14 de mayo de 2013

La improbable Primera Dama





Recién el pasado 2 de mayo el presidente Nicolás Maduro mencionó que Cilia Flores era la primera dama de la República Bolivariana de Venezuela. Hasta entonces se había negado calificar así en público a su compañera, acaso para darle la espalda al protocolo, algo tan consustancial al chavismo, pero también porque lo consideraba como una trivialidad burguesa. “Ese es un concepto de alta alcurnia”, explicó el hoy jefe de Estado el día que inscribió su candidatura. Prefirió entonces endilgarle un mote más ridículo  –La Primera Combatiente de la República- como para seguir impostando la falsa epopeya de la revolución bolivariana.
Cilia Flores no parece haber nacido para encargarse sólo de la Fundación del Niño, o para llevar una vida discreta y estrechar la mano de los jefes de Estado que visitan Venezuela. Nacida hace 60 años en un hogar pobre en Tinaquillo, estado Cojedes, en el centro de Venezuela, Flores es una mujer hecha a sí misma, con una vida sin relumbrones de éxito –un matrimonio, tres hijos, licenciada en Derecho con concentración en el área laboral y penal- y sin perspectiva alguna de incorporarse a la lucha política hasta que le deslumbró la gesta golpista de Hugo Chávez el 4 de febrero de 1992. 
De inmediato se sumó a la lista de groupies que hizo largas filas en la prisión donde estaba el comandante para conocerlo y ofrecerle su ayuda profesional. La historiografía oficial ha querido usar ese hecho para posicionarla como una de las abogadas que gestionó el indulto de Chávez y sus compañeros de armas en 1994. Javier Elechiguerra, ex fiscal general de la República (1999-2000) y líder de los abogados que entonces defendían a los líderes golpistas, no la recuerda dentro del equipo de juristas. Aunque tal vez, concede, sí haya formado parte de la representación de los oficiales de menor jerarquía que estaban detenidos en otras prisiones de Venezuela.
Esa mentira blanca, en todo caso, no demerita lo hecho por Flores en los años posteriores a la asonada golpista. Nicolás Maduro ha contado que la policía política de la época la persiguió hasta espantarle los clientes. Su matrimonio se hizo trizas. En 1993 fundó el Círculo Bolivariano de Derechos Humanos y se sumó al génesis del chavismo, el partido MBR-200. En esos afanes se enamoraron y se sumaron a un equipo que empezó recorriendo el país por carretera, hablando ante escasas concurrencias mediante micrófonos desde tarimas improvisadas en camionetas, y terminó en 1998 convertido en una riada.
Cilia Flores fue electa como diputada ese mismo año, poco antes de la primera victoria de Hugo Chávez, el 6 de diciembre de 1998, y formó parte del grupo que recibió de la gestión saliente los informes de la situación del Ministerio del Interior y la Policía Científica. Fue reelecta en su curul en 2000, poco después fue jefa de la fracción y en 2006 sucedió a su marido en la presidencia de la Asamblea Nacional hasta 2011, cuando fue nombrada Procuradora General de la República.
Su gestión dejó varias heridas de guerra para la libertad de información. Prohibió el libre desplazamiento de la prensa independiente por los pasillos del hemiciclo de sesiones, y la confinó a un salón donde los periodistas pueden ver la sesión a través de la transmisión oficial de la televisión; diseñó un canal –ANTV- que responde a los intereses del partido de gobierno, que ataca a los parlamentarios disidentes y censura todo aquello que no conviene transmitir, como la brutal paliza que recibieron dirigentes de oposición el martes 30 de abril en la sesión ordinaria.
Flores también influyó en la contratación de 37 personas cercanas a su entorno en el Parlamento, de acuerdo con las denuncias hechas en la prensa por la Unión de Trabajadores y Empleados de la Asamblea Nacional, incluyendo cuatro hermanos, dos sobrinos, dos primos y su ex esposo, padre de sus dos hijos. De esa y otras salió bien librada y con el espaldarazo del comandante presidente, que siempre reconoció en público su lealtad. La suya fue una contribución fundamental para la profundización del socialismo chavista. Tras el fracaso de la reforma constitucional intentada por Chávez en 2007, la hoy primera dama maniobró para complacer los caprichos del comandante presidente, que quería relegirse por siempre en el cargo e instaurar su modelo a través de leyes aprobadas por el Poder Ejecutivo. Sin duda ha sido la dirigente más importante del Partido Socialista Unido de Venezuela.
“Tiene un carácter candela pura (muy fuerte). Es tan fuerte en la casa como lo que mostraba en el Parlamento. Pero yo me impongo con fuerza. La última palabra siempre la tengo yo, cuando le digo 'así es, mi amor”, ironizó Maduro al presentarla durante la campaña presidencial.
Ismael García, quien se separó de la coalición chavista junto al partido Podemos tras manifestarse en desacuerdo con la reforma, y hoy es diputado opositor afirma: “Yo la conocí como una mujer muy humilde. Esa no es la persona que yo conocí. Dicen que la verdadera personalidad de la gente emerge cuando se arriman al poder o lo ejercen”.
Por el momento Flores acompaña a Maduro en sus giras como parte de un equipo político cercano al mandatario. Ha sido nombrada por su marido para iniciar diálogos con el sector de la oposición que reconozca la legitimidad del Presidente. Tal vez su bajo perfil sea apenas un retiro táctico. Cuando Maduro asumió como Presidente hizo suyas las palabras que alguna vez dijo Hugo Chávez en alguna de sus torrenciales discursos. “Quiero entregarle la banda presidencial a una mujer”.


