6 de enero de 2011

La Caracas de un optimista irredento


El 25 de julio de 1993, William Niño Araque publicó un artículo en El diario de Caracas en el cual proponía cien ideas para convertir a Caracas en una urbe cosmopolita. En esa nota, posteriormente incluida en un imprescindible compendio literario y emotivo del sociólogo Tulio Hernández llamado Caracas en veinte afectos, Niño desarrolló varias ideas que lo singularizaron entre sus colegas.
Su muerte, ocurrida el pasado 18 de diciembre, puso de relieve el hecho de que había alguien pensando en la humanización de la ciudad en medio del caos que supone vivirla y del evidente deterioro de su infraestructura, profundizado aún más por las recientes lluvias de noviembre y diciembre.
Quien lo escuchaba en sus tertulias radiales con Marianela Salazar, Federico Vegas o María Isabel Peña asistía a una ceremonia única: la de un hombre que escarbaba entre el caos y el absurdo para postular a Caracas como el mejor sitio para vivir. La de Niño era una disertación culta que rescataba el enorme potencial de una ciudad que creció a la vera de una montaña, pero que en su desordenado y caótico crecimiento hoy incluye un vasto frente marítimo, -el de La Guaira- las colinas de los altos mirandinos y las desangeladas Guarenas y Guatire. Así pensaba él. Y hablaba con tal pasión de los desaprovechados potenciales de la capital, que el oyente sólo podía entusiasmarse con el futuro que se proyectaba en sus palabras. Una frase de Tomás Eloy Martínez define muy bien la relación que Niño tenía con la ciudad: “Caracas es como es, desordenada y absurda, pero si fuera de otro modo los caraqueños no podrían amarla tanto”.
En aquel artículo, Niño enumeró cien propuestas. Algunas de ellas no podrían ser concretadas debido a esa pulsión tan venezolana de demoler la memoria arquitectónica. Otras podrían cumplirse sin comprometer el presupuesto del Estado. “Sus ideas requerían más de planes políticos”, afirma María Isabel Peña, directora del Instituto de Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela.
Entre esas propuestas estaban: abrir la puerta de Caracas a La Guaira, definir la ley de protección a la autopista como un preludio paisajístico; ordenar los edificios-puerta que puntualizan el acceso de Catia a la ciudad; incluir en la normativa una estrategia arquitectónica que rija el crecimiento de la ciudad y que permita la inclusión de tipologías: edificio-corredor, edificio-esquina, edificio-puente, edificio-patio; eliminar la fea escultura de Bolívar que remata al Parque Vargas; respaldar una campaña pública para tumbar el terminal de La Bandera y asumir la Autopista del Este con su potencial paisajístico como símbolo de la ciudad.
Otras ideas: utilizar la experiencia de El Silencio como el aporte más significativo de la condición caraqueña -el bloque horizontal y la manzana cerrada alrededor de un patio- que puede reproducirse en otros sectores de la ciudad (San Agustín del Norte, la avenida Casanova, Bello Monte,
La California o la Pastora); construir un edificio-torre o bastión con un pórtico de tres alturas a la entrada de la avenida Casanova cruce con Las Acacias y otro en Las Mercedes, donde está el CVA o el cierre temporal del Parque del Este para recuperar sus espacios y demoler la construcción del museo de Miranda.
Niño estaba triste porque veía el deterioro galopante de la ciudad, pero en esos momentos emergía el optimista que era: se maravillaba con su luz, la Universidad Central o la remodelación de El Calvario, con la que estaba satisfecho. “Él decía que Caracas era un caballo de buen porte pero desnutrido”, recuerda Peña. Las ideas de Niño pretendían recuperar el peso perdido de la ciudad.

