9 de octubre de 2006

Libros: Operación Condor. Una década de terrorismo internacional

No sólo al diablo nombró Hugo Chávez en la Asamblea General de la ONU. En su diatriba contra Estados Unidos, el Presidente también recordó a Orlando Letelier y acusó a la CIA de planificar su muerte. “Los culpables son norteamericanos, terroristas de la CIA”, aseguró el primer mandatario al final de su recordada intervención. Chávez, que suele nadar a contracorriente en los foros internacionales, respaldó así lo que poco antes había dicho la presidenta Michelle Bachelet, quien también se refirió a la muerte del ex canciller chileno.
Esa alusión del mandatario no fue reseñada por la prensa venezolana, como sí ocurrió en Chile con las palabras de Bachelet. Pero el pasado domingo el general Manuel Contreras, el hombre fuerte de la DINA, la temida policía política de la dictadura de Augusto Pinochet, recordó lo que había dicho Chávez para arrimar agua a su molino. Las agencias de noticias no desperdiciaron la oportunidad. En una entrevista con el diario El Mercurio, Contreras le pidió al jefe del Estado que declare en el proceso que se le sigue por el asesinato de Letelier, ocurrido el 21 de septiembre de 1976 en Washington.
Contreras, quien cumple una condena de 12 años de cárcel por la desaparición de un militante de izquierda en 1976, cree que Chávez tiene información que demuestra que el atentado fue ejecutado por la CIA, una versión que Contreras ha repetido para salvar su responsabilidad. Pero un libro se encarga de desechar esa hipótesis. Operación Condor. Una década de periodismo internacional en el cono sur, del periodista John Dinges, responsabiliza al agente Michael Townley y a la policía secreta chilena de colocar la bomba debajo del vehículo del político chileno.
Establecer esa verdad histórica, como aseguró la hermana de Letelier, Fabiola, no es sólo consecuencia de la voluntad de los tribunales o de un periodista obsesionado. Washington también ha contribuido a iluminar las zonas oscuras de los regímenes dictatoriales del Cono Sur. Durante el gobierno de Bill Clinton se desclasificaron más de 28.000 documentos sobre Chile y Argentina.
Con todo ese material, el archivo de la policía secreta paraguaya, la correspondencia secreta entre la DINA y su operador encubierto en Buenos Aires, y los memorandos de los organismos estadounidenses, Dinges establece dos conclusiones. Estados Unidos estaba al tanto de las atrocidades cometidas por Pinochet y Videla, pero es un error suponer que el Departamento de Estado alentaba a las dictaduras a violar los derechos humanos.
“Aquellos que creen, por ideología o cinismo, que no hubo esfuerzos sinceros de diplomáticos norteamericanos para alentar el respeto por los derechos humanos durante esa época en la que reinó el terror, desafían los numerosos y evidentes registros que hoy tenemos a nuestra disposición. Una condena tan simple extravía el sentido profundo de la historia (...) Si hay una conclusión clara de la actitud estadounidense durante los años de la Operación Condor es ésta: los dictadores no captan los dobles mensajes morales sobre derechos humanos con la sutileza que espera el emisor, sin importar qué tan cuidadosamente se haya armado el mensaje. Éste se interpretará como un confuso pero unidimensional respaldo a las tácticas brutales que han comenzado a implementar nuestros poco sutiles aliados”.
Pero, ¿cómo se preparó el asesinato de Orlando Letelier? Michael Townley recibió la orden de matarlo a finales de junio de 1976. El ex canciller chileno no era cualquier personaje. Durante la década de los sesenta había trabajado como economista en el Banco Interamericano de Desarrollo, y en 1970, cuando Salvador Allende asumió el poder, regresó a Santiago. En 1971 fue nombrado embajador en Washington. Poco antes del golpe designado canciller y posteriormente ministro de la Defensa. Letelier ocupaba este último cargo el 11 de septiembre de 1973.
Detenido y torturado como otros integrantes del gobierno de la Unidad Popular, Letelier fue confinado en un campo de prisioneros en la isla de Rawson, en el estrecho de Magallanes, al sur de Chile. Muchos presos políticos nunca volvieron a ver a sus familias, pero Letelier tuvo la suerte de salir de prisión un año después gracias a las gestiones de la comunidad internacional.