1 de abril de 2013

Una pócima para Hugo Chávez


Los feligreses de esa religión que es el chavismo ya tienen su primera Iglesia. Construida por iniciativa de  María Gabriela, la hija del presidente de Venezuela Hugo Chávez, al lado del Hospital Militar, la llamada Capilla de la Esperanza recibe a quienes se han acercado a respaldar al comandante-presidente en esta dura hora que le ha tocado vivir, la peor desde que regresó a Caracas el 18 de febrero proveniente de La Habana.
Este martes al mediodía los fieles seguidores de Chávez ocupaban los 30 asientos de la pequeña capilla, una construcción a base de vigas y columnas de acero rematada con ladrillos cortados en forma de cruz. En las paredes hay un afiche de la última campaña electoral presidencial. Se trata de una imagen del jefe del Estado pegada sobre un pedazo de cartulina en la que se lee: “Hay que visualizarlo sano”.
En la antesala está Abril Pérez acompañando el rosario en silencio, con un leve movimiento de labios. Lleva en sus manos varias fotocopias de un artículo del veterano periodista deportivo Juan Vene, que reseña una receta de un sacerdote franciscano, Fray Romano, que supuestamente funciona como una pócima mágica que disminuye el tamaño de los tumores malignos o los erradica en definitiva.
Abril es enfermera y todos sus colegas del hospital donde trabaja en Los Valles del Tuy, una lengua de tierra caliente rodeado de una frondosa vegetación a treinta minutos de Caracas, siguen la lógica implacable de la ciencia médica; pero ella, que en esta capilla no es enfermera sino una devota seguidora del presidente Hugo Chávez, le tiene mucha fe a Fray Romano, porque asegura que la receta ha curado de cáncer de seno a su hermana y un linfoma no hodgkin en el abdomen de un vecino.
De pronto otras dos mujeres la rodean para escuchar la explicación: mezclar medio kilo de miel pura, otro medio kilo de sábila y 50 mililitros de ron y tomarlo veinte minutos antes de las comidas en sesiones de diez días. Eso cura. Su hermana se bebió ese brebaje antes del segundo ciclo de quimioterapias y cuando los médicos le hicieron los estudios encontraron que el tumor había disminuido de tamaño dos centímetros. “En el siguiente chequeo había desaparecido por completo”, afirma. Abril quiere contarle a los fieles chavistas que el milagro es posible, y que si alguien le acerca la receta a Hugo Chávez podrá salvar la vida.
El rosario continúa y Nelly Arias camina entre el público con una imagen del Nazareno de San Pablo al lado de una de las tantas fotos que se ha tomado el líder bolivariano con la banda presidencial. Ella también lleva entre manos una vieja imagen de los días cuando el comandante estaba preso en la cárcel de Yare por la intentona golpista contra Carlos Andrés Pérez en 1992. Nelly toma la foto, besa justo la parte donde sonríe el comandante-presidente. Viene del este de la ciudad, de Petare, a pedirle a los santos que obren el milagro que la ciencia no ha podido cumplir.
Su devoción podría sugerir que no resistiría la ausencia definitiva del Presidente, pero ella también parece consciente de la gravedad del primer mandatario. “Si nos falta Chávez, nos queda Nicolás Maduro”, afirma. “Fui seguidora de Carlos Andrés Pérez, pero ya he despertado. Ellos (refiriéndose a la oposición) nunca más volverán”.
Cuando el rosario culmina la mujer que dirige los rezos anuncia a Abril. Y ella empieza a contar la misma historia que poco antes me había contado. La burocracia gubernamental también aprovecha la hora del almuerzo para elevar una plegaria por la salud del comandante-presidente, a quien no han visto desde el pasado 10 de diciembre. “No podemos permitir que perdamos a esta hombre amado como perdimos a Jesucristo”. La gente escucha con atención a Abril acaso porque ya entiende que ya todo está en manos de Dios.