30 de diciembre de 2010

Los fieles de CAP

Algo faltó en la misa que organizó Acción Democrática para recordar al ex presidente Carlos Andrés Pérez, fallecido a los 88 años, en Miami, el día de Navidad. No eran los familiares. Allí estaban, en el primer banco de la nave central de la iglesia La Chiquinquirá de La Florida, su esposa ante la ley, Blanca Rodríguez de Pérez, y sus hijas Marta y Carolina. No eran tampoco los políticos adecos y copeyanos que alguna vez fueron poderosos. A los lados y también en las primeras filas destacaban Oswaldo Álvarez Paz, Paulina Gamus, Hilarión Cardozo y Evangelina García Prince. Era esa una postal del país de la concordia, ese que hoy parece sepultado en las tinieblas.
Tampoco se ausentaron los colaboradores cercanos del ex mandatario. Un hombre alto y barba entrecana, vestido con guayabera, llamado Coromoto Rodríguez, repasaba toda su carrera como integrante de la seguridad presidencial. Había en sus palabras entrecortadas el tono agradecido de quien ha pasado toda una vida a la vera de una figura tan avasallante. Con su pajarita de pepitas coloreadas también estaba su médico de cabecera, Nelson Téllez, quien recordaba la célebre vitalidad de Pérez en sus campañas presidenciales, y cómo en 1988, antes de asumir su segunda presidencia, le había diagnosticado a su prominente paciente un problema coronario.
Todos ellos escuchaban compungidos el sermón de monseñor Francisco Javier Monterrey, quien pedía a Dios el perdón de los pecados que haya cometido Carlos Andrés Pérez “por su fragilidad humana”. No era el momento, decía el sacerdote, de proponer un juicio sobre el desempeño del dos veces presidente de Venezuela, porque sólo a Dios le correspondía esa tarea. El cura pasaba por alto el hecho cierto de que a Pérez ya lo han juzgado los hombres.
A falta de las figuras de la actual oposición -muchas de ellas viajaron a Miami para darle el pésame a la compañera de siempre de Pérez, Cecilia Matos, y a sus dos hijas –la misa, que empezó a las 10:00 am y terminó poco antes de las 11:00am- fue el tablado sobre el que se escenificaron las postales más clásicas del sentimiento adeco. Era la reunión de los compañeritos de la base.
Mientras los familiares abandonaban la Iglesia entre los saludos de los asistentes, María Nieves, enfermera jubilada del hospital Domingo Luciani, de 78 años, recorría los asientos vacíos con un vaso de plástico de la campaña presidencial de 1988, insólitamente preservado sobre una caja de cartón gris y dentro de un envase de plástico. La celebérrima calva de Pérez, el cabello negrísimo y una amplia sonrisa recordaban el magnetismo del entonces candidato y las promesas de reeditar las vacas gordas de su primer gobierno.
María Nieves trataba de convencer a dos compañeras para que marcharan el próximo 23 de enero. Sería, aseguraba, una caminata épica que evocaría los tiempos idos del partido blanco. Buscaba ese ánimo tan de bulto en las romerías blancas y que ayer, tal vez por la tristeza o la ausencia de los despojos del líder, escaseaba entre las figuras históricas del bipartidismo. “Yo empecé a cantar el himno, pero nadie me siguió”, le decía una dama a otra a las afueras de la iglesia. “¿Lo intentamos otra vez?”, preguntó una tercera que se sumó a la conversación.
Las tres comenzaron a cantar muy quedo la primera frase del emblemático himno. “Adelante a luchar milicianos...”. Nadie más se sumó al coro. Apenas la compañera Noemí Marcano se acercó al grupo. Llevaba sobre su blusa negra un carnet del Comité Nacional de Trabajadores con CAP firmado por Juan José Delpino y Antonio Ríos. Sus ojos parecían dos bolsas de agua a punto de romperse.

28 de diciembre de 2010

Una entrevista con Teodoro Petkoff

El lunes 27 de diciembre publiqué en El Mundo Economía y Negocios una entrevista con el editor de Tal Cual, Teodoro Petkoff. El espacio, siempre tirano, obligó a dejar algunas reflexiones en meros enunciados. Aquí va, pues, en su totalidad la nota.