Instalado en Washington, se convirtió en el líder principal en el exilio. Mientras trabajaba por restablecer la democracia en su país, aprovechaba sus contactos con los congresantes liberales para gestionar un recorte de la ayuda militar a Chile. Cada una de esas gestiones preocupaba a Pinochet, de tal forma que consintió la operación que culminó con la muerte de Letelier. Así lo afirma John Dinges en su investigación. “Cuatro de los protagonistas –Townley, Manuel Contreras, Pedro Espinoza y el capitán Armando Fernández Larios– han dicho directa o indirectamente que Pinochet en persona autorizó el asesinato. Contreras, durante una declaración ante un tribunal de Chile, después de ser condenado, despejó cualquier duda al respecto de que obedecía instrucciones: ‘Siempre cumplí (...) conforme a las órdenes que el señor Presidente de la República me daba. Solamente él como autoridad superior de la DINA podía disponer y ordenar las misiones, y siempre, en mi calidad de delegado del Presidente, cumplí estrictamente lo que se me ordenó (...) Por eso digo que yo no me mandaba solo”.
¿Pero por qué el presidente Hugo Chávez insiste que los culpables están libres? Los documentos desclasificados disponibles indican que Washington intentó detener la operación. Después de recibir la orden, Townley partió a Buenos Aires, ciudad en la que ya se encontraba Armando Fernández Larios, quien también colaboraría en el plan. “Se conectaron con la SIDE, el servicio de inteligencia socio de la DINA en Argentina, para arreglar documentación falsa para el viaje. Pero la SIDE, inmersa en la masiva tarea de supervisar el secuestro y la desaparición de más de 300 personas cada mes, se vio obligada a declinar la petición de su contraparte”, escribe Dinges.
Fernández Larios y Townley viajaron entonces a Asunción, Paraguay, donde sí recibieron la ayuda que los argentinos habían negado. Un funcionario, Benito Guanes, dispuso que se le entregaran pasaportes falsos a nombre de Juan Williams y Alejandro Romeral. Otros policías de ese país, que también había firmado el pacto fundacional de la Operación Condor – el plan de intercambio de información sobre actividades subversivas entre los países del Cono Sur–, presentaron los documentos ante la embajada de Estados Unidos en ese país para solicitar una visa de turista.
Ese detalle es el que permite que 30 años después se sepa quiénes fueron los responsables de la muerte. Según Dinges, un funcionario paraguayo, “ansioso por congraciarse, informó al entonces embajador George Landau que los pasaportes eran falsos y que los dos hombres eran agentes chilenos que cumplirían una misión secreta en Washington”. El mensaje que Landau envió a Washington inició la cadena de comunicaciones que permitieron resolver el crimen y descartar, por ahora, la participación directa de la CIA
Pero todavía queda una rendija abierta que alienta la especulación. La CIA pudo haber evitado el atentado porque contaba con suficiente información que permitía concluir que Chile había mandado a asesinar a Letelier. ¿Por qué no lo hizo entonces? Al leer el libro de Dinges se entiende que, como ocurrió el 11 de septiembre de 2001, muy pocos fueron capaces de hacer una sencilla suma con las evidencias disponibles. Los funcionarios del Departamento de Estado sabían que las dictaduras sureñas intercambiaban datos sobre las actividades de la izquierda, pero no creían que ese plan apenas era el comienzo de un horror más grande.
A pesar de todo, Henry Kissinger, entonces secretario de Estado, envió un cablegrama a los diplomáticos asentados en el sur para que tomaran “medidas inmediatas”. “Ustedes están al tanto de una serie de informes (de la CIA) sobre la operación Condor (...) Sin embargo, los asesinatos planeados y dirigidos por los gobiernos dentro y fuera del territorio de los miembros del Condor tienen consecuencias extremadamente graves que tenemos que enfrentar con rapidez y sin rodeos (...) Si bien no podemos aseverar los rumores de asesinato, nos sentimos impelidos a llamar su atención sobre nuestra profunda preocupación. En caso de que estos rumores llegaran a ser ciertos, crearían un problema sumamente grave de índole moral y política”. Todavía faltaba un mes para que el carro que manejaba Letelier, que estaba acompañado por su asistente, Ron Moffit, volara en la primavera estadounidense.