21 de marzo de 2013

Seremos como Chávez


En el 23 de Enero, sobre una loma que da directamente a la que fue su oficina, descansará por ahora el presidente Hugo Chávez. El Museo de la Revolución es una estructura enclavada a menos de dos kilómetros del Palacio de Miraflores, donde se levantan edificios residenciales y viviendas de dos y tres pisos en las inestables laderas de la montaña. Parte del sector es controlado por los llamados colectivos, que tienen una doble función: una fachada de trabajo social con la comunidad y otra, ilegal, mediante la cual imponen la ley. Esos grupos tienen como referentes a Simón Bolívar, Augusto César Sandino, Manuel Marulanda Velez, el guerrillero Tirofijo, y por supuesto el Ché Guevara. Aquí todos los miembros de los colectivos quieren ser como el médico argentino.
El viernes 15 no había mariachis, ni piezas del folklore venezolano sonando a todo dar como tributo al mandatario, fallecido el pasado 5 de marzo víctima de cáncer. La salsa de pronto ha tocado en tango y el cielo azul del Caribe se ha encapotado. En el parque infantil 4 de febrero, detrás del Museo Histórico Militar, un niño disfrazado de Hugo Chávez –traje de campaña, boina roja ladeada- se lanza por el tobogán. Lugareños y extraños tratan de acercarse para ganar una vista privilegiada del lugar. Aquellos eran rostros melancólicos, al igual que los de la grey chavista concentrada frente a la pantalla ubicada al comienzo del Paseo Los Símbolos.  Casi no hablaban entre ellos, algunos usaban lentes oscuros, otros llevaban cascos de motorizado guindados en los antebrazos. Apenas se escuchaban las voces de quienes ofrecen café o refrescos a la multitud.
El silencio más triste lo encarna la familia de José Lamas, un motorizado que ha llegado hasta las exequias junto a su esposa y a su hija. Mientras la familia del líder bolivariano transportaba el féretro en hombros para introducirlo en el vehículo que lo trasladaría hasta su morada final, José consuela a la niña, que llora con tal sentimiento que todos alrededor tienen que ver con su dolor. Él cierra los ojos y mira hacia el cielo como si se preguntara por qué ha muerto el comandante presidente. Durante el velatorio de diez días, dice José, Chávez parecía seguir entre todos. Ahora que han cerrado la cajuela y se desconoce si su cuerpo será preservado para exhibirlo por siempre, José tiene la certeza de que ha caído el telón de la obra de Hugo Chávez. Nunca su recuerdo.
Era la misma duda que tenía Daniel Lugo, uno de los tantos vendedores de las fotos alusivas a Hugo Chávez, una gigantesca operación de mercadeo político con pocos precedentes en el país. Al pie de las escalinatas de El Calvario, cerca del Museo de la Revolución, Lugo decía que algunos de sus amigos temían que los programas sociales desaparecieran con la muerte del líder. Casi de inmediato recordó la última alocución del comandante Chávez en la que ungió al vicepresidente Nicolás Maduro como su sucesor. Eso es lo que llamó Diosdado Cabello, el presidente de la Asamblea Nacional, “el sello de Chávez” durante la misa que precedió el traslado del cuerpo hacia su morada. “No será su partida lo que lo borre de la memoria de los venezolanos y los pueblos del mundo”, agregó el dirigente.
Nicolás Maduro manejaba un Tiuna descapotable delante del féretro y saludaba con el puño en alto a la triste multitud apostada a lo largo del recorrido. Algunos hacían el esfuerzo de correr en paralelo al cortejo, que avanzaba más rápido que el miércoles pasado, cuando la gente casi no dejaba avanzar a la carroza. Las motos rugían o se levantaban en las ruedas traseras. El gesto se convirtió en un acto más de campaña. Bien lo dijo el presidente de la encuestadora Datanalisis, Luis Vicente León, en días pasados. Maduro no es el candidato, sino el vehículo para volver a votar por Chávez.
La campaña electoral comenzará recién el 2 de abril según el Consejo Nacional Electoral, pero en los hechos tanto Maduro como Henrique Capriles Radonski, el abanderado de la opositora Mesa de la Unidad, ya están en la calle llevando su mensaje. Ha sido un intercambio duro y hostil. El chavismo acusa al gobernador del Estado de Miranda de ofender a los familiares del fallecido líder bolivariano. Capriles dudó de la fecha de muerte del caudillo bolivariano. La oposición, que sabe que la impronta de Chávez decidirá el ganador de los comicios del 14 de septiembre, ha tomado su nombre para reforzar una idea que el jefe del Estado sugería en sus discursos y que los suyos siempre creyeron: que la culpa de los errores cometidos en los 14 años de la era Chávez era de los ministros y no del comandante.
Chávez está en la mente de todos los venezolanos. Nadie es indiferente a su legado, para odiarlo o para amarlo. Es hostia sagrada o veneno. Era evidente que para los hombres y mujeres que se apostaron alrededor del Museo de la Revolución, el comandante ya merece un lugar en el panteón de los revolucionarios del siglo XX. Una camioneta modelo Ford llevaba inscrito en el vidrio trasero la frase “Seremos como Chávez”, que aludía, quizás sin saberlo a aquella que repitió Fidel Castro después de la muerte del Che Guevara. Hay algunas similitudes en esas existencias. Las dos fueron vidas intensas, se acabaron relativamente pronto y colocaron en un altar el desprendimiento y la preocupación por el otro. Bien lo sabe Ofelia Pérez. Mientras esperaba el paso del cortejo en la avenida Sucre de Caracas dijo que en lo sucesivo le enseñaría a sus hijos a ser como el Presidente. “Lo juro por esta cruz”, dijo, después de besar la unión de sus dedos índices colocados en cruz. Y de pronto comenzó a llorar.