El obligado receso que tomó Tal Cual por las vacaciones decembrinas no ha sumergido a Teodoro Petkoff enel relajado espíritu de la época. Al contrario, el director del diario no está de vacaciones y ha seguido de cerca las maratónicas sesiones de la Asamblea Nacional, cuya mayoría chavista aprobó un paquete de leyes que enuncian un cambio en el modo de concebir la propiedad, los poderes públicos y la libertad de expresión. Este es su análisis.
-¿Es este el momento más complicado que hemos vivido con Hugo Chávez?
- No sé si éste sea el momento más complicado que hemos vivido en los complicados 12 años de Hugo Chávez en la presidencia. Sin duda hay un giro táctico en su estrategia que ha acentuado todos los elementos que configuran un régimen dictatorial y peor aún, algunos de los elementos que configuran un régimen totalitario. Debo alertar que en estos 12 años he utilizado ambos términos –totalitario y dictatorial- con mucho cuidado y nunca se los he aplicado al Presidente. He preferido distinguir entre una dictadura y un régimen autoritario, autocrático y personalista como el actual. Ahora he decidido utilizar esos términos porque en las leyes que ha aprobado la Asamblea Nacional hay una acentuación de aquellos elementos que van del mero autoritarismo al ejercicio dictatorial del gobierno. No estamos viviendo una dictadura, sino que las leyes aprobadas ensanchan el control no sólo de los poderes públicos, que ya Chávez los tiene, sino de la sociedad como tal (deportes, cultura, medios, Fuerza Armada, ONG). Pero aún no estamos viviendo en esas condiciones. Pero también, como ocurre con Hugo Chávez, sus acciones son ambivalentes. Por un lado proyecta la imagen de un régimen todopoderoso, pero de otro lado profundiza el rechazo y la resistencia del país. Si miro hacia delante alcanzo a ver un grado mucho mayor de conflictividad y confrontación. El país va a reaccionar en contra de esa pretensión.
-¿Qué elementos de ese giro táctico descrito por usted pretenden controlar a la sociedad?
- En primer lugar, las leyes del Poder Popular, todo lo que tiene que ver con las juntas comunales, porque obviamente si estas leyes fueren viables -no son fáciles de implementar- y se desarrollara ese Poder Popular, se ampliaría el control del Gobierno y del Presidente sobre los sectores populares, a los cuales encuadra y regimenta. En segundo término, las leyes que constriñen la libertad de expresión, llegando a los extremos de controlar Internet, nos hablan de un objetivo indispensable para todo régimen totalitario. Alguna vez Fidel Castro le dijo a Chávez que con libertad de expresión no podría hacer lo que quisiera. Chávez ha llegado al punto en el cual necesita reducir a espacios insignificantes el ejercicio de la libertad de expresión. No creo que sea fácil, pero en cualquier caso ese es el espíritu de las leyes. En tercer lugar, la ley de Cooperación Internacional pretende liquidar a las organizaciones no gubernamentales, que han sido sumamente importantes en la denuncia de violaciones a los derechos humanos y a la Constitución. Son elementos que enuncian el control social. De la hegemonía comunicacional, que suponía la presencia de medios independientes, se pretende pasar ahora a la literal liquidación de medios independientes, especialmente los radioeléctricos.
-¿En qué momento Chávez cae en cuenta de que tiene que dar ese giro táctico? ¿Desde que Fidel Castro le dijo que no obtendría nada garantizando la total libertad de expresión?
- No lo sé, pero lo importante es en qué momento decidió aplicar ese consejo que le dio Fidel Castro, que se lo dio hace bastantes años, por cierto. Lo decidió cuando se dio cuenta de que había perdido el control absoluto de la Asamblea Nacional. El40% del Poder Legislativo va a estar en manos de la oposición, que es una presencia incómoda así el Gobierno tenga la mayoría en el Parlamento. Por mucho que se cambie el reglamento de Interior y de Debates, por más que logren otros cambios mediante triquiñuelas, la gente que está allí va a hablar y a expresarse. Por eso hablo de un punto de inflexión. En el futuro podremos hablar del mes de diciembre de 2010 como un antes y un después en el gobierno de Chávez.
-¿Por qué le cuesta tanto a la comunidad internacional ver en este giro táctico la búsqueda del control total de la sociedad?
- Hace algunos meses era posible formular la pregunta en esos términos, pero la verdad es que el prestigio internacional del Presidente está extremadamente erosionado. Chávez en América Latina está bailando en el ladrillito del Alba, especialmente de Bolivia y Nicaragua. No nos engañemos. Independientemente de lo que haga Rafael Correa dentro de Ecuador, el mandatario de ese país marca una distancia con Chávez. Él no actúa como un miembro pleno del ALBA; al contrario, a veces actúa a contrapelo de la voluntad de Chávez, especialmente por la reconciliación con Colombia. Luego está Cuba, con la peculiaridad de que mientras Chávez avanza en ese camino, Cuba se está devolviendo. En América Latina el prestigio que alguna vez tuvo Chávez, y que le hizo forjarsela idea de un liderazgo continental contra el imperio, se volvió agua de borrajas. Antes había una suerte de entusiasmo en el continente, donde iba era recibido por multitudes, y los gobiernos tenían una inclinación a ser más que corteses con él. Eso se acabó, salvo con las excepciones antes anotadas. Sólo le queda Brasil como relativo entorno indulgente. Lula le “mama gallo” a Chávez por un lado, pero por otro le pasa la mano, para de algún modo servirle de cierto aval internacional, entre otras cosas porque Lula fue el presidente de la gran burguesía brasileña de vocación imperial. Estoy seguro de que la próxima presidenta, Dilma Rousseff, tendrá la intención de aumentar esos $ 7.000 millones que están vendiendo a Venezuela. Aparte de eso no hay un solo gobierno de la región que lo respalde, ni siquiera el de Cristina Fernández de Kirchner, que sin su marido luce muy desprestigiada, o los países del Caribe angloparlante.
-Pero Argentina también lo ha apoyado
- Ese es un caso muy particular. Argentina sólo la entienden los argentinos. Pero por otro lado el proyecto del matrimonio Kirchner está prácticamente muerto. Cristina Fernández está a las puertas de una campaña electoral. Yo no veo claro que las pueda ganar con su marido fuera de la escena. Los países del Caribe angloparlante también están marcando unos matices, dos de cuyos países son miembros del ALBA.
-Hacía la pregunta en el siguiente sentido: el ex presidente Álvaro Uribe comentó en Twitter que mientras la democracia en Venezuela se erosionaba, la comunidad internacional guardaba silencio. Es la eterna tensión entre la legitimidad de origen y la legitimidad derivada del ejercicio de la presidencia. ¿No le cuesta a la comunidad internacional reconocer en ese giro táctico una reducción de los espacios democráticos?
- En eso sí tienes razón. Ningún gobierno de América Latina, con alguna excepción como la de Sebastián Piñera (Chile) o Alan García (Perú), va a asumir posturas críticas activas contra Hugo Chávez. Se limitarán a no tener actitudes favorables hacia él. Eso marca un cambio de humor respecto al Presidente de Venezuela. Ya ni la ultraizquierda europea, especialmente la francesa y la italiana, defienden a Chávez, lo han borrado de los periódicos. No están en contra, sino que decidieron ignorar ese fenómeno. El único gran partido de izquierdas en Europa que todavía mantiene una actitud ambigua con Chávez es el Psoe, que va rumbo a una derrota catastrófica en las próximas elecciones, debido, en parte, a esa alcahuetería.
-¿En ese cuadro crítico que pinta usted, cuánta incidencia tiene el modelo económico que Chávez ha intentado imponer?
- Tiene alguna influencia. Una de esas razones, y no la menos importante, tiene que ver con ese tema. Es un modelo estatizante, que no socialista, un modelo de absorción por parte delEstado de empresas industriales y comerciales. Eso, desde luego, ha generado una enorme aprensión en los emblemas de la pequeña propiedad familiar: eltaxista, elbusetero, la costurera, el que vive del alquiler de habitaciones... Es en los sectores populares donde se ha generado el descontento popular. Cuando Chávez declara en la entrega de apartamentos que la vivienda no es propiedad de quien la recibe, sino del Estado, le está diciendo a ese beneficiario que la vivienda no es un bien que se pueda legar ni vender. Esa persona siente que no es propietario de nada. Igual sucede con la ínfima parte de los campesinos que han recibido tierra para trabajar. En esos sectores, esta concepción estatista de la economía influye en la opinión que se tiene de él.
-¿Las políticas económicas chavistas acaso no han logrado disminuir la creencia de que no hay mayor beneficio para el crecimiento que acumular bienes?
- No sólo los venezolanos. Todos los seres humanos tienen en sus genes lo que pudiéramos llamar
la propensión a la propiedad, a ser propietarios de grandes empresas o de objetos domésticos.
-¿Le ha costadomucho a la izquierda borbónica –encarnada por Castro y Chávez- entender eso?
- Nunca lo entendió. El que no tenía nada se movía según la última línea del Manifiesto Comunista: “Trabajadores del mundo uníos. No tenéis nada que perder, excepto vuestras cadenas”. Resultó que el que no tenía nada que perder excepto sus cadenas, quería tener algo, y tropieza con un régimen que le dice que no puede tener nada más allá del cepillo de dientes. Esta propensión estatizante choca con la naturaleza humana. No en vano se esfondó el Comunismo y Cuba se ha transformado en una ruina política, económica, social y moral. Eso en cuanto a esa parte de la política económica de Chávez. Porque no sé si el resto se puede llamar como tal. Es la antipolítica económica que ha producido una inflación crónica que no ha logrado disminuir. Al contrario, en 2011 podría subir si el Presidente decide subir la alícuota del IVA, aprobar el Impuesto al Débito Bancario y devaluar la moneda. Hasta ahora tenemos una política macroeconómica inflacionaria. Esos elementos hacen que la gente, incluso sus partidarios, repiensen su relación con el Presidente.
-Cuando no pocos hablaban de que el Gobierno tenía intenciones totalitarias y que Venezuela se convertiría en una segunda Cuba, usted mantenía una postura no tan fatalista. Aunque el giro táctico es por el momento una declaración de intenciones, sus opiniones de hoy han terminado confirmando los peores temores respecto a las características de Chávez.
-Profetizar el pasado es una de las cosas más fáciles de hacer. A pesar de que estaba consciente del rumbo que llevaba, jamás definí a Chávez como lo que no era. En 1999 no podía decirse que éste era un régimen totalitario. Esto no es Cuba, ni la URSS. Pretende serlo, avanza hacia allá, pero de las definiciones derivan estrategias y políticas. Si en 1999 decías que en Venezuela había una dictadura, como se dijo, entonces valía todo, entre otras cosas un golpe de Estado. Y en esa época se le impuso a la oposición una estrategia golpista que fracasó y conllevó la eliminación de todo lo que le estorbaba a Chávez en Pdvsa o la Fuerza Armada. Posteriormente se impuso una agenda abstencionista para no convalidar esa “dictadura” y se le dejó al Gobierno la bandera de la legitimidad democrática y casi todas las gobernaciones, alcaldías y el Parlamento. De allí en adelante el proceso de desarrollo del régimen ha estado siempre apoyado en cimientos “legales”. Chávez no ha dado un solo paso que no esté apoyado por leyes aprobadas por una Asamblea Nacional legítima y legal. Imagínate tú una situación contraria en la que la oposición se hubiera plantado con una estrategia democrática. Una situación que hubiera bloqueado la tentación golpista, que desde el primer momento nació debido a lo fácil que era encender una mecha insurreccional. La situación de Venezuela sería muy distinta si desde el comienzo hubiéramos entendido la naturaleza del gobierno. Chávez no habría llegado más allá de 2006.