28 de septiembre de 2006

El biombo de Geovanny


Hace año y medio se filtraron las actas de entrevista de Sócrates Tiniacos, Julio Farías y Lourdes Suárez Anderson. Tiniacos fue uno de los mejores amigos de Danilo Anderson en la Universidad Central de Venezuela, donde ambos estudiaron derecho en los años noventa. Farías es el hermano de quien fuera compañera del fiscal, Elianitxa, y Suárez Anderson la única hermana de Danilo por parte de padre y madre.
Estos testigos fueron interrogados por una comisión de la policía científica. Al leer las respuestas de las interrogantes quedaba claro que en torno al fiscal asesinado operaba un grupo de personas que extorsionaba a los firmantes del decreto, leído por Pedro Carmona Estanga, que suprimió los poderes el 12 de abril de 2002. Pero los fiscales que investigaron el caso desecharon una evidencia que podría haberles conducido hasta la puerta de la casa de los autores intelectuales.
Tiniacos declaró dos veces durante la primera quincena de diciembre de 2004. Aunque el grueso del relato se repetía en una y otra acta también se agregaban u omitían datos que permitían comprender las circunstancias del atentado. La memoria de los testigos suele ser arbitraria, pero es la segunda vez que algo similar ocurre en este caso. La diferencia es que todas las versiones que apuntalaban la existencia de una red de extorsión no se incluyeron en el expediente que condenó a Juan Bautista, Otoniel y Rolando Guevara.
Seis versiones de un acta ponen de manifiesto las omisiones del testigo estrella, aunque la fiscalía parece no haber reparado en ese detalle. Pero también dan cuenta del comportamiento de los investigadores del caso. Los fiscales desecharon pruebas que abogados y policías consideran vitales para esclarecer el homicidio, pero tallaron con paciencia de ebanista todos los detalles de la versión de Vásquez de Armas.
Ahora que se conocen los ensayos que hizo la fiscalía con el testigo vale la pena hacerse varias preguntas. ¿Por qué entrevistaron tantas veces a la misma persona? ¿Cuál es el criterio jurídico que soporta la retahíla de interrogatorios? ¿Será que Vásquez de Armas sacó de un biombo el nombre de las personas que debía mencionar en su comparecencia? ¿Dónde finaliza la verdad y comienza la mentira de la investigación?