8 de octubre de 2012

Razones para el amigo deprimido



Anoche, cuando Tibisay Lucena terminó de anunciar los resultados parciales de las elecciones presidenciales, una mujer gritaba enloquecida. Las luces de su apartamento estaban apagadas. "¿Seis años más viviendo con este karma y tú me pides que me calme?", preguntaba. Me imagino al marido en el tierno e inútil lance de alisarle el cabello con la palma de la mano. 
He repasado esa escena varias veces a lo largo del día. En Caracas es casi como un día feriado. Vivo en una calle donde a menudo se escuchan el rugido de los carros y las conversaciones al vuelo de los obreros que vienen o van hacia un apartamento en obras. A lo largo de este día triste algunos amigos me han llamado pidiéndome explicaciones, perplejos, sin entender por qué Hugo Chávez regirá los destinos de Venezuela por otros seis años. Yo tampoco me lo explico, pero he intentado listar las razones por las cuales perdimos las elecciones y padecemos a Chávez desde 1998. También, creo yo, es una forma de calmar el llanto quedo de mi vecina, que desde anoche simboliza esta depresión colectiva de mis familiares y afectos cercanos. Así que aquí voy:
1) Todas las encuestas, salvo Consultores 21, daban al presidente Chávez la primera opción de triunfo y también la segunda. La intención de voto demostraba que el resultado más creíble sería una diferencia de entre 5 y 10 puntos a su favor. Todos aquellos que pronosticaban un empate técnico o una ventaja de Henrique Capriles Radonski, distribuían la alta cantidad de indecisos que arrojaban los estudios entre los dos candidatos, de acuerdo con un análisis que provenía del cruce de varias variables y la interpretación que  un experto hacía de éstas. Y siempre decían que Capriles podría ganar por dos puntos a lo sumo. Las encuestas, hay que recordarlo, tienen un margen de error de tres puntos. 
2) Un informe de Bank of America que pude revisar el viernes 5 de octubre reconocía que Capriles había recortado la ventaja que le había sacado Chávez al inicio de la campaña, pero que ese remate no le alcanzaría para llegar a Miraflores. En el mejor de los casos, decía su autor, Capriles perdería por diferencia de entre cinco y ocho por ciento. Cuando comenté ese estudio en Twitter de inmediato me llevaron a la hoguera. Palabras más, palabras menos, algunos me decían que hacer pública esa información "desmovilizaba" a los electores y que le hacía el juego al gobierno. Todos preferían fijarse en los emotivos actos de cierre de campaña que protagonizaba el candidato en una gira casi suicida.
3) La oposición enfrenta a un gobierno que no tiene escrúpulos a la hora de usar en propio beneficio los recursos del Estado, que intimida y chantajea a sus electores. Fue una campaña desigual, con un Consejo Nacional Electoral plegado a los designios del autócrata y que contó con la colaboración de la propia oposición al aceptar cambios en la mecánica del proceso de votación. Cualquiera que criticara al CNE era inmediatamente condenado con la inaceptable excusa de que así se desmovilizaba al electorado. Que la máquina captahuellas activara la máquina de votación convirtió al electorado más vulnerable, ese que tiene una relación de dependencia con el Estado, pero que acusaba el cansancio de 14 años de mala gestión, en la víctima de la campaña del miedo orquestada por el gobierno. ¿Y qué significaba poner tu huella antes de votar en el imaginario del pueblo más vulnerable? Que el gobierno podía saber por quien votabas. Es cierto que todos nos afanamos en explicar que el voto era secreto, pero esa insistencia, como afirmaba Jorge Lanata en un artículo de Clarín (http://www.clarin.com/mundo/division-trascendera-gobiernos_0_788321236.html) indicaba que algo andaba mal. En Venezuela ninguna institución es digna de nuestra confianza. Esa cosa tan republicana es para nosotros solo una abstracción de los abogados. Lo nuestro es el rumor de pasillo o las certezas de nuestros más allegados.
4) Hemos perdido el olfato político para entender a esa parte del país que hoy es mayoría. La gente no solo vota por Chávez porque tiene miedo, o llenan las avenidas en sus mitines obligados por un jefe fanático. Chávez es también quien mejor ha interpretado a los pobres y además es un fanfarrón con dinero. Es obvio que sin dinero sería un cualquiera y ese supuesto magnetismo que irradia no le serviría, pero no es el caso. El Presidente sigue siendo la única opción válida para quienes se sintieron fuera del reparto de la renta petrolera en la época del bipartidismo cleptómano. ¿No es necesario entonces competir en otro terreno distinto al de las promesas para que la oposición pueda tener real opción de ganar? Esta campaña demostró que es falso que al mantener las misiones se podía conquistar al electorado protochavista. 
5) Derivada de la anterior. No tenemos un instrumento de medición confiable que nos permita traducir la pobreza para capitalizar su descontento. Tampoco contamos con una metodología, tal vez porque ningún método es capaz de traducir una experiencia que nos es ajena. Como no sabemos cómo relacionarnos con el otro entonces ensayamos y siempre erramos. Hace 14 años estamos fallando.
6) Y por favor, dejemos de pensar en el voto oculto. Tenemos ocho años aferrados a esta estampita y nunca se concreta ese castigo al momento de la elección. Dejemos de pensar en la experiencia de Violeta Chamorro cada vez que se acerca una elección y vamos abajo en las encuestas. La vida sigue y esto acabará más pronto que tarde, sin necesidad de tomar un fusil y subir a la Sierra Maestra.



