Al contrario, en 2011 podría subir si el Presidente decide subir la alícuota del IVA, aprobar el Impuesto al Débito Bancario y devaluar la moneda. Hasta ahora tenemos una política macroeconómica inflacionaria. Esos elementos hacen que la gente, incluso sus partidarios, repiensen su relación con el Presidente.
-Cuando no pocos hablaban de que el Gobierno tenía intenciones totalitarias y que Venezuela se convertiría en una segunda Cuba, usted mantenía una postura no tan fatalista. Aunque el giro táctico es por el momento una declaración de intenciones, sus opiniones de hoy han terminado confirmando los peores temores respecto a las características de Chávez.
-Profetizar el pasado es una de las cosas más fáciles de hacer. A pesar de que estaba consciente del rumbo que llevaba, jamás definí a Chávez como lo que no era. En 1999 no podía decirse que éste era un régimen totalitario. Esto no es Cuba, ni la URSS. Pretende serlo, avanza hacia allá, pero de las definiciones derivan estrategias y políticas. Si en 1999 decías que en Venezuela había una dictadura, como se dijo, entonces valía todo, entre otras cosas un golpe de Estado. Y en esa época se le impuso a la oposición una estrategia golpista que fracasó y conllevó la eliminación de todo lo que le estorbaba a Chávez en Pdvsa o la Fuerza Armada. Posteriormente se impuso una agenda abstencionista para no convalidar esa “dictadura” y se le dejó al Gobierno la bandera de la legitimidad democrática y casi todas las gobernaciones, alcaldías y el Parlamento. De allí en adelante el proceso de desarrollo del régimen ha estado siempre apoyado en cimientos “legales”. Chávez no ha dado un solo paso que no esté apoyado por leyes aprobadas por una Asamblea Nacional legítima y legal. Imagínate tú una situación contraria en la que la oposición se hubiera plantado con una estrategia democrática. Una situación que hubiera bloqueado la tentación golpista, que desde el primer momento nació debido a lo fácil que era encender una mecha insurreccional. La situación de Venezuela sería muy distinta si desde el comienzo hubiéramos entendido la naturaleza del gobierno. Chávez no habría llegado más allá de 2006.

5 de mayo de 2008

La canción nunca pudo redimirlo

I
El pasado nunca dejó en paz a Carlos Rafael Fernández Griza, mejor conocido como Carlos Ezequiel o “Kraken”. El cantante del grupo de hip hop Santos Negros, que está asentado en la caraqueña barriada de Pinto Salinas, fue asesinado el pasado 20 de abril en la madrugada en el parque Los Caobos. Asistía junto a Rodrigo Javier Ibarra, alias el colombiano, a la celebración de la Semana de Caracas. Distintos tipos de música se escuchaban en las tarimas dispuestas por la Alcaldía Mayor en la arbolada extensión antes de que empezaran los tiros. A Ibarra también lo alcanzó la desgracia y falleció en el tiroteo.
Las primeras informaciones sobre el asesinato de “Carlos Ezequiel” daban cuenta de un horror conocido en las grandes bailantas de Caracas: llegan unos tipos empistolados, se abren paso entre la multitud y llenan de balazos al enemigo. Así ocurrió en el concierto del DJ Carl Cox en 2007. El guión se repitió esta vez, con la diferencia que una de las víctimas era representante de la emergente movida del Hip Hop en Venezuela, una subcultura que cada día tiene más adeptos en las zonas pobres del país. Tal vez por eso el crimen llamó más la atención.
En Estados Unidos los raperos dirimen a plomo sus diferencias. Está el caso de Tupac Shakur, un cantante de la costa este de Estados Unidos masacrado a disparos en Las Vegas en 1997. Aunque ese caso jamás fue aclarado por la policía, el periodismo supone que ese crimen se vincula con disputas relacionadas con la violenta naturaleza de esa subcultura. Los cantantes de la costa oeste estadounidense son enemigos de sus compatriotas de la costa este. Los raperos, además, suelen vejarse mutuamente con sus líricas. Shakur dijo en una canción que se había acostado con la mujer de The Notorius BIG. En el idioma del Hip Hop estadounidense cualquier ofensa semejante puede costar la vida.
No es el caso de Venezuela. “Aquí los grupos exponen sus rivalidades a través de las letras”, reconoce el productor musical Juan Carlos Echandía. “Aquí los raperos no se matan entre sí”, completa Piky, del núcleo endógeno cultural Tiuna El Fuerte. Aún no han importado esa futilidad.