26 de septiembre de 2006

El otro testigo clave del caso Anderson

He seguido con interés el desarrollo de las investigaciones del homicidio de Danilo Anderson. El pasado domingo, el periodista Gerardo Reyes publicó una larga entrevista con Rafael García, ex jefe de Informática del DAS de Colombia, que reproduce parte de la rogatoria solicitada por los fiscales venezolanos que investigan la identidad de los autores intelectuales.
De ese testimonio queda una cosa clara: la Disip participó en la operación que acabó con la vida del fiscal. La Fiscalía General de la República no ha querido investigar por qué los funcionarios ordenaron el cierre de los locales adyacentes al lugar donde explotó la camioneta. Nadie sabe qué tan comprometida está la policía política en este asunto. Les invito a que lean la entrevista de Reyes porque no tiene desperdicio.
Inédita clave en conexión colombiana
GERARDO REYES
El Nuevo Herald
Un senador colombiano y una alta funcionaria de Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) de Colombia, podrían ser piezas claves en el esclarecimiento de un plan para desestabilizar el gobierno de Venezuela desde ese país, según lo declaró a El Nuevo Herald Rafael García, ex funcionario del DAS.
García, quien desató en abril pasado un escándalo en Colombia al denunciar la infiltración del paramilitarismo en el gobierno, entregó los nombres del senador, la funcionaria y otras informaciones a las autoridades venezolanas en octubre del año pasado.
El jueves, el fiscal general de Venezuela, Isaías Rodríguez, anunció que el testimonio de García será ''determinante'' para el fallo sobre el asesinato del fiscal venezolano Danilo Anderson.
En varias entrevistas realizadas en los dos últimos meses, García compartió con El Nuevo Herald parte del testimonio, hasta ahora inédito, que entregó a las autoridades venezolanas acerca de la supuesta participación de funcionarios del DAS, en complicidad con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), en una operación de desestabilización del gobierno del presidente Hugo Chávez.
La más sorprendente novedad de su declaración es que en la supuesta operación habrían jugado un papel muy importante un senador de Colombia, a quien se negó a identificar, y Luz Marina Rodríguez, actual directora general operativa del DAS, la segunda posición más importante de ese organismo adscrito a la Presidencia de la República.
La operación abarcaba, según García, el envío de armas y explosivos y atentados contra Chávez, el fiscal Rodríguez y el entonces ministro del Interior Jessi Chacón.
''Definitivamente, a ese señor lo van a tener que llevar al siquiatra'', afirmó Luz Marina a El Nuevo Herald, al enterarse del señalamiento de García. ''Es calumnioso. Es infame. Miren mi hoja de vida y, como le digo, yo no acepto de nadie una sugerencia. Soy la más respetuosa de las relaciones internacionales y además soy una admiradora de Chávez'', agregó la funcionaria, quien trabaja desde hace más de 30 años en la institución.
Luz Marina no ha sido acusada ni investigada por este tema. Fue directora de la seccional del DAS en la Guajira, un departamento al norte de Colombia, de octubre del 2002 a junio del 2003. Según García, desde la frontera de ese departamento se despacharon armas y explosivos para la operación en Venezuela.
Los hechos denunciados habrían ocurrido durante la administración del DAS de Jorge Noguera, de agosto del 2002 a octubre del 2005.
García, quien era jefe de sistemas del DAS, afronta cargos de corrupción en los que se le acusa de borrar antecedentes criminales de narcotraficantes. El ex funcionario se encuentra privado de libertad en la cárcel La Picota de Bogotá desde el 27 de enero del 2005.
La contundencia de García como testigo tiene luces y sombras. Por un lado, al ex funcionario lo favorece que los indicios de las graves denuncias que hizo en abril en relación con la alianza entre el DAS y Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, uno de los jefes de las AUC, para eliminar líderes de izquierda, salieron de nuevo a flote hace dos semanas en el marco de investigaciones de la Fiscalía General de Colombia.
Es el caso de un computador portátil que perteneció a Tovar y en el que la Fiscalía halló las descripciones macabras, según la revista Semana, de los asesinatos de líderes sindicales, activistas y profesores de izquierda, algunos de los cuales García había mencionado en sus declaraciones iniciales.
También fueron corroboradas con fuentes independientes sus denuncias sobre un masivo fraude electoral para las elecciones del Congreso en marzo del 2002, en una región al norte de Colombia.
En contra de la solidez del testimonio de García obra el hecho de que el ex funcionario reconoce que el asesinato de Anderson no estaba en los planes originales de conspiración que él conocía. El homicidio, ocurrido en noviembre del 2004, cuando el automóvil de Anderson explotó en Caracas, fue ''una sorpresa'' para él, según lo explicó a El Nuevo Herald.
Cuando se le pregunta qué validez tiene un testigo clave de un hecho del cual se enteró por sorpresa, García responde que, a raíz del atentando, el senador le explicó cómo se llevó a cabo y quiénes participaron.
En caso de declarar en el juicio, como lo plantea el fiscal venezolano, ya sea personalmente o a través de teleconferencia, García tendrá además que explicar a los abogados de la defensa las ofertas que le hizo la fiscalía de Venezuela a cambio de su testimonio.
La esposa de García le comentó a El Nuevo Herald en Bogotá que las autoridades venezolanas le ofrecieron a la pareja asilo político y la posibilidad de vivir en una ciudad de Europa con el soporte económico del gobierno venezolano.
García aseguró que brindó su testimonio sólo a cambio de protección de las autoridades venezolanas por los continuos riesgos que corre su vida en la cárcel.