6 de enero de 2011

La Caracas de un optimista irredento


El 25 de julio de 1993, William Niño Araque publicó un artículo en El diario de Caracas en el cual proponía cien ideas para convertir a Caracas en una urbe cosmopolita. En esa nota, posteriormente incluida en un imprescindible compendio literario y emotivo del sociólogo Tulio Hernández llamado Caracas en veinte afectos, Niño desarrolló varias ideas que lo singularizaron entre sus colegas.
Su muerte, ocurrida el pasado 18 de diciembre, puso de relieve el hecho de que había alguien pensando en la humanización de la ciudad en medio del caos que supone vivirla y del evidente deterioro de su infraestructura, profundizado aún más por las recientes lluvias de noviembre y diciembre.
Quien lo escuchaba en sus tertulias radiales con Marianela Salazar, Federico Vegas o María Isabel Peña asistía a una ceremonia única: la de un hombre que escarbaba entre el caos y el absurdo para postular a Caracas como el mejor sitio para vivir. La de Niño era una disertación culta que rescataba el enorme potencial de una ciudad que creció a la vera de una montaña, pero que en su desordenado y caótico crecimiento hoy incluye un vasto frente marítimo, -el de La Guaira- las colinas de los altos mirandinos y las desangeladas Guarenas y Guatire. Así pensaba él. Y hablaba con tal pasión de los desaprovechados potenciales de la capital, que el oyente sólo podía entusiasmarse con el futuro que se proyectaba en sus palabras. Una frase de Tomás Eloy Martínez define muy bien la relación que Niño tenía con la ciudad: “Caracas es como es, desordenada y absurda, pero si fuera de otro modo los caraqueños no podrían amarla tanto”.
En aquel artículo, Niño enumeró cien propuestas. Algunas de ellas no podrían ser concretadas debido a esa pulsión tan venezolana de demoler la memoria arquitectónica. Otras podrían cumplirse sin comprometer el presupuesto del Estado. “Sus ideas requerían más de planes políticos”, afirma María Isabel Peña, directora del Instituto de Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela.
Entre esas propuestas estaban: abrir la puerta de Caracas a La Guaira, definir la ley de protección a la autopista como un preludio paisajístico; ordenar los edificios-puerta que puntualizan el acceso de Catia a la ciudad; incluir en la normativa una estrategia arquitectónica que rija el crecimiento de la ciudad y que permita la inclusión de tipologías: edificio-corredor, edificio-esquina, edificio-puente, edificio-patio; eliminar la fea escultura de Bolívar que remata al Parque Vargas; respaldar una campaña pública para tumbar el terminal de La Bandera y asumir la Autopista del Este con su potencial paisajístico como símbolo de la ciudad.
Otras ideas: utilizar la experiencia de El Silencio como el aporte más significativo de la condición caraqueña -el bloque horizontal y la manzana cerrada alrededor de un patio- que puede reproducirse en otros sectores de la ciudad (San Agustín del Norte, la avenida Casanova, Bello Monte,
La California o la Pastora); construir un edificio-torre o bastión con un pórtico de tres alturas a la entrada de la avenida Casanova cruce con Las Acacias y otro en Las Mercedes, donde está el CVA o el cierre temporal del Parque del Este para recuperar sus espacios y demoler la construcción del museo de Miranda.
Niño estaba triste porque veía el deterioro galopante de la ciudad, pero en esos momentos emergía el optimista que era: se maravillaba con su luz, la Universidad Central o la remodelación de El Calvario, con la que estaba satisfecho. “Él decía que Caracas era un caballo de buen porte pero desnutrido”, recuerda Peña. Las ideas de Niño pretendían recuperar el peso perdido de la ciudad.