II
La vida de algunos raperos suele estar vinculada al delito, pero muchas veces sucede, como ocurrió con Budú y Nigga, los famosos cantantes de la banda venezolana Tres Dueños, que al alcanzar la fama se convierten en hombres de bien. Nunca abandonan, eso sí, la estética pendenciera y malandra, porque es una marca que individualiza al exponente del Hip Hop. “Carlos Ezequiel” hizo varios intentos de integrarse a la sociedad, pero nunca dejó de ser un delincuente.
Eso piensa la subdelegación Simón Rodríguez del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, que está investigando el caso. La policía ha determinado que “Carlos Ezequiel” compartía su oficio como cantante con el tráfico de estupefacientes en la zona de los bloques de Pinto Salinas. Tenía un pacto de no agresión con la banda enemiga de Los Capri. También estaba solicitado por varias averiguaciones relacionadas con homicidios ocurridos hace dos y tres años. Hasta ahora se ha confirmado que participó en el asesinato de dos miembros de la familia del pelotero Jackson Mijares, que juega en la organización de los Mellizos de Minnesota. La policía estima que le sacaba provecho a la comercialización de drogas.
“Antes de ser rapero, “Carlos Ezequiel” tuvo su pasado de delincuente. Y lo que le pasó a él es una lección para los niños. El malandreo no es un juego. El que a hierro mata, a hierro termina”, afirmó alias “Piki”, coordinador del Núcleo Endógeno Cultural Tiuna El Fuerte”.

III
El envés de esta historia, no obstante, lo presenta como un hombre que pretendía evadir la tentación del delito a través de la música. A mediados de la década de los noventa, “Carlos Ezequiel” formó parte de un grupo de hip hop llamado Quinto Elemento. Vivía entonces, como sus compañeros de canto, en pobreza extrema y el poco dinero que podía devengar como artista no alcanzaba para vivir. “En el barrio era y es difícil sobrevivir. La necesidad lo obligó a delinquir”, afirmó un viejo amigo que prefiere omitir su identidad.
De esa banda también formaba parte Eliud José Suárez Tovar, alias “El Eliud”, con fama de criminal alevoso. A mediados de 2007, Eliud fue asesinado. De acuerdo con registros del Cicpc, había participado en 18 homicidios.
Como toda agrupación musical, Quinto Elemento tampoco escapó a los azares de la convivencia. Hacia 1997 la banda se separó por irreconciliables diferencias entre sus cinco miembros. “Eliud”, “Carlos Ezequiel” y “Harold”, tres de los cantantes, se olvidaron las música y prosiguieron la senda del delito. Según registros del Cicpc, antes de morir “Eliud” había participado en 23 homicidios.
En 2004 “Carlos Ezequiel” volvió a hacer música. Se unió con alias “El Karma” y fundaron la banda Santos Negros, gracias al estímulo de otros representantes de la cultura Hip Hop de Pinto Salinas. Y entonces sí vino una fama doméstica. Grabó un tema con alias “Requesón”, del grupo Guerrilla Seca y fungió de protagonista principal en un video artesanal colgado en la página You Tube. “Carlos Ezequiel” era moreno, muy moreno, y aparecía en la grabación vestido con una franela negra y una gorra. En su mano derecha enseñaba a la cámara una enorme pistola de cacha plateada. La canción, llamada Ultimátum, dice así: Pa’ los bocones / Pa’ los Chiguires / Tanto que hablan / no tienen chiste / Agarren buche / comemos chicle / matamos con un alto calibre.
“En Venezuela los exponentes del Hip Hop hablan de la pobreza y la muerte. Cada rapero que quiere erigirse como una leyenda dice que va a quebrar a sus enemigos. Ese es parte del discurso, pero también implica otras cosas: está, por ejemplo, la disputa entre quienes han alcanzado la fama y aquellos que aún siguen sumidos en el anonimato Yo creo que la búsqueda del hip hop, que es una música de liberación, debería encaminarse hacia algo constructivo”, reflexionó el productor musical Juan Carlos Echandía.
De manera que “Carlos Ezequiel” no sólo era conocido por sus actividades delictivas. Frente al bloque 3, donde vive alias “El Karma”, todos prefieren recordarlo como un cantante. Los vecinos hacen silencio sobre su muerte. Sólo “Piki”, el coordinador del colectivo Tiuna el Fuerte, un núcleo de desarrollo endógeno con sede en El Valle que apoyó la carrera de Santos Negros, lo evoca a cara destapada en esta hora luctuosa. “Yo lo conocí cuando estábamos haciendo un documental sobre el arte como herramienta de participación social. ‘Carlos Ezequiel’ tenía talento. Lo entusiasmamos para que siguiera cantando”.
El año pasado Tiuna El Fuerte organizó un evento en la peligrosa calle Capri donde se presentaron esta y otras bandas. El colectivo proporcionó sonido, tarima y mercadeó el evento. Los vecinos cocinaron sancochos para los asistentes. “Santos Negros era uno de los grupos más famosos de Pinto Salinas. Tenían invitaciones para Colombia y Brasil”, dice alias Piki. Esos planes quedaron sepultados, como el cadáver de “Carlos Ezequiel”.