El testimonio fue enviado a través de un intermediario al gobierno de Venezuela en cuatro páginas escritas por ambas caras, explicó García.
Como supuestos cómplices de la operación en Venezuela, García ya ha hecho públicos los nombres del general venezolano retirado Eugenio Añez Núñez, de un militar de apellido Colmenares y de la periodista Patricia Poleo. Sin embargo, tales nombres los conoció García, según la entrevista que a continuación publica El Nuevo Herald, a raíz de que otros involucrados se los mencionaron, entre ellos el senador.
Los señalados por García han calificado de ''falsas'' y ''absurdas'' sus afirmaciones.
En ningún momento, según lo admite, García fue testigo directo de los supuestos contactos y acciones de quienes señala como sospechosos.
Durante la primera entrevista concedida en abril a El Nuevo Herald y la revista Semana, García, de 42 años, aseguró que Noguera, entonces director del DAS, puso ese organismo a órdenes del paramilitarismo.
En entrevistas posteriores García admitió haber sido el enlace entre Noguera, su jefe y amigo, y Tovar, el comandante del Bloque Norte de las AUC.
Noguera se vio forzado a dejar la dirección del DAS a raíz de la investigación que comprometió a García como jefe de sistemas del organismo.
El presidente Alvaro Uribe nombró a Noguera como cónsul en Milán, cargo al cual debió renunciar por la arremetida de las denuncias de García.
¿Cuándo es la primera vez que escucha de los planes para enviar armas o participar en un plan conspirativo con el respaldo del DAS?
Eso fue a comienzos del 2003, cuando el senador, que era uno de los contactos míos con el Bloque Norte, envió el mensaje que Jorge 40 quería enviar a Jorge Noguera [director del DAS].
¿Qué decía el mensaje inicial?
Que había un plan para realizar unas actividades en Venezuela y que se necesitaba la colaboración de Jorge Noguera en el sentido de que utilizara los recursos de
los que disponía para suministrar información de inteligencia para el ingreso de armas y explosivos a través de la frontera.
¿Desde dónde se enviaban las armas?
Desde Paraguachón, [una población del departamento de La Guajira, al norte de Colombia, situada en la frontera con Venezuela] donde además se contaba con una cooperativa de comercialización de combustible de Venezuela. En ese lugar se almacenaban las armas y creo que los explosivos. Es una cooperativa controlada por el Bloque Norte de la AUC y por un personaje cuyo nombre también entregué.
¿Y también fueron enviados explosivos?
Sí.
¿Qué tipo de explosivos y de dónde salían?
Hablaron de C-4. Alguna vez el mismo senador me dijo que esos explosivos los estaban consiguiendo por Panamá. Yo no sé la forma cómo ingresaron a La Guajira. Yo vi en algunas ocasiones ingresar armas, no sé si explosivos porque no conozco mucho del tema.
¿Para qué necesitaban armas ilegales si en Venezuela sobran?
Yo me imagino que el Bloque Norte tenía muchas más facilidades de conseguirlas en Colombia y dado que esa era una de las partes en las que se utilizaba al DAS.
¿Conoció los detalles de los planes del atentado a Anderson?
En los planes que yo conocí nunca oí hablar de Danilo Anderson. A mí me sorprendió cuando el atentado en noviembre del 2004, porque el primer objetivo de los atentados era el fiscal general Isaías Rodríguez. En los planes iniciales no figuraba el fiscal Danilo Anderson.
¿Cómo puede ser testigo de un hecho del cual se entera por sorpresa?
Anderson muere en noviembre del 2004 y para esa época mi relación con Jorge Noguera empieza a deteriorarse, porque es cuando inician la investigación preliminar a mis espaldas y, obviamente, él trata de evitarme y por ello no le pregunté [sobre la muerte de Anderson]. Posteriormente, yo averiguo el tema sobre qué fue lo que ocurrió y es que me informa el mismo senador qué fue lo que exactamente ocurrió.
Pero entonces es de oídas, no directamente.
Todo lo que yo conocí fue por el senador que le digo, porque él fue el que me informó a mí de todas las cuestiones y por lo que me contaba Jorge Noguera. La pregunta mía fue por qué no había mencionado lo de Anderson y entonces él me explicó que había habido intriga de algunas personas de la oposición venezolana por un problema que él tenía con ellos.
¿Qué sector de la oposición?
Yo me abstengo de dar nombres pero la fiscalía venezolana tiene algunos nombres de esos.
¿Pero usted le ofreció información en ese sentido al gobierno de Venezuela?
Yo mandé un papel con mi puño y letra a través de una persona que tiene conocidos en la embajada de Venezuela en Bogotá. Dije que le podía suministrar información sobre cuatro puntos. El primer punto: el ingreso de tropas de las Autodefensas a través de Arauca a Venezuela. El segundo punto: el asesinato del fiscal Danilo Anderson. Dije que puedo suministrar información sobre la participación del DAS y del Bloque Norte. El tercer punto: información sobre el caso de Rodrigo Granda [guerrillero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias arrestado en Caracas]. Y el cuarto: las masacres de La Gabarra [ejecuciones de las AUC de campesinos y supuestos colaboradores de las FARC en la frontera con Venezuela]. Posteriormente, le hago llegar un documento de mi puño y letra donde cuento esta historia que le he contado a usted. Vale la pena aclarar que gran parte de esto ha sido corroborado por las autoridades venezolanas.
El sistema judicial de Venezuela está muy desprestigiado porque está controlado directamente por el gobierno. ¿No hay un riesgo aquí de que estos señores estén manipulando esto a su antojo?
Yo me limito a lo que yo conocí y que yo puse en conocimiento de ellos. No sé si la investigación está siendo manipulada. Me imagino que ellos, ante cualquier solicitud que le vayan a hacer al gobierno colombiano, tendrán que presentar cualquier tipo de soporte. O sea, no va a hacer algo caprichoso.