5 de mayo de 2008

La canción nunca pudo redimirlo

I
El pasado nunca dejó en paz a Carlos Rafael Fernández Griza, mejor conocido como Carlos Ezequiel o “Kraken”. El cantante del grupo de hip hop Santos Negros, que está asentado en la caraqueña barriada de Pinto Salinas, fue asesinado el pasado 20 de abril en la madrugada en el parque Los Caobos. Asistía junto a Rodrigo Javier Ibarra, alias el colombiano, a la celebración de la Semana de Caracas. Distintos tipos de música se escuchaban en las tarimas dispuestas por la Alcaldía Mayor en la arbolada extensión antes de que empezaran los tiros. A Ibarra también lo alcanzó la desgracia y falleció en el tiroteo.
Las primeras informaciones sobre el asesinato de “Carlos Ezequiel” daban cuenta de un horror conocido en las grandes bailantas de Caracas: llegan unos tipos empistolados, se abren paso entre la multitud y llenan de balazos al enemigo. Así ocurrió en el concierto del DJ Carl Cox en 2007. El guión se repitió esta vez, con la diferencia que una de las víctimas era representante de la emergente movida del Hip Hop en Venezuela, una subcultura que cada día tiene más adeptos en las zonas pobres del país. Tal vez por eso el crimen llamó más la atención.
En Estados Unidos los raperos dirimen a plomo sus diferencias. Está el caso de Tupac Shakur, un cantante de la costa este de Estados Unidos masacrado a disparos en Las Vegas en 1997. Aunque ese caso jamás fue aclarado por la policía, el periodismo supone que ese crimen se vincula con disputas relacionadas con la violenta naturaleza de esa subcultura. Los cantantes de la costa oeste estadounidense son enemigos de sus compatriotas de la costa este. Los raperos, además, suelen vejarse mutuamente con sus líricas. Shakur dijo en una canción que se había acostado con la mujer de The Notorius BIG. En el idioma del Hip Hop estadounidense cualquier ofensa semejante puede costar la vida.
No es el caso de Venezuela. “Aquí los grupos exponen sus rivalidades a través de las letras”, reconoce el productor musical Juan Carlos Echandía. “Aquí los raperos no se matan entre sí”, completa Piky, del núcleo endógeno cultural Tiuna El Fuerte. Aún no han importado esa futilidad.