30 de diciembre de 2010

Los fieles de CAP

Algo faltó en la misa que organizó Acción Democrática para recordar al ex presidente Carlos Andrés Pérez, fallecido a los 88 años, en Miami, el día de Navidad. No eran los familiares. Allí estaban, en el primer banco de la nave central de la iglesia La Chiquinquirá de La Florida, su esposa ante la ley, Blanca Rodríguez de Pérez, y sus hijas Marta y Carolina. No eran tampoco los políticos adecos y copeyanos que alguna vez fueron poderosos. A los lados y también en las primeras filas destacaban Oswaldo Álvarez Paz, Paulina Gamus, Hilarión Cardozo y Evangelina García Prince. Era esa una postal del país de la concordia, ese que hoy parece sepultado en las tinieblas.
Tampoco se ausentaron los colaboradores cercanos del ex mandatario. Un hombre alto y barba entrecana, vestido con guayabera, llamado Coromoto Rodríguez, repasaba toda su carrera como integrante de la seguridad presidencial. Había en sus palabras entrecortadas el tono agradecido de quien ha pasado toda una vida a la vera de una figura tan avasallante. Con su pajarita de pepitas coloreadas también estaba su médico de cabecera, Nelson Téllez, quien recordaba la célebre vitalidad de Pérez en sus campañas presidenciales, y cómo en 1988, antes de asumir su segunda presidencia, le había diagnosticado a su prominente paciente un problema coronario.
Todos ellos escuchaban compungidos el sermón de monseñor Francisco Javier Monterrey, quien pedía a Dios el perdón de los pecados que haya cometido Carlos Andrés Pérez “por su fragilidad humana”. No era el momento, decía el sacerdote, de proponer un juicio sobre el desempeño del dos veces presidente de Venezuela, porque sólo a Dios le correspondía esa tarea. El cura pasaba por alto el hecho cierto de que a Pérez ya lo han juzgado los hombres.
A falta de las figuras de la actual oposición -muchas de ellas viajaron a Miami para darle el pésame a la compañera de siempre de Pérez, Cecilia Matos, y a sus dos hijas –la misa, que empezó a las 10:00 am y terminó poco antes de las 11:00am- fue el tablado sobre el que se escenificaron las postales más clásicas del sentimiento adeco. Era la reunión de los compañeritos de la base.
Mientras los familiares abandonaban la Iglesia entre los saludos de los asistentes, María Nieves, enfermera jubilada del hospital Domingo Luciani, de 78 años, recorría los asientos vacíos con un vaso de plástico de la campaña presidencial de 1988, insólitamente preservado sobre una caja de cartón gris y dentro de un envase de plástico. La celebérrima calva de Pérez, el cabello negrísimo y una amplia sonrisa recordaban el magnetismo del entonces candidato y las promesas de reeditar las vacas gordas de su primer gobierno.
María Nieves trataba de convencer a dos compañeras para que marcharan el próximo 23 de enero. Sería, aseguraba, una caminata épica que evocaría los tiempos idos del partido blanco. Buscaba ese ánimo tan de bulto en las romerías blancas y que ayer, tal vez por la tristeza o la ausencia de los despojos del líder, escaseaba entre las figuras históricas del bipartidismo. “Yo empecé a cantar el himno, pero nadie me siguió”, le decía una dama a otra a las afueras de la iglesia. “¿Lo intentamos otra vez?”, preguntó una tercera que se sumó a la conversación.
Las tres comenzaron a cantar muy quedo la primera frase del emblemático himno. “Adelante a luchar milicianos...”. Nadie más se sumó al coro. Apenas la compañera Noemí Marcano se acercó al grupo. Llevaba sobre su blusa negra un carnet del Comité Nacional de Trabajadores con CAP firmado por Juan José Delpino y Antonio Ríos. Sus ojos parecían dos bolsas de agua a punto de romperse.

28 de diciembre de 2010

Una entrevista con Teodoro Petkoff

El lunes 27 de diciembre publiqué en El Mundo Economía y Negocios una entrevista con el editor de Tal Cual, Teodoro Petkoff. El espacio, siempre tirano, obligó a dejar algunas reflexiones en meros enunciados. Aquí va, pues, en su totalidad la nota.