Usted dice que vio varios agentes del DAS pasar con armas hacia un pueblo cercano en la frontera con Venezuela. ¿Recuerda los nombres de algunos de ellos?
No, la verdad es que eran detectives adscritos a la seccional de La Guajira. Normalmente yo no me relacionaba con detectives, porque en el cargo que yo desempeñaba tenía contactos con los directores seccionales y en algunas ocasiones con los operativos o financieros. Había un detective del DAS, conductor de la seccional de La Guajira, que tenía un parentesco con uno de los guardias venezolanos en la frontera y ese era el contacto que se utilizaba para que ellos pudieran atravesar.
¿Qué otras personas podrían ser testigo de ese paso de armas y explosivos?
Mire, yo no sé qué tan dispuesta está a aceptarlo Luz Marina Rodríguez, que estuvo muy al tanto de ese asunto. Sé que ella fue protagonista principal de todo esto. Inclusive yo mismo la vi varias veces reunirse con unos personajes que venían del lado venezolano, que más adelante un funcionario de la seccional me dijo que eran agentes de la DISIP.
Me dice que presenció tres viajes de armas. ¿Fue en una misma oportunidad?
A ver, yo, en tres ocasiones diferentes, entre el 2003 y el 2004, vi a los señores ingresar armas, no eran cantidades tampoco, por la frontera con Venezuela. En el 2004, no recuerdo el mes exacto, cuando están en el proceso de construcción del puesto del DAS en la frontera con Paraguachón, yo me voy con ellos y yo entro con ellos a Venezuela. No recuerdo el nombre del pueblo. Llegamos a un sitio que es moderno, muy nuevo, de las autoridades venezolanas, y ahí funcionan oficinas de la Aduana y todo eso y yo vi a los detectives del DAS y de la DISIP. Ellos me dejaron a mí y me dediqué a conocer el edificio. Estuve con ellos más de medio día. Recuerdo que en las casetas que quedan en la vía hay una estructura de hierro color azul, muy grande, que me pareció sobredimensionada.
¿Entonces había agentes de la DISIP involucrados en el plan conspirativo?
Sí, claro, claro.
¿Cuántas veces se reunió usted con el senador para hablar de la operación?
Yo me reunía periódicamente con este senador durante los años 2003 y 2004, por lo menos lo hacíamos dos veces al mes aquí en Bogotá. Algunas veces me tocó ir al Magdalena a reunirme con él y con otro personaje. Entonces, ese era uno de los temas que se manejaban entre nosotros, de los muchos que yo manejaba con él en cuanto a intercambio de información
¿Y después usted le llevaba los mensajes de Jorge 40, que le daba el senador, a Jorge Noguera?
Así era. Yo me encontraba con este senador, eso era normalmente a primera hora de la mañana, los días miércoles o jueves, aquí en residencias Tequendama [Centro de Bogotá]. Apenas yo me desocupaba llamaba a Jorge [Noguera] y le decía que tenía algo que comentarle y subía [a la oficina de la dirección del DAS] apenas llegaba.
¿Y por qué no revela el nombre del senador?
Porque es una persona que tiene unos vínculos muy fuertes y puede representar mucho peligro para mí y para mi familia, cosa que no representa Luz Marina [funcionaria del DAS].
Pero después de la publicación de esta entrevista él se va a sentir aludido.
Yo me imagino que sí, pero mientras yo no lo mencione, me imagino que no manifestará molestia. La embajada de Venezuela conoce el nombre del personaje porque yo se los di a ellos.
¿El transporte de los explosivos usted lo vio o se lo contaron?
Yo vi transporte de armas. No conozco como está embalado un explosivo ni nada de eso. No sé si en lo que vi se transportaba explosivos. Lo que sí me dijo el mismo senador es que iban a ingresar explosivos por esa zona de Paraguachón.
¿Esos explosivos fueron utilizados en el atentado de Anderson?
Sí.
¿Hubo dinero de por medio para este plan?
El financiamiento de ese plan no lo conocí.
¿Por qué decide en octubre del año pasado hablar con las autoridades venezolanas?
Más que todo porque me di cuenta que por el escándalo que se genera de las filtraciones de paramilitares en el DAS y que se divulga por la denuncia del entonces subdirector Juan Manuel Narévez., yo veo al presidente Chávez que aparece en televisión refiriéndose al tema. Entonces, a raíz de eso es que yo busco, a través de una persona amiga el contacto con la embajada venezolana.
¿Qué ofertas le hicieron los de la embajada? Su esposa me comentó que le ofrecieron que después de declarar en Venezuela iban a ir a Europa y podrían financiar su estadía en Europa.
A mí, la verdad es que mire, Liliana, a mediados de octubre, le dictaron la detención domiciliaria y a raíz de eso no pudo volver a visitarme. Entonces, como son cosas que no hablo con ella por teléfono, ella nunca me ha contado a mí esa parte. No sé que haya podido hablar ella con ellos.
¿Usted conoció a Giovanni Vásquez, otro de los testigos de la fiscalía de Venezuela en el asesinato de Anderson?
Yo conocí a Giovanni Vásquez pero hace muchísimos años allá en El Difícil, Magdalena. Lo que yo sé es que Giovanni Vásquez no tenía la importancia en el Bloque Norte que él manifiesta tener.
¿Qué función tenía él?
En aquel momento casi todos los muchachos en esa zona se vincularon al Bloque Norte, entre otras cosas porque por allá no había mucho empleo. Entonces, era el muchacho que está con los demás, en función de colaborarle con el Bloque Norte y ese tipo de cosas, él no tenía un puesto de mando.
Entonces esas historias de reuniones, la conspiración, ¿de dónde la sacó?
Hay muchas cosas que él dice que yo sé que son ciertas, porque yo mismo las conozco. ¿Cómo las conoció? Yo no lo sé. Yo no recuerdo haberlo visto en el DAS nunca. Como le digo, yo lo conocí en el año 2000 en El Difícil. Sé que mantenía relación con el Bloque Norte.