II
La vida de algunos raperos suele estar vinculada al delito, pero muchas veces sucede, como ocurrió con Budú y Nigga, los famosos cantantes de la banda venezolana Tres Dueños, que al alcanzar la fama se convierten en hombres de bien. Nunca abandonan, eso sí, la estética pendenciera y malandra, porque es una marca que individualiza al exponente del Hip Hop. “Carlos Ezequiel” hizo varios intentos de integrarse a la sociedad, pero nunca dejó de ser un delincuente.
Eso piensa la subdelegación Simón Rodríguez del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, que está investigando el caso. La policía ha determinado que “Carlos Ezequiel” compartía su oficio como cantante con el tráfico de estupefacientes en la zona de los bloques de Pinto Salinas. Tenía un pacto de no agresión con la banda enemiga de Los Capri. También estaba solicitado por varias averiguaciones relacionadas con homicidios ocurridos hace dos y tres años. Hasta ahora se ha confirmado que participó en el asesinato de dos miembros de la familia del pelotero Jackson Mijares, que juega en la organización de los Mellizos de Minnesota. La policía estima que le sacaba provecho a la comercialización de drogas.
“Antes de ser rapero, “Carlos Ezequiel” tuvo su pasado de delincuente. Y lo que le pasó a él es una lección para los niños. El malandreo no es un juego. El que a hierro mata, a hierro termina”, afirmó alias “Piki”, coordinador del Núcleo Endógeno Cultural Tiuna El Fuerte”.

III
El envés de esta historia, no obstante, lo presenta como un hombre que pretendía evadir la tentación del delito a través de la música. A mediados de la década de los noventa, “Carlos Ezequiel” formó parte de un grupo de hip hop llamado Quinto Elemento. Vivía entonces, como sus compañeros de canto, en pobreza extrema y el poco dinero que podía devengar como artista no alcanzaba para vivir. “En el barrio era y es difícil sobrevivir. La necesidad lo obligó a delinquir”, afirmó un viejo amigo que prefiere omitir su identidad.
De esa banda también formaba parte Eliud José Suárez Tovar, alias “El Eliud”, con fama de criminal alevoso. A mediados de 2007, Eliud fue asesinado. De acuerdo con registros del Cicpc, había participado en 18 homicidios.
Como toda agrupación musical, Quinto Elemento tampoco escapó a los azares de la convivencia. Hacia 1997 la banda se separó por irreconciliables diferencias entre sus cinco miembros. “Eliud”, “Carlos Ezequiel” y “Harold”, tres de los cantantes, se olvidaron las música y prosiguieron la senda del delito. Según registros del Cicpc, antes de morir “Eliud” había participado en 23 homicidios.
En 2004 “Carlos Ezequiel” volvió a hacer música. Se unió con alias “El Karma” y fundaron la banda Santos Negros, gracias al estímulo de otros representantes de la cultura Hip Hop de Pinto Salinas. Y entonces sí vino una fama doméstica. Grabó un tema con alias “Requesón”, del grupo Guerrilla Seca y fungió de protagonista principal en un video artesanal colgado en la página You Tube. “Carlos Ezequiel” era moreno, muy moreno, y aparecía en la grabación vestido con una franela negra y una gorra. En su mano derecha enseñaba a la cámara una enorme pistola de cacha plateada. La canción, llamada Ultimátum, dice así: Pa’ los bocones / Pa’ los Chiguires / Tanto que hablan / no tienen chiste / Agarren buche / comemos chicle / matamos con un alto calibre.
“En Venezuela los exponentes del Hip Hop hablan de la pobreza y la muerte. Cada rapero que quiere erigirse como una leyenda dice que va a quebrar a sus enemigos. Ese es parte del discurso, pero también implica otras cosas: está, por ejemplo, la disputa entre quienes han alcanzado la fama y aquellos que aún siguen sumidos en el anonimato Yo creo que la búsqueda del hip hop, que es una música de liberación, debería encaminarse hacia algo constructivo”, reflexionó el productor musical Juan Carlos Echandía.
De manera que “Carlos Ezequiel” no sólo era conocido por sus actividades delictivas. Frente al bloque 3, donde vive alias “El Karma”, todos prefieren recordarlo como un cantante. Los vecinos hacen silencio sobre su muerte. Sólo “Piki”, el coordinador del colectivo Tiuna el Fuerte, un núcleo de desarrollo endógeno con sede en El Valle que apoyó la carrera de Santos Negros, lo evoca a cara destapada en esta hora luctuosa. “Yo lo conocí cuando estábamos haciendo un documental sobre el arte como herramienta de participación social. ‘Carlos Ezequiel’ tenía talento. Lo entusiasmamos para que siguiera cantando”.
El año pasado Tiuna El Fuerte organizó un evento en la peligrosa calle Capri donde se presentaron esta y otras bandas. El colectivo proporcionó sonido, tarima y mercadeó el evento. Los vecinos cocinaron sancochos para los asistentes. “Santos Negros era uno de los grupos más famosos de Pinto Salinas. Tenían invitaciones para Colombia y Brasil”, dice alias Piki. Esos planes quedaron sepultados, como el cadáver de “Carlos Ezequiel”.