10 de octubre de 2007

Las razones de un chavista

Voy a compartir con ustedes una derrota. Mejor dicho, compartiré con ustedes una certeza: pasarán muchos años antes de que Hugo Chávez deje el poder por las buenas. Desde hace unos días esa frase no me abandona. Cuando quiero dejarla atrás me toca el hombro y se materializa, como el más abominable de los espectros. Lo presentía al ver las encuestas en torno al liderazgo del Presidente y las inconsistencias de la oposición, llena de gente que cree que lo que nos pasa es una pesadilla. Pero desde hace unos días, decía, tengo la íntima convicción de que este gobierno va para largo.
Ocurrió en la bomba que está al lado del Concresa y frente al viejo centro comercial La Pirámide. Hay sitios que nunca mueren y La Pirámide parece ser uno de ellos. Cuando era pequeño iba por allí a cortarme el pelo en una barbería de niños. Al filo de los dieciocho saqué por primera vez mi certificado médico en un local con puertas de vidrio forradas en papel lustrillo. De resto no sé por qué sobrevive a la apertura de nuevos centros comerciales. La Pirámide es más bien feo, con una distribución que nunca he sabido entender. Debe ser que, pese a la escasez, el Central Madeirense que está allí todavía salva la vida de los vecinos.
El tipo que me abordó en la estación de servicio ubicada frente al centro comercial tenía una sonrisa radiante. El eterno cuento de siempre: "usted es el que sale en Aló Ciudadano los domingos", y yo, "sí, señor, a la orden", y él "dime una cosa, pana mío, es verdad que ustedes sólo pasan aquellas llamadas de la gente de la oposición", y yo, esbozando mi sonrisa de pasta dental, "no filtramos llamadas, pero el operador de audio está pendiente de cualquier palabrota que se le escape a un oyente".
Traté de llenar el tiempo con explicaciones técnicas mientras el bombero completaba el aire de las llantas. Estaba apurado y la puta lluvia que ahora caía no me permitiría avanzar más rápido por la Autopista del Este, que desde mi emplazamiento parecía el estacionamiento del Sambil en diciembre. Le dije al hombre que bajo ningún concepto permitiría insultos contra el presidente Hugo Chávez o alguno de mis compañeras del panel. El discurso fluía rápido como una caída de agua natural hasta que dije:
-Que quede claro que no quiero a Hugo Chávez.
-¿Y por qué no lo quiere? ¿Dime una cosa mala que haya hecho? -me retó el hombre.
-Me molesta de Chávez su autoritarismo, la intolerancia y que quiera hacer de Venezuela la tierra de los que piensan igual que él...
-Y eso qué importa -me atajó el hombre. Yo soy de San Sebastián de los Reyes, al sur de Aragua, y allí mi comandante mandó a construir un centro de salud más grande que el que había. Ahora hay mercaditos populares donde uno puede comprar. Es que los adecos y los copeyanos se olvidaron de la gente pobre, compadre.
-No niego ciertos logros del Gobierno con los programas asistenciales (misiones) y ciertas medidas que favorecen a la clase media. Pero Chávez siente un desprecio olímpico por las normas y los procedimientos -razoné con ese tono de analista político sorprendido por la tenaz resistencia de mi interlocutor.
-Aquí hay que acabar con la burocracia. Si el pueblo está contento al carajo los procedimientos.
Dos bomberos de la estación de servicio nos habían rodeado. Parecían estar en el ring side de un ensogado invisible. Todos asentían cuando mi interlocutor exponía sus argumentos. Traté de ensayar otra explicación, pero ninguno de ellos me quería escuchar. Cada uno completaba la frase del otro.
Me aparté del grupo con la seguridad de que la reforma se aprobará sin mayores trámites dentro de dos meses. Pensé entonces que aquel viejo eslogan de la campaña presidencial de 1983 -¡Jaime es como tu!- le va muy bien al chavista de a pie. ¡Hugo es como tú!. Lo que queda en evidencia, una vez más, es el corpus de preocupaciones de dos clases sociales. Mientras yo detesto a Chávez por razones más bien espirituales, él lo quiere porque le resolvió la vida. No le interesa que haya hipotecado al país. No le interesa que el precio del dólar se aproxime a la cima del Everest (dentro de pronto alcanzará la cota de los 8.800, como el pico más alto del mundo).
El bombero no había terminado de llenar de aire los cauchos de mi carro y aún le faltaba aspirar las alfombras. Dejé a esos tipos celebrando su íntima victoria. Crucé la avenida para cobrar un cheque en una oficina de la torre contigua al Centro Comercial La Pirámide. En la antesala me encontré a Tarek William Saab. Intercambiamos saludos y dándome una palmada en el hombro me dijo:
-Poeta, la oposición no nos gana en diciembre.
-Hoy es diciembre -le contesté.