25 de septiembre de 2006

Juan Gelman

Hoy me levanté pensando en el bueno de Juan Gelman. Debe ser porque el libro que me estoy leyendo ahora -Operación Condor: una década de terrorismo internacional en el Cono Sur, del periodista John Dinges- me recordó la injusta celada que le tendió el destino. Para quien no lo sepa, Gelman es uno de esos abuelos que conoció a su nieta después de ventitantos años de búsqueda. La chica fue entregada a una pareja que seguramente no podía concebir hijos por los criminales que tomaron el poder hace 30 años en la Argentina.
Pero estaba pensado en Gelman, les decía, porque otro azar me lo trajo a la mente. Una maravillosa pieza de Gotan Project le pone música a Confianzas, un poema de los suyos que es de mis favoritos. Descubrí la canción, que también se llama Confianzas, hace poco más de dos años en una discotienda de Madrid. Desde entonces, cada vez que estoy perdido, coloco el CD y la escucho. Ese mecánico ejercicio me ha ayudado a saber cuán duro es este oficio que ejercemos. Me ha ayudado quizá a darme cuenta en momentos de euforia que escribir no cambia el mundo ni las voluntades. Gelman lo dice mejor que yo:
Confianzas
se sienta a la mesa y escribe
«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice
y más:
esos versos no han de servirle
para que peones maestros hacheros vivan mejor coman mejor
o él mismo coma viva mejor
ni para enamorar a una le servirán
no ganará plata con ellos
no entrará al cine gratis con ellos
no le darán ropa por ellos
no conseguirá tabaco o vino por ellos
ni papagayos ni bufandas ni barcos ni toros ni paraguas conseguirá por ellos
si por ellos fuera la lluvia lo mojará
no alcanzará perdón o gracia por ellos
«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice
se sienta a la mesa y escribe

22 de septiembre de 2006

Latin American Idol

Ya lo había pensado al leer las primeras entrevistas, pero luego de leer un reportaje del periodista Carlos Sanzol, de La Nación, entendí que el ganador de Latin American Idol será una estrella más.
Todos los que llegaron a las sesiones finales, que se graban en Buenos Aires, son tipos con un trecho recorrido en este tipo de reality shows. Isa Mosquera, recientemente eliminada, había ganado un concurso similar, llamado Popstar, en su natal Colombia. Grabo dos discos y fue toda una celebridad mientras el recall del concurso no fue molido por el trapiche del show bussiness. Hoy puede salir de su casa sin ser acosada.
La nota de Sanzol no tiene desperdicio. Es una de esos ejemplos de un medios de comunicación que establece una agenda propia por encima de los intereses de los canales. Cada día son más frecuentes los viajes de los periodistas a los estrenos de los seriados estadounidenses y las películas de Hollywood. La consecuencia de esta mala costumbre es una nota previsible y aburrida y la imposibilidad de salirse del programa de la visita ¿Cómo se puede escribir un reportaje como el de Sanzol si el canal paga el viaje del reportero? No siempre ocurre, pero a veces una nota como esta nos recuerda cuál es el verdadero papel de los editores y reporteros