10 de octubre de 2007

Las razones de un chavista

Voy a compartir con ustedes una derrota. Mejor dicho, compartiré con ustedes una certeza: pasarán muchos años antes de que Hugo Chávez deje el poder por las buenas. Desde hace unos días esa frase no me abandona. Cuando quiero dejarla atrás me toca el hombro y se materializa, como el más abominable de los espectros. Lo presentía al ver las encuestas en torno al liderazgo del Presidente y las inconsistencias de la oposición, llena de gente que cree que lo que nos pasa es una pesadilla. Pero desde hace unos días, decía, tengo la íntima convicción de que este gobierno va para largo.
Ocurrió en la bomba que está al lado del Concresa y frente al viejo centro comercial La Pirámide. Hay sitios que nunca mueren y La Pirámide parece ser uno de ellos. Cuando era pequeño iba por allí a cortarme el pelo en una barbería de niños. Al filo de los dieciocho saqué por primera vez mi certificado médico en un local con puertas de vidrio forradas en papel lustrillo. De resto no sé por qué sobrevive a la apertura de nuevos centros comerciales. La Pirámide es más bien feo, con una distribución que nunca he sabido entender. Debe ser que, pese a la escasez, el Central Madeirense que está allí todavía salva la vida de los vecinos.
El tipo que me abordó en la estación de servicio ubicada frente al centro comercial tenía una sonrisa radiante. El eterno cuento de siempre: "usted es el que sale en Aló Ciudadano los domingos", y yo, "sí, señor, a la orden", y él "dime una cosa, pana mío, es verdad que ustedes sólo pasan aquellas llamadas de la gente de la oposición", y yo, esbozando mi sonrisa de pasta dental, "no filtramos llamadas, pero el operador de audio está pendiente de cualquier palabrota que se le escape a un oyente".
Traté de llenar el tiempo con explicaciones técnicas mientras el bombero completaba el aire de las llantas. Estaba apurado y la puta lluvia que ahora caía no me permitiría avanzar más rápido por la Autopista del Este, que desde mi emplazamiento parecía el estacionamiento del Sambil en diciembre. Le dije al hombre que bajo ningún concepto permitiría insultos contra el presidente Hugo Chávez o alguno de mis compañeras del panel. El discurso fluía rápido como una caída de agua natural hasta que dije:
-Que quede claro que no quiero a Hugo Chávez.
-¿Y por qué no lo quiere? ¿Dime una cosa mala que haya hecho? -me retó el hombre.
-Me molesta de Chávez su autoritarismo, la intolerancia y que quiera hacer de Venezuela la tierra de los que piensan igual que él...
-Y eso qué importa -me atajó el hombre. Yo soy de San Sebastián de los Reyes, al sur de Aragua, y allí mi comandante mandó a construir un centro de salud más grande que el que había. Ahora hay mercaditos populares donde uno puede comprar. Es que los adecos y los copeyanos se olvidaron de la gente pobre, compadre.
-No niego ciertos logros del Gobierno con los programas asistenciales (misiones) y ciertas medidas que favorecen a la clase media. Pero Chávez siente un desprecio olímpico por las normas y los procedimientos -razoné con ese tono de analista político sorprendido por la tenaz resistencia de mi interlocutor.
-Aquí hay que acabar con la burocracia. Si el pueblo está contento al carajo los procedimientos.
Dos bomberos de la estación de servicio nos habían rodeado. Parecían estar en el ring side de un ensogado invisible. Todos asentían cuando mi interlocutor exponía sus argumentos. Traté de ensayar otra explicación, pero ninguno de ellos me quería escuchar. Cada uno completaba la frase del otro.
Me aparté del grupo con la seguridad de que la reforma se aprobará sin mayores trámites dentro de dos meses. Pensé entonces que aquel viejo eslogan de la campaña presidencial de 1983 -¡Jaime es como tu!- le va muy bien al chavista de a pie. ¡Hugo es como tú!. Lo que queda en evidencia, una vez más, es el corpus de preocupaciones de dos clases sociales. Mientras yo detesto a Chávez por razones más bien espirituales, él lo quiere porque le resolvió la vida. No le interesa que haya hipotecado al país. No le interesa que el precio del dólar se aproxime a la cima del Everest (dentro de pronto alcanzará la cota de los 8.800, como el pico más alto del mundo).
El bombero no había terminado de llenar de aire los cauchos de mi carro y aún le faltaba aspirar las alfombras. Dejé a esos tipos celebrando su íntima victoria. Crucé la avenida para cobrar un cheque en una oficina de la torre contigua al Centro Comercial La Pirámide. En la antesala me encontré a Tarek William Saab. Intercambiamos saludos y dándome una palmada en el hombro me dijo:
-Poeta, la oposición no nos gana en diciembre.
-Hoy es diciembre -le contesté.