7 de septiembre de 2007

Epaminondas Pérez

-Se llama Yotana
-¿Y esa vaina? -preguntó José, intrigado- ¿Tiene algo que ver con algún antepasado indígena?.
-Nada que ver. Siempre pensé que si tenía un varón le pondría Otan, por la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Pero como me nació una hembrita decidí ponerle Yotana. Es la misma cosa pero para la mujer.
Las veces que he contado esa anécdota -se la debo a mi amigo José Urriola- nadie quiere creérmela. Se ríen cinco minutos a mandíbula batiente, pero una vez que se calman me dan una palmadita por la espalda y me dicen mentiroso. En una ocasión recordé a Yotana en una cena en casa de una amiga argentina en Buenos Aires. Sus incrédulos viejos tampoco paraban de reir. La cena no me alcanzó para referirme a los nombres con que bautizan a los maracuchos.
Juro que eso es cierto, a menos que mi amigo José, que tiene una imaginación prodigiosa, la haya inventado en una noche de insomnio. Por fortuna una novia de la época lo refrendaba con una seriedad de tesis doctoral. Desde entonces, los nombres extraños de los niños venezolanos son parte de una secreta obsesión. Libreta en mano, ando a la caza de las evidencias como los detectives de las novelas de Hammet.
Ahora que el gobierno pretende limitar la creatividad de los padres a la hora de bautizar a sus hijos he vuelto a revisar la vieja libreta. Ahi tengo apuntado el nombre de Maikel Jordan Chacón. Era el hijo del motorizado que trabajaba en un canal donde alguna vez presté mis servicios. Y también tengo el de Diego Armando Maradona Aguero, el de Paolo Rossi Aguero y el de Ivanistelroy (un horrible homenaje que el cuñado de Juan Arango le hizo al goleador holandés del Real Madrid). ¡Ah, y cómo olvidar a Epaminondas!. Al principio pensaba que era el nombre científico de un reptil descubierto en la selva húmeda del sur de Venezuela. Hace dos días se lo pregunté a un diseñador amigo, que solía reirse conmigo cada vez que apelaba a mi libreta a la hora del almuerzo. Me dijo que Epaminondas Pérez era un tipo que él había conocido en Maracaibo hace muchos años. "Yo no podía parar de reir mientras le estrechaba la mano", recordó.
No me da verguenza confesarlo: el proyecto de ley de registro civil -que pretende regular los nombres extravagantes, cuya pronunciación en español sea imposible, o que expongan al ridículo a los niños- es la iniciativa más sensata que ha tenido el gobierno de Hugo Chávez. Por una vez en la vida aplaudo al proceso bolivariano. Me parece una exageración limitar el registro a una lista de sólo 100 nombres, pero por algo hay que empezar. Ya está bueno de que los Joineker, Yesaidu, Usnavy, Espaiderman o Anli (ojo, no confundir con el genial director de cine chino, porque en realidad es la mezcla de los nombres de Andres, su papá, y Lidis, su mamá) tengan que soportar toda una vida de joda.