14 de septiembre de 2006

Libros: La loca de la casa

Quien se acerque a los artículos que Rosa Montero habitualmente publica en el diario El País celebrará, no tanto el desarrollo de originales puntos de vista, sino la simbiosis entre el periodismo y literatura. Entrevistadora aguda, tal vez Montero decidió escribir columnas y entrevistas desde los 19 años para demostrarle a los cultores de la pirámide invertida que el periodismo es también un género literario.
Nacida en Madrid el 3 de enero de 1951, Rosa Montero contrajo tuberculosis a los 4 años y estuvo postrada en cama hasta los 9. No asistió al colegio en casi un lustro, pero aprovechó su convalecencia para devorar todos los libros posibles. Hoy es una de las autoras españolas más leídas. Después de ganar el Premio Primavera de Novela en 1997, con La hija del caníbal, de la cual se hizo una adaptación cinematográfica protagonizada por Cecilia Roth, su obra literaria alcanzó la cima a la que ya había trepado con su trabajo periodístico.
Hace algunos años leí Te trataré como a una reina y Amantes y enemigos, un volumen de relatos cuya elaboración, según la propia autora, le permitió salir del pantano que impide a los escritores desarrollar nuevas historias. Al margen de la calidad de ambos textos, me sorprendió la correspondencia entre su obra periodística y sus trabajos literarios. En un volumen de entrevistas editado por Aguilar, que todo estudiante de comunicación social debería tener como referencia del género, Rosa Montero describe a sus entrevistados como si fueran personajes de ficción, y convierte a los materiales destinados a vivir la gloria efímera de un día en textos que poseen el atractivo intemporal de los cuentos y las novelas. Hay, en fin, un afán de demostrar que, tan importante como respetar la fidelidad y el contexto de las opiniones del interrogado, es la percepción que de él tiene el entrevistador.
En La loca de la casa, que es el diamante más brillante de su carrera literaria, la escritora española reivindica el efecto analgésico de la imaginación. El lector podrá entender que más que un rapto de inspiración, la escritura es la diaria batalla que se entabla contra el recurrente silencio de la página en blanco. En ese sentido el libro es un testimonio de la creación literaria. Pero quienes se acerquen a sus páginas también presenciarán un duelo de la imaginación a partir de tres relatos sobre una misma historia de amor que la propia Rosa Montero, o el personaje que ella encarna, protagonizó. M. conoció a Rosa en los años finales del franquismo. Era un actor de Hollywood lo suficientemente apuesto como para provocar el aumento de la líbido. Después de tomar y bailar, dirigen sus pasos hacia la alcoba del actor donde hacen el amor. O tal vez no lo hicieron, quién sabe.
Más que el desenlace de esa historia, lo verdaderamente interesante es entender que las recapitulaciones están sometidas a las manipulaciones de la memoria y no pocas veces la imaginación desvirtúa los hechos. La loca de la casa, que es la metáfora con la que Santa Teresa de Jesús bautizó a la imaginación, refuerza la advertencia que Gabriel García Márquez hace al comienzo del primer tomo de Vivir para contarla: "La vida no es lo que uno recuerda, sino cómo lo recuerda".
En un artículo publicado en El Nacional en mayo de 2003, Mario Vargas Llosa se formuló varias preguntas derivadas de los afluentes que siguió la historia de marras: "¿quién era ese anónimo actor de Hollywood con quien Rosa se extravió aquella noche de trementina y largos besos en los laberínticos pasillos de la Torre de Madrid? ¿Hicieron o no el amor como dos anacondas? ¿Y qué demonios pasó después? ¿Se encontraron años más tarde en un festival de cine? ¿Fue cierto que su hermana gemela le arrebató la conquista? ¿Y aquel encuentro crepuscular, de ex combatientes, bajo unas sábanas chilenas, tuvo realmente lugar?" Esas preguntas sólo tienen respuestas parciales. "Todo lo que cuento en este libro sobre otros libros u otras personas es cierto, es decir, responde a una verdad oficialmente documentable. Pero me temo que no puedo asegurar lo mismo sobre aquello que roza mi propia vida. Y es que toda biografía es ficcional y toda ficción autobiográfica, como decía Barthes", afirma la autora en el post scriptum. La loca de la casa evidencia que los escritores son unos mentirosos indómitos. Pero también deja una enseñanza acaso más reconfortante. Nada como la ficción para ponerse a salvo de la rutina.

Riquelme

"El Romántico" - así le dice, con absoluta pertinencia, un narrador argentino- se ha retirado de la selección argentina. Ha largado todo por la causa más noble del mundo: la tranquilidad de su madre. Anoche lo entrevistaron en un late show de Buenos Aires y superó su parquedad genética para hablar largo y tendido: "He tomado la decisión de no formar parte de la selección a partir de ahora y que nada. Fue una decisión..., no me llevó mucho pensarlo... Tengo que pensar en la salud de mi mamá y eso hizo que la decisión fuera bastante fácil. Desde que finalizó el Mundial mi mamá ha terminado internada dos veces. Siempre tuve las cosas bastante claras: antes que el fútbol está mi familia, más mi vieja, que es lo más grande que tengo en la vida y mi responsabilidad es cuidarla y tenerla todo el tiempo que más pueda. No tengo ningún derecho en hacerla sufrir a ella porque yo quiera jugar con la camiseta de mi país".
El Coco Basile, que le había dado la cinta de capitán, entendió sus razones y ya le busca sustituto. No será fácil, porque no hay un tipo con una pierna tan obediente como su derecha. Cuando cobra un tiro libre, o un saque de esquina, los arqueros no saben si salir a cortar el centro o quedarse bajo el larguero. Alguna vez escuché a Rafael Dudamel, el portero de la selección de Venezuela, decir que la pelota pateada por Riquelme parece perder velocidad cuando se acerca, aunque en realidad viene con más impulso.
De acuerdo con las encuestas en línea, los fanáticos creen que Pablo Aimar podrá generar tantas ocasiones de gol como Román. Yo no lo creo. Riquelme es tal vez uno de los últimos representantes de la cofradía de los números 10. El fútbol de hoy desprecia la pausa y admira a los descerebrados que corren sin parar. Lo que preocupa es que los argentinos, que en vez de pronunciar el número 10 luego del 9 dicen "Diego", hayan perdido la paciencia con la madre de su heredero.