7 de septiembre de 2007

Epaminondas Pérez

-Se llama Yotana
-¿Y esa vaina? -preguntó José, intrigado- ¿Tiene algo que ver con algún antepasado indígena?.
-Nada que ver. Siempre pensé que si tenía un varón le pondría Otan, por la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Pero como me nació una hembrita decidí ponerle Yotana. Es la misma cosa pero para la mujer.
Las veces que he contado esa anécdota -se la debo a mi amigo José Urriola- nadie quiere creérmela. Se ríen cinco minutos a mandíbula batiente, pero una vez que se calman me dan una palmadita por la espalda y me dicen mentiroso. En una ocasión recordé a Yotana en una cena en casa de una amiga argentina en Buenos Aires. Sus incrédulos viejos tampoco paraban de reir. La cena no me alcanzó para referirme a los nombres con que bautizan a los maracuchos.
Juro que eso es cierto, a menos que mi amigo José, que tiene una imaginación prodigiosa, la haya inventado en una noche de insomnio. Por fortuna una novia de la época lo refrendaba con una seriedad de tesis doctoral. Desde entonces, los nombres extraños de los niños venezolanos son parte de una secreta obsesión. Libreta en mano, ando a la caza de las evidencias como los detectives de las novelas de Hammet.
Ahora que el gobierno pretende limitar la creatividad de los padres a la hora de bautizar a sus hijos he vuelto a revisar la vieja libreta. Ahi tengo apuntado el nombre de Maikel Jordan Chacón. Era el hijo del motorizado que trabajaba en un canal donde alguna vez presté mis servicios. Y también tengo el de Diego Armando Maradona Aguero, el de Paolo Rossi Aguero y el de Ivanistelroy (un horrible homenaje que el cuñado de Juan Arango le hizo al goleador holandés del Real Madrid). ¡Ah, y cómo olvidar a Epaminondas!. Al principio pensaba que era el nombre científico de un reptil descubierto en la selva húmeda del sur de Venezuela. Hace dos días se lo pregunté a un diseñador amigo, que solía reirse conmigo cada vez que apelaba a mi libreta a la hora del almuerzo. Me dijo que Epaminondas Pérez era un tipo que él había conocido en Maracaibo hace muchos años. "Yo no podía parar de reir mientras le estrechaba la mano", recordó.
No me da verguenza confesarlo: el proyecto de ley de registro civil -que pretende regular los nombres extravagantes, cuya pronunciación en español sea imposible, o que expongan al ridículo a los niños- es la iniciativa más sensata que ha tenido el gobierno de Hugo Chávez. Por una vez en la vida aplaudo al proceso bolivariano. Me parece una exageración limitar el registro a una lista de sólo 100 nombres, pero por algo hay que empezar. Ya está bueno de que los Joineker, Yesaidu, Usnavy, Espaiderman o Anli (ojo, no confundir con el genial director de cine chino, porque en realidad es la mezcla de los nombres de Andres, su papá, y Lidis, su mamá) tengan que soportar toda una vida de joda.

31 de julio de 2007

El rito de iniciación intelectual


Hubiera querido escribir una nota como las que esta mañana aparecen en la pantalla del ordenador, pero mis conocimientos sobre la obra de Ingmar Bergman me dejarían en ridículo. He preferido, por tanto, colgar una nota de La Nación, de Buenos Aires, que ahonda en la contribución de este genio al cine.

Al enterarme de la noticia de su muerte me vino a la mente un instante feliz dentro de las salas oscuras. Fue el día en que vi por vez primera Fanny and Alexander (1982). Ocurrió, creo, en una retrospectiva que organizó la Cinemateca Nacional a mediados de los noventa. Andaba yo entonces con la idea de saldar lo más rápido posible los baches culturales que mi provinciana formación me legaron. Y ver a Bergman era todo un rito de iniciación intelectual. Comprenderlo era acaso una forma de supremacía sobre el espectador convencional.

Cuando culminó la proyección entendí que después de toda historia de amor siempre sobreviene la tragedia. Años después vi Unfaithful una hermosa pélícula dirigida por Liv Ullman, una de sus esposas, que es un homenaje al talento desmedido de este creador que hoy no está entre nosotros. De la sala salí con la certeza de cuán vulnerable a las pasiones somos los seres humanos Y todo esto lo sentí no porque Bergman, o Ullman, lo hubiera dicho a través de las voces de sus actores, sino en virtud de una puesta en escena minimalista, en la que están de más los artificios de la palabra. Vaya legado el que nos deja. Nadie como él para expresarlo todo con la mirada y los gestos.

Y aquí, finalmente, la nota:


Escenas de la vida de un genio

No sabremos si la muerte habrá tenido para él, como la imaginó más de una vez, el empolvado rostro de un payaso: aquel de mirada obscena y risa maliciosa que acosaba a Carl, el pobre tío inventor entre cuyos papeles encontró la inspiración para En presencia de un payaso (1997), o aquel otro, blanco y sin secretos, que conversaba mientras jugaba al ajedrez en El séptimo sello y había sido –como él mismo admitió– “el primer paso en la victoriosa lucha contra el miedo a la muerte”. La obra de Ingmar Bergman, al fin, conformó una única y dilatada película que era como un eco de su propia vida y sus propias angustias, un interminable interrogante sobre el sentido de la existencia, la muerte, el amor y la fe. Y también sobre la fascinación irresistible de la ficción, del arte como la tabla de salvación a la cual aferrarse como al espejismo que distrae y consuela y quizás hace posible elevarse cuando la muerte asedia y la única sensación que se percibe es la del hundimiento.