El obligado receso que tomó Tal Cual por las vacaciones decembrinas no ha sumergido a Teodoro Petkoff enel relajado espíritu de la época. Al contrario, el director del diario no está de vacaciones y ha seguido de cerca las maratónicas sesiones de la Asamblea Nacional, cuya mayoría chavista aprobó un paquete de leyes que enuncian un cambio en el modo de concebir la propiedad, los poderes públicos y la libertad de expresión. Este es su análisis.
-¿Es este el momento más complicado que hemos vivido con Hugo Chávez?
- No sé si éste sea el momento más complicado que hemos vivido en los complicados 12 años de Hugo Chávez en la presidencia. Sin duda hay un giro táctico en su estrategia que ha acentuado todos los elementos que configuran un régimen dictatorial y peor aún, algunos de los elementos que configuran un régimen totalitario. Debo alertar que en estos 12 años he utilizado ambos términos –totalitario y dictatorial- con mucho cuidado y nunca se los he aplicado al Presidente. He preferido distinguir entre una dictadura y un régimen autoritario, autocrático y personalista como el actual. Ahora he decidido utilizar esos términos porque en las leyes que ha aprobado la Asamblea Nacional hay una acentuación de aquellos elementos que van del mero autoritarismo al ejercicio dictatorial del gobierno. No estamos viviendo una dictadura, sino que las leyes aprobadas ensanchan el control no sólo de los poderes públicos, que ya Chávez los tiene, sino de la sociedad como tal (deportes, cultura, medios, Fuerza Armada, ONG). Pero aún no estamos viviendo en esas condiciones. Pero también, como ocurre con Hugo Chávez, sus acciones son ambivalentes. Por un lado proyecta la imagen de un régimen todopoderoso, pero de otro lado profundiza el rechazo y la resistencia del país. Si miro hacia delante alcanzo a ver un grado mucho mayor de conflictividad y confrontación. El país va a reaccionar en contra de esa pretensión.
-¿Qué elementos de ese giro táctico descrito por usted pretenden controlar a la sociedad?
- En primer lugar, las leyes del Poder Popular, todo lo que tiene que ver con las juntas comunales, porque obviamente si estas leyes fueren viables -no son fáciles de implementar- y se desarrollara ese Poder Popular, se ampliaría el control del Gobierno y del Presidente sobre los sectores populares, a los cuales encuadra y regimenta. En segundo término, las leyes que constriñen la libertad de expresión, llegando a los extremos de controlar Internet, nos hablan de un objetivo indispensable para todo régimen totalitario. Alguna vez Fidel Castro le dijo a Chávez que con libertad de expresión no podría hacer lo que quisiera. Chávez ha llegado al punto en el cual necesita reducir a espacios insignificantes el ejercicio de la libertad de expresión. No creo que sea fácil, pero en cualquier caso ese es el espíritu de las leyes. En tercer lugar, la ley de Cooperación Internacional pretende liquidar a las organizaciones no gubernamentales, que han sido sumamente importantes en la denuncia de violaciones a los derechos humanos y a la Constitución. Son elementos que enuncian el control social. De la hegemonía comunicacional, que suponía la presencia de medios independientes, se pretende pasar ahora a la literal liquidación de medios independientes, especialmente los radioeléctricos.
-¿En qué momento Chávez cae en cuenta de que tiene que dar ese giro táctico? ¿Desde que Fidel Castro le dijo que no obtendría nada garantizando la total libertad de expresión?
- No lo sé, pero lo importante es en qué momento decidió aplicar ese consejo que le dio Fidel Castro, que se lo dio hace bastantes años, por cierto. Lo decidió cuando se dio cuenta de que había perdido el control absoluto de la Asamblea Nacional. El40% del Poder Legislativo va a estar en manos de la oposición, que es una presencia incómoda así el Gobierno tenga la mayoría en el Parlamento. Por mucho que se cambie el reglamento de Interior y de Debates, por más que logren otros cambios mediante triquiñuelas, la gente que está allí va a hablar y a expresarse. Por eso hablo de un punto de inflexión. En el futuro podremos hablar del mes de diciembre de 2010 como un antes y un después en el gobierno de Chávez.
-¿Por qué le cuesta tanto a la comunidad internacional ver en este giro táctico la búsqueda del control total de la sociedad?
- Hace algunos meses era posible formular la pregunta en esos términos, pero la verdad es que el prestigio internacional del Presidente está extremadamente erosionado. Chávez en América Latina está bailando en el ladrillito del Alba, especialmente de Bolivia y Nicaragua. No nos engañemos. Independientemente de lo que haga Rafael Correa dentro de Ecuador, el mandatario de ese país marca una distancia con Chávez. Él no actúa como un miembro pleno del ALBA; al contrario, a veces actúa a contrapelo de la voluntad de Chávez, especialmente por la reconciliación con Colombia. Luego está Cuba, con la peculiaridad de que mientras Chávez avanza en ese camino, Cuba se está devolviendo. En América Latina el prestigio que alguna vez tuvo Chávez, y que le hizo forjarsela idea de un liderazgo continental contra el imperio, se volvió agua de borrajas. Antes había una suerte de entusiasmo en el continente, donde iba era recibido por multitudes, y los gobiernos tenían una inclinación a ser más que corteses con él. Eso se acabó, salvo con las excepciones antes anotadas. Sólo le queda Brasil como relativo entorno indulgente. Lula le “mama gallo” a Chávez por un lado, pero por otro le pasa la mano, para de algún modo servirle de cierto aval internacional, entre otras cosas porque Lula fue el presidente de la gran burguesía brasileña de vocación imperial. Estoy seguro de que la próxima presidenta, Dilma Rousseff, tendrá la intención de aumentar esos $ 7.000 millones que están vendiendo a Venezuela. Aparte de eso no hay un solo gobierno de la región que lo respalde, ni siquiera el de Cristina Fernández de Kirchner, que sin su marido luce muy desprestigiada, o los países del Caribe angloparlante.