La ficción del cine o la del teatro –por donde empezó su trayectoria impar– eran su modo de combatir el caos, de organizar el desorden. En ese afán, este gran inquisidor del alma humana puso cada vez más sus propias experiencias bajo el microscopio en una progresiva profundización de los grandes temas existenciales. Así, hizo del cine un espacio para la meditación filosófica y echó luz sobre la tragedia de la condición humana. No extraña que él solo ocupe uno de los capítulos más trascendentales de la historia del arte contemporáneo: su obra impuso al mundo una nueva forma de aproximarse al fenómeno cinematográfico.

Sobre Ingmar Bergman se ha escrito todo, o casi todo. Se ha escudriñado en su biografía en busca de señales que explicaran el secreto de su genio; se lo interrogó –la mayor parte de las veces, en vano– esperando recibir, encerrados en los estrechos límites de las palabras, los sentimientos e intuiciones del mundo y de los hombres que él fue atrapando y traduciendo en imágenes durante casi toda una vida; se le destinaron los elogios más justos y los más ampulosos; sus películas, sus piezas teatrales, sus declaraciones periodísticas, sus puestas en escena, sus libros fueron desmenuzados hasta el descuartizamiento. Poco puede añadirse en estas pocas líneas de despedida.

Habrá que repetir que ninguno de los grandes temas de la existencia le fue ajeno: de la vulnerabilidad del ser humano y su incapacidad para alcanzar los propios objetivos a las inestabilidades de la relación amorosa, del desasosiego y el temor ante el silencio de Dios a la soledad del individuo y la hipocresía que suele contaminar la relación con el prójimo. Y habrá que recordar datos sustanciales de su biografía: su nacimiento en Upsala, en 1918; su condición de hijo de un severo pastor luterano cuyo rígido código moral no admitía contravención alguna; su descubrimiento de las marionetas, origen de su fascinación por el teatro y en general por todo el arte de la representación; el famoso episodio doméstico de la Navidad de 1928, cuando un canje de regalos con su hermano mayor Dag le puso en las manos por primera vez un proyector de cine; sus primeras experiencias de espectador. También las primeras manifestaciones de esos demonios interiores que colmaron su infancia de pesadillas y arranques irracionales y que serían el antecedente de tantos desarreglos físicos y psíquicos padecidos en la vida adulta.

De estos demonios, de aquella fascinación y de la férrea disciplina paterna, que lo llevó a la rebelión pero también marcó su modo de afrontar cada responsabilidad, se alimentó su obra, una única y extensa película que Bergman fue cincelando laboriosamente al tiempo que ganaba reconocimiento prácticamente unánime como gran artista -para muchos, el más grande- del cine contemporáneo.


El alquimista

Curiosa alquimia la que dio como resultado la sólida construcción bergmaniana. Los conflictos vividos en carne propia, la desesperada búsqueda de Dios, el miedo a la muerte, los duelos, los sinsabores afectivos le dieron el material para imaginar otras vidas más intensas que la real. La rigurosa disciplina que lo maltrató en la infancia le sirvió para controlar el tumulto interior y devolverlo transfigurado en emociones artísticas. Y el territorio donde pudo dar rienda suelta a su desolación, su escepticismo o su fe fue el de la fantasía, aquel mundo poético que había conocido llevado por las marionetas y que lo pondría después cara a cara con los films de Victor Sjöstrom y los dramas de August Strindberg.

Entró en el cine como guionista de Alf Sjöberg y Gustav Molander antes de debutar como director con Crisis (1945). A esa primera serie de films en los que desfilan, nada casualmente, padres y profesores autoritarios, castigos, soledades y humillaciones pertenecen Prisión , La sed , Hacia la felicidad , Juventud, divino tesoro . Aquí, Un verano con Mónica fue, en 1953, su primer gran éxito. Su nombre ya empezaba a ser tan familiar como las audacias del cine sueco. (Fue en una muestra realizada en 1952 en Punta del Este donde el cineasta ganó su primer reconocimiento internacional.)

Después, la crisis se tornó metafísica y se tradujo en obras admirables: El séptimo sello , La fuente de la doncella , Cuando huye el día , Detrás de un vidrio oscuro , El silencio .

Otro tema fue el artista, la máscara, la mentira - Noche de circo , El rito , Persona- ; otro más, el universo femenino - Secretos de mujeres , Tres almas desnudas , Gritos y susurros- . Imposible reseñar una obra tan vasta, tan compleja y tan rica como ésta, que va de la travesura escéptica de Sonrisas de una noche de verano a la sabia reconciliación con la vida de Fanny y Alexander y al formidable ciclo sobre la vida en pareja que cerró en su obra final: Saraband .

Esos títulos son la mejor prueba de la grandeza de su autor, un creador genial que hasta tuvo conciencia, autocrítica y valor para decidir el momento de su silencio. Son también testimonio de su triunfo final sobre la muerte y el olvido. Seguirán siéndolo.


Fernando López
La Nación


PD: acabo de enterarme de la muerte de Michelangelo Antonioni. Tenía 94 años. Se va otro grande