-Pero Argentina también lo ha apoyado
- Ese es un caso muy particular. Argentina sólo la entienden los argentinos. Pero por otro lado el proyecto del matrimonio Kirchner está prácticamente muerto. Cristina Fernández está a las puertas de una campaña electoral. Yo no veo claro que las pueda ganar con su marido fuera de la escena. Los países del Caribe angloparlante también están marcando unos matices, dos de cuyos países son miembros del ALBA.
-Hacía la pregunta en el siguiente sentido: el ex presidente Álvaro Uribe comentó en Twitter que mientras la democracia en Venezuela se erosionaba, la comunidad internacional guardaba silencio. Es la eterna tensión entre la legitimidad de origen y la legitimidad derivada del ejercicio de la presidencia. ¿No le cuesta a la comunidad internacional reconocer en ese giro táctico una reducción de los espacios democráticos?
- En eso sí tienes razón. Ningún gobierno de América Latina, con alguna excepción como la de Sebastián Piñera (Chile) o Alan García (Perú), va a asumir posturas críticas activas contra Hugo Chávez. Se limitarán a no tener actitudes favorables hacia él. Eso marca un cambio de humor respecto al Presidente de Venezuela. Ya ni la ultraizquierda europea, especialmente la francesa y la italiana, defienden a Chávez, lo han borrado de los periódicos. No están en contra, sino que decidieron ignorar ese fenómeno. El único gran partido de izquierdas en Europa que todavía mantiene una actitud ambigua con Chávez es el Psoe, que va rumbo a una derrota catastrófica en las próximas elecciones, debido, en parte, a esa alcahuetería.
-¿En ese cuadro crítico que pinta usted, cuánta incidencia tiene el modelo económico que Chávez ha intentado imponer?
- Tiene alguna influencia. Una de esas razones, y no la menos importante, tiene que ver con ese tema. Es un modelo estatizante, que no socialista, un modelo de absorción por parte delEstado de empresas industriales y comerciales. Eso, desde luego, ha generado una enorme aprensión en los emblemas de la pequeña propiedad familiar: eltaxista, elbusetero, la costurera, el que vive del alquiler de habitaciones... Es en los sectores populares donde se ha generado el descontento popular. Cuando Chávez declara en la entrega de apartamentos que la vivienda no es propiedad de quien la recibe, sino del Estado, le está diciendo a ese beneficiario que la vivienda no es un bien que se pueda legar ni vender. Esa persona siente que no es propietario de nada. Igual sucede con la ínfima parte de los campesinos que han recibido tierra para trabajar. En esos sectores, esta concepción estatista de la economía influye en la opinión que se tiene de él.
-¿Las políticas económicas chavistas acaso no han logrado disminuir la creencia de que no hay mayor beneficio para el crecimiento que acumular bienes?
- No sólo los venezolanos. Todos los seres humanos tienen en sus genes lo que pudiéramos llamar
la propensión a la propiedad, a ser propietarios de grandes empresas o de objetos domésticos.
-¿Le ha costadomucho a la izquierda borbónica –encarnada por Castro y Chávez- entender eso?
- Nunca lo entendió. El que no tenía nada se movía según la última línea del Manifiesto Comunista: “Trabajadores del mundo uníos. No tenéis nada que perder, excepto vuestras cadenas”. Resultó que el que no tenía nada que perder excepto sus cadenas, quería tener algo, y tropieza con un régimen que le dice que no puede tener nada más allá del cepillo de dientes. Esta propensión estatizante choca con la naturaleza humana. No en vano se esfondó el Comunismo y Cuba se ha transformado en una ruina política, económica, social y moral. Eso en cuanto a esa parte de la política económica de Chávez. Porque no sé si el resto se puede llamar como tal. Es la antipolítica económica que ha producido una inflación crónica que no ha logrado disminuir. Al contrario, en 2011 podría subir si el Presidente decide subir la alícuota del IVA, aprobar el Impuesto al Débito Bancario y devaluar la moneda. Hasta ahora tenemos una política macroeconómica inflacionaria. Esos elementos hacen que la gente, incluso sus partidarios, repiensen su relación con el Presidente.
-Cuando no pocos hablaban de que el Gobierno tenía intenciones totalitarias y que Venezuela se convertiría en una segunda Cuba, usted mantenía una postura no tan fatalista. Aunque el giro táctico es por el momento una declaración de intenciones, sus opiniones de hoy han terminado confirmando los peores temores respecto a las características de Chávez.
-Profetizar el pasado es una de las cosas más fáciles de hacer. A pesar de que estaba consciente del rumbo que llevaba, jamás definí a Chávez como lo que no era. En 1999 no podía decirse que éste era un régimen totalitario. Esto no es Cuba, ni la URSS. Pretende serlo, avanza hacia allá, pero de las definiciones derivan estrategias y políticas. Si en 1999 decías que en Venezuela había una dictadura, como se dijo, entonces valía todo, entre otras cosas un golpe de Estado. Y en esa época se le impuso a la oposición una estrategia golpista que fracasó y conllevó la eliminación de todo lo que le estorbaba a Chávez en Pdvsa o la Fuerza Armada. Posteriormente se impuso una agenda abstencionista para no convalidar esa “dictadura” y se le dejó al Gobierno la bandera de la legitimidad democrática y casi todas las gobernaciones, alcaldías y el Parlamento. De allí en adelante el proceso de desarrollo del régimen ha estado siempre apoyado en cimientos “legales”. Chávez no ha dado un solo paso que no esté apoyado por leyes aprobadas por una Asamblea Nacional legítima y legal. Imagínate tú una situación contraria en la que la oposición se hubiera plantado con una estrategia democrática. Una situación que hubiera bloqueado la tentación golpista, que desde el primer momento nació debido a lo fácil que era encender una mecha insurreccional. La situación de Venezuela sería muy distinta si desde el comienzo hubiéramos entendido la naturaleza del gobierno. Chávez no habría llegado más allá de 